Son múltiples las razones por las que algunos niños roban, sin embargo, es de suma importancia que, de identificar esta conducta en los hijos, se maneje de la forma adecuada y se les explique las consecuencias que tiene el robar, según expertos entrevistados por Es Mental.

Cuando los hijos roban puede ser preocupante, pero es importante recordar que este comportamiento es relativamente común en el desarrollo infantil y se puede trabajar efectivamente si los padres actúan correctamente, explicó el Dr. Andrés Cruz Santos, psicólogo escolar.

“Mientras más adulto eres, más moral creas, así como capacidad cognitiva”, dijo al explicar que el robo puede ser por curiosidad y experimentación.

Por su parte, la Dra. Keyla Rivera Rodríguez, consejera psicológica, también opinó que hay distintos factores asociados.

Primero, hay que entender que la conducta puede venir por un pensamiento o un impulso. Segundo, es importante tomar en consideración su etapa de desarrollo, dijo Rivera Rodríguez.

Según la consejera psicológica, en los niños de dos a siete años, el pensamiento, según la comunidad científica, no está tan elaborado, y es considerado “mágico”. Actúa por recompensa o castigo. De los siete a los 12 años, ya existe un pensamiento más concreto, aunque aún se les hace difícil entender las consecuencias o el daño a los otros. Hay que estar pendiente de los modelos que tienen en su entorno, porque en esta etapa empiezan el aprendizaje vicario y empiezan a conocer a través de la observación de otros. A partir de los 12 años, los menores sí entienden el impacto y las consecuencias de sus conductas, de no tener un reto cognitivo, subrayó Rivera Rodríguez. 

Razones por las que roban

Por ende, la razón por la que un menor roba puede variar según su capacidad cognitiva, edad y entorno, precisó Rivera Rodríguez.

Los niños pequeños puede que no entiendan las normas sociales sobre lo que es la propiedad privada, mencionó Cruz Santos. Algunos niños pueden robar como manera de lidiar con sentimientos de envidia o inferioridad, si sienten que no pueden adquirir las cosas por falta de recursos, por búsqueda de atención, si se sienten ignorados, presión de grupo, como forma de aceptación social, problemas emocionales o familiares, entre otras razones. También la falta de habilidades de afrontamiento, agregó.

Según Cruz Santos, en estas circunstancias es indispensable enseñar la importancia de la propiedad privada, aspecto que requiere más capacidad intelectual. Se puede hacer a través de ejemplos cotidianos y la imitación. Es importante establecer las consecuencias de robar, siendo apropiados según la etapa de desarrollo del niño. Hay que enseñarle a los menores cómo manejar la presión de grupo, asegurarse de que esté en un entorno seguro y que se le explique que robar no está bien. 

También, pueden ejercerlo por generosidad; es decir, querer hacer un regalo, según Dona Matthews Ph.D., experta en dinámicas familiares quien también mencionó la tentación, prueba de límites, venganza, independencia y derecho, como posibles motivos. 

De acuerdo con la Escuela de Medicina de John Hopkins, se puede tratar de baja autoestima o no tener amistades y querer “comprarlas”. Incluso pueden intentarlo para ver si son buenos en el robo y sentirse orgullosos de algo que han hecho si no reciben comentarios positivos de sus padres.

Cómo manejar la situación adecuadamente

Muchos padres son muy duros con sus niños antes de explicarles”, opinó Cruz Santos al explicar que lo más importante es identificar la intención del menor, entender por qué está robando.

Rivera Rodríguez, también catedrática auxiliar de la Universidad Albizu y supervisora de la clínica comunitaria de la institución, subrayó que identificar las justificaciones, se trata de observar cómo reacciona. “Si identifica que lo tomó sin permiso y le hace el acercamiento, pero lo niega, el menor sabe que está mal. Mientras, si se le hace el acercamiento, pero contesta ‘Ah no sabía que no lo podía coger’, ‘Pensaba que era mío’, entre otras reacciones, es evidente que el menor no sabe que es incorrecto”, ejemplificó. 

Hay que hablarles, coincidieron ambos expertos al indicar la importancia de comunicar antes de castigar. “Si les dicen que el objeto es de un amigo, hablen con el amigo o la escuela para tener más información. Sin embargo, es indispensable hablar con el menor antes de tomar acción”, insistió Rivera Rodríguez.

“Hay que tomarlo con serenidad. Es algo preocupante, pero debe de ocupar más de preocupar”, sugirió la consejera psicológica. Se le debe de orientar al menor sobre los actos y las consecuencias, cómo puede afectar a los demás, construir ese sentimiento de empatía, compartió. 

Más aún, la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente presentó distintas opciones, aparte de expresarle al niño que robar está mal, pueden ayudarle al joven a pagar o devolver el objeto robado, asegurarse de que el niño no se beneficia del robo de ninguna manera, evitar dar conferencias, predecir el mal comportamiento futuro, o decir que ahora consideran que el niño es un ladrón o una mala persona, y dejar claro que este comportamiento es totalmente inaceptable dentro de la tradición familiar y la comunidad. 

Si se le quitan privilegios, pero el comportamiento continúa, hay que hablar con un profesional para trabajar la conducta desde una perspectiva más planificada y con el conocimiento de teóricos, propuso Rivera Rodríguez.