Cuando un paciente de salud mental acude a un hospital para atender una dolencia física, conseguir tratamiento para esa otra enfermedad puede ser un reto. En algunos casos, pacientes que necesitan atención médica por una condición física enfrentan dificultades para ser admitidos, evaluados o tratados en hospitales generales debido a su diagnóstico psiquiátrico o las necesidades particulares que este implica. 

Pero la situación también puede darse a la inversa: pacientes con una condición psiquiátrica que necesitan atención especializada pueden no ser admitidos en una institución de salud mental porque padecen condiciones crónicas o físicas que requieren otro nivel de cuidado médico. La falta de personal especializado, recursos y protocolos para manejar simultáneamente ambas condiciones, así como la ausencia de niveles de atención diseñados para estos pacientes, puede contribuir a que queden atrapados en un vacío entre los servicios médicos y de salud mental que necesitan atender.

“A pesar de que a nivel sociodemográfico hay una población creciendo (de adultos mayores), hay mayor prevalencia de ciertas condiciones, no necesariamente los servicios que reconoce la Ley 408 (Ley de Salud Mental de Puerto Rico)”, comentó el licenciado Luis Meléndez Cintrón, administrador del Hospital Menonita CIMA.

Datos del Departamento de Salud advierten que, para el 2024, el 52% de las personas adultas tenían, al menos, una enfermedad crónica, siendo las de mayor prevalencia: artritis, depresión, diabetes, asma, condiciones cardiovasculares, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, enfermedad renal y accidente cerebrovascular.

A la misma vez, las condiciones de salud mental son frecuentes entre las personas que reciben atención en hospitales generales. Un estudio realizado en hospitales de la región sur de Puerto Rico entre 2015 y 2019, que evaluó a 5,494 pacientes médicos y quirúrgicos, encontró que el 53% recibió un diagnóstico de algún trastorno mental durante su hospitalización. Entre las condiciones identificadas estuvieron los trastornos depresivos, neurocognitivos y de ansiedad, además de los relacionados con el uso de sustancias y los del espectro de la esquizofrenia.

Mientras, otro estudio informa que un programa de servicios de psicología clínica integrado al Hospital Damas, en Ponce, realizó 13,580 evaluaciones de pacientes hospitalizados entre 2002 y 2010 y encontró que el 61% de los pacientes evaluados cumplía con los criterios para al menos un trastorno de salud mental. Los investigadores señalaron entonces la importancia de integrar los servicios de salud mental a los hospitales generales, práctica que describieron como poco habitual en Puerto Rico para ese momento.

“Hay pacientes de salud mental con condiciones agudas crónicas físicas que los hacen inelegibles en un hospital psiquiátrico”, comentó Meléndez Cintrón. Entre estos casos, mencionó los pacientes que requieran tratamiento en una unidad de cuidado intensivo o aquellos que están en tratamiento de diálisis, entre otros escenarios de cuidado. Según datos del Consejo Renal de Puerto Rico, se estima que hay unos 6,500 pacientes en tratamiento de diálisis en la isla. También en un limbo, dijo, quedan muchas veces pacientes con algunos tipos de demencia y otras vulnerabilidades, como aquellos que no caminan o deambulan, entre otros escenarios clínicos de fragilidad.

De acuerdo con el experto en salud pública, en otras jurisdicciones existe lo que se conoce como unidades médico psiquiátricas o una sección especializada dentro de un hospital, donde se tratan al mismo tiempo problemas de salud física y trastornos mentales.

En Puerto Rico, informó, el Hospital General Menonita, en Aibonito, es el único que cuenta con la primera Unidad Dual en Puerto Rico para la atención simultánea de pacientes con condiciones físicas inestables y salud mental exacerbada.

No obstante, comentó, por la ausencia de “medical psychiatric units” tipo 3 en la isla se dificulta la hospitalización de pacientes en diálisis en hospitales psiquiátricos, particularmente. Estas son unidades altamente especializadas diseñadas para tratar a pacientes con una gravedad psiquiátrica de moderada a alta combinada con una complejidad médica moderada. Según un estudio publicado en la biblioteca de los Institutos Nacionales de la Salud, estas unidades atienden a personas que, por la combinación de sus síntomas, no pueden ser manejadas en una sala médica común (donde alterarían el orden o estarían en riesgo de fuga) ni en un hospital psiquiátrico (donde no hay equipamiento para sus dolencias físicas).

Meléndez Cintrón advirtió que se solicitó una enmienda al Proyecto de la Cámara 1007, que propone enmendar la Ley 408, para que en Puerto Rico se reconozca oficialmente este nivel de cuidado y se aseguren así los debidos reembolsos por los servicios que se ofrecen bajo esta estructura. Esta medida ya fue aprobada en la Cámara de Representantes y se encuentra pendiente en el Senado.

Mientras tanto, señaló, la facturación de estos casos suele ser denegada por las compañías de seguros, tanto a nivel de salud mental como física, por lo cual muchos de estos pacientes suelen quedarse en las salas de emergencia de los hospitales, no admitidos.

En busca de avenidas de tratamiento, dijo, el Sistema de Salud Menonita logró en el 2023 una subvención federal para implementar el programa “Cero Suicidio”, el cual busca la identificación temprana de estos casos para abordarlos con un enfoque multidisciplinario, con su debido seguimiento con un psiquiatra, entre otros profesionales de la salud mental. No obstante, advirtió que los fondos federales otorgados a través de la Administración de Servicios de Abuso de Sustancias y Salud Mental de Estados Unidos (Samhsa) cubrirán esta iniciativa hasta el 2028.

“Esto sigue siendo un asunto de falta de servicios de los niveles adecuados para atender a esta población. Es un problema de Puerto Rico”, concluyó.