Es un proceso cognitivo y emocional que puede ayudar a que una persona interprete sus problemas según la perspectiva que los mira, en lugar de verlos como absolutos. Así funciona el relativizar, desde la psicología, coinciden especialistas de la salud mental.

Todo individuo se enfrenta a situaciones en su día a día; sin embargo, cuando estas se acumulan podría parecer que no hay salida. Por eso, técnicas de reestructuración cognitiva juegan un rol clave a la hora de interpretar los problemas, para así aprender a tomar distancia y observarlos de forma objetiva. 

De acuerdo con la doctora Michelle Rodríguez, con especialidad en consejería psicológica, relativizar no implica restarle importancia a lo que se siente. Se debe relativizar la situación; no las emociones, sentimientos o sensaciones que se puedan generar.  

Las emociones son válidas y merecen ser reconocidas, escuchadas y sostenidas. Lo que sí significa es no dejarnos llevar únicamente por lo que sentimos, si no analizar la situación desde una perspectiva lógica, racional y sabía”, explicó la doctora. 

No obstante, experiencias pasadas, creencias rígidas, patrones de pensamiento y las emociones influyen en la interpretación absoluta de lo que le sucede a un individuo.

Es valorar de una manera diferente aquello que está sucediendo para disminuir la intensidad emocional y soltar lo que no aporta de forma positiva, planteó la licenciada Ivonne Torres, psicóloga, quien, además, reiteró que no se trata de negar una realidad, sino entender que las circunstancias varían según el contexto. 

Relativizar ayuda a regular emociones que surgen a partir de pensamientos intrusivos, favoreciendo la salud mental y dando paso a una mayor satisfacción por la vida y el ser resilientes”, describió Torres.

Y es que, cuando aparece la ansiedad o el estrés en el cerebro, se dificulta el procesamiento cognitivo de manera racional. En estos estados, describió Rodríguez, la mente envía señales de alerta ante situaciones que interpreta como amenazantes o peligrosas (lo se conoce como el flight or fight response), favoreciendo los pensamientos rígidos, irracionales y extremos. 

Por mucho tiempo, la literatura científica ha confirmado los efectos directos, entre los que destacan la dificultad para enfocarse, regular las emociones y sobre todo tomar decisiones. A su vez, el estrés crónico está relacionado con trastornos del sueño, impactando la corteza prefrontal, que planifica, controla impulsos y evalúa consecuencias, amígdalas, que influye en decisiones rápidas y el hipocampo, con influencia directa en las decisiones y el aprendizaje de errores pasados.

La dificultad para relativizar también se asocia con ansiedad, depresión y otras psicopatologías, mencionó Torres. La razón detrás que las emociones no reguladas tienden a intensificarse. 

“Cuando una persona no logra hacerlo y se queda atrapada en una sola perspectiva, pueden aparecer mayores secuelas emocionales”, sostuvo. 

Desde una mirada humanizante, dijo, relativizar implica cambiar la relación que se tiene con las emociones propias, no negar su legitimidad. Reconocer, por ejemplo, que lo que siente es real y válido, pero no interpretarlo como verdad absoluta o algo que define a una persona. 

“La emoción existe, pero no controla toda mi realidad”, agregó. 

Para ejemplificar, propuso el imaginar que se recibe una mala noticia, que provoca diversas emociones. Tras esto, se debe reconocer qué duele o cómo hace sentir esto. Si se trata de evitar la emoción o rechazarla, el malestar aumenta. Mientras que, si se valida lo que se experimenta, la relación con la emoción cambia, ya que validar no es rendirse ante ella, sino reconocerla para que su intensidad disminuya. 

Cómo relativizar en el día a día

¿Cómo se puede ver el relativizar en la cotidianidad? Explicó que en la vida real, el primer paso es pausar. “En la crisis no se trata de buscar soluciones inmediatas, sino detenerse, respirar y reconocer la emoción”, dijo.

“Luego, es importante enfocarse en el momento presente, ya que la ansiedad suele llevarnos al futuro, a escenarios que no necesariamente ocurrirán”, continuó. 

“Se pueden utilizar ejercicios de respiración profunda, meditación o grounding, activando los cinco sentidos para centrarnos en el ahora”, recomendó.

Por su parte, Rodríguez aconsejó poner en práctica la identificación de los pensamientos automáticos y, además, cuestionar su validez.

“Imagina que estás en un juicio y tienes que poner a prueba el pensamiento. Dentro de esto recomiendo dos técnicas que ayudan a tomar distancia del pensamiento; la primera escribirlos en un papel y la segunda visualizar como espectador a distancia, como viendo una película en el cine”, invitó a realizarlo. 

De igual forma, diferenciar hechos de interpretaciones u opiniones, poniendo como  enfoque la evidencia objetiva. 

Finalmente, promover la flexibilidad cognitiva y el no reprimir. Más bien, buscar validar las emociones, sin dejar que dirijan la conducta.