Los casos de ansiedad y depresión van en aumento, tendencia sostenida marcada aún más por unos picos asociados a eventos específicos. Psicólogos y psiquiatras del patio coinciden en que están atendiendo más pacientes, demanda que no da señales de disminuir. El alza, aseguran, responde a un patrón global.
Sin embargo, los expertos en salud mental consultados advierten que el contexto local ha intensificado el impacto. Factores como la inestabilidad económica, eventos traumáticos y tensiones sociales han contribuido a un deterioro progresivo del bienestar emocional. La acumulación de eventos ha creado un escenario crítico, con un aumento en casos que podría seguir acelerándose, según anticipan.
“En términos generales, sí podemos afirmar que en las últimas dos décadas ha habido un aumento importante en los problemas de salud mental, y ese aumento está documentado tanto a nivel global como en Puerto Rico. No se trata de una sola causa ni de una “epidemia” explicable únicamente por factores individuales; responde a la convergencia de crisis sociales, económicas, sanitarias, ambientales y relacionales”, aseguró la doctora Alice Pérez Fernández.
Como ejemplo, la psicóloga mencionó que, en Estados Unidos, entre el 2019 y el 2022, aumentó significativamente la proporción de adultos con síntomas de ansiedad y depresión. Los síntomas de ansiedad subieron de 15.6% a 18.2% y los de depresión de 18.5% a 21.4%. Además, en el 2022 el 23.1% de los adultos reportaron alguna enfermedad mental en el último año y el 6.0% registró enfermedad mental seria.
“A nivel regional, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha señalado que en las Américas viven una crisis creciente de salud mental, con más de 160 millones de personas con un trastorno mental y con un aumento sostenido del suicidio en la región desde el año 2000”, sostuvo Pérez Fernández.
De acuerdo con la psicóloga, ese aumento también está documentado en Puerto Rico, aunque comentó que por la forma en que se recogen los datos pudiera haber un subregistro.
“Un estudio epidemiológico de necesidades de salud mental en adultos (de Puerto Rico) encontró que 7.3% de las personas adultas de 18 a 64 años cumplían criterios de enfermedad mental seria; 5.9% presentaban trastornos serios de ansiedad y 4.3% trastornos serios del estado de ánimo, siendo el trastorno depresivo mayor el más frecuente con 4.1%. Ese mismo estudio estimó que 36.1% de las personas adultas con enfermedad mental seria no habían recibido servicios especializados en los 12 meses previos”, dijo.
Estos datos provienen de un estudio epidemiológico que se realizó en el 2017 para la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (Assmca) que reveló que 165,497 personas padecían entonces de condiciones mentales severas, situación que amenazaba con empeorar debido a la situación económica del país.
Pérez Fernández añadió que otro análisis comparativo identificó que la prevalencia global de trastornos psiquiátricos en puertorriqueños residentes en la isla fue de 22.5%, cifra similar a la de Estados Unidos, estimada en 20.7%, aunque con diferencias en los perfiles diagnósticos y en los contextos de riesgo.
“En otras palabras, el problema no es abstracto ni anecdótico: Puerto Rico tiene evidencia propia de una carga importante de malestar y trastorno mental”, reiteró.
Clave el entorno social
A nivel de adolescentes, los datos son preocupantes, lamentó. Datos de la Consulta Juvenil XII, encuesta que realiza la Assmca anualmente entre estudiantes de escuelas públicas y privadas del país, concluyó que, entre el 2022 y 2024 el 30% de los alumnos de séptimo a duodécimo grado presentaron síntomas moderados a severos de ansiedad y 17.2% síntomas moderados a severos de depresión. La misma data reveló que 23.4% y 9.9% de los estudiantes de sexto grado presentaron síntomas moderados a severos de ansiedad y depresión, respectivamente.
“Estos datos son especialmente importantes porque muestran que el malestar emocional está apareciendo temprano en la vida y porque las niñas reportaron prevalencias más altas en ansiedad y depresión”, señaló.
En cuanto a suicidios, advirtió que según datos del Departamento de Salud la tasa ajustada es de 8.1 por 100,000 habitantes, con 85% de las muertes ocurriendo en hombres. Según el registro de estos casos, desde el año 2000 más de 6,700 personas han muerto por suicidio en Puerto Rico. En Estados Unidos, dijo, la tasa fue de 14.2 y 14.1, por 100,000 habitantes, para los años 2022 y 2023, respectivamente. Advirtió que la OMS ha informado que la región de las Américas es la única donde estas tasas han ido en aumento en los últimos 26 años.
“La pregunta más importante quizá no es solo ¿por qué hay más casos?, sino ¿por qué tantas personas están viviendo bajo condiciones que deterioran su salud mental? Desde la psicología y los derechos humanos, la respuesta es clara: la salud mental está profundamente determinada por el entorno social”, sostuvo.
Según la psicóloga clínica, tanto la OMS como la literatura científica identifican como determinantes centrales la pobreza, la desigualdad, la violencia, la discriminación, la inseguridad económica, el desempleo, la migración forzada, el desarraigo, el acceso insuficiente a vivienda, educación y servicios, así como la exposición a eventos traumáticos y desastres.
“En Puerto Rico, estos factores se han acumulado: años de recesión, austeridad, deuda pública, desplazamiento poblacional, huracanes, terremotos, pandemia, apagones persistentes y precariedad en servicios esenciales. De hecho, la Comisión de Prevención del Suicidio reconoce que en años recientes Puerto Rico ha atravesado una sucesión de crisis mayores, y la OPS ha advertido que la pandemia empeoró condiciones preexistentes, con aumentos estimados de 35% en depresión y 32% en ansiedad en América Latina y el Caribe en 2020”, expresó.
Por otra parte, advirtió que es importante validar que el aumento responde a una mejor detección, menor estigma y mayor visibilidad del tema.
“Hoy se habla más, se identifica más y se busca ayuda más que antes. Pero sería un error reducir todo a eso. Los datos muestran un aumento real del sufrimiento psicológico, especialmente en jóvenes, mujeres, personas empobrecidas y grupos expuestos a discriminación o violencia”, dijo.
Mientras, advirtió, en Estados Unidos los síntomas de ansiedad y depresión son mayores entre personas con menos ingresos y menor nivel educativo. En América Latina y el Caribe, agregó, persiste una brecha de tratamiento superior a 77.9%, lo que implica que más de tres de cada cuatro personas con trastornos mentales no reciben atención.
“Ese dato es crucial desde una perspectiva de derechos humanos: no basta con reconocer el problema; hay que garantizar acceso real, oportuno, digno y culturalmente pertinente a servicios de salud mental”, puntualizó.
En general, subrayó, en los últimos 20 años se ha documentado un aumento en los problemas de salud mental a nivel mundial. Y Puerto Rico no es la excepción.
“La evidencia apunta a una interacción entre trauma acumulativo, desigualdad social, violencia, eventos colectivos adversos, barreras de acceso a servicios y cambios culturales que han hecho más visible el sufrimiento. Desde una mirada de derechos humanos, la salud mental no puede abordarse solo en el consultorio; tiene que atenderse también en la política pública, en la escuela, en el trabajo, en la comunidad y en las condiciones materiales de vida. Hablar de salud mental hoy en Puerto Rico es hablar también de justicia social, protección, dignidad y equidad”, enfatizó.
Alto nivel de ansiedad
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de mil millones de personas tienen una condición de salud mental, lo que se define como “un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todo su potencial, aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a su comunidad”.
Una encuesta realizada por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) en diciembre de 2025 entre 2,208 adultos encontró un alto nivel de ansiedad, principalmente por sus finanzas personales (59%), la incertidumbre sobre el próximo año (53%) y los acontecimientos actuales (49%), seguido por preocupaciones asociadas a la salud física y mental.
“Las razones son multifactoriales. Entre ellas, ahora vivimos más tiempo, entonces aumenta la posibilidad de acumular más trastornos de salud mental que pudieran estar asociados con pérdidas, separaciones y soledad”, comentó el doctor Julio Jiménez Chávez.
El psiquiatra coincidió en que más herramientas de evaluación y cernimiento ayudan a facilitar la detección de casos, a la vez que señaló que ha habido un aumento en la conciencia y trascendencia de estas condiciones, mucho más de la que había hace unos 20 años.
“Todavía hay que trabajar más, pero hay menos estigma y más personas buscando servicio. Eso provoca un aumento en el registro de casos”, dijo el también director del Instituto para la Capacitación Comunitaria de la Ponce Health Sciences University.
Explicó que el Estudio de la Carga Global de Enfermedades, entre otros parámetros, mide las tasas de pérdidas de años de vida con relación a patologías. Estos, indicó, reflejan un alza por problemas de salud mental, así como discapacidades relacionadas.
Estudios comunitarios de necesidad realizados en el suroeste del país, sostuvo, también registran un alza de condiciones de salud mental en esta parte del país. La situación de muchos adultos mayores cuidando adultos mayores, así como otros viviendo solos, se asocian a una alta prevalencia de depresión en esta población.
El huracán María en el 2017, los terremotos del 2020 y la pandemia de COVID-19 también generaron picos, un incremento en los casos de salud mental, dijo. Determinantes sociales como la violencia, las dificultades económicas y la pobreza también abonan a la situación, agregó Jiménez Chávez.
“En las tasas de suicidio afortunadamente ha habido una caída en los últimos 20 años, pero también vemos picos en situaciones de crisis”, comentó al advertir que el acceso a los servicios también es una parte fundamental en la ecuación.
No todos se hospitalizan
Un estudio sobre salud mental, realizado por la doctora Glorisa Canino en el 2016, estimó que el 18.7% de los adultos en Puerto Rico sufría de algún trastorno psiquiátrico. El doctor William Lugo Sánchez, director médico del Hospital San Juan Capestrano, advirtió que tal como se detectó entonces, las principales condiciones siguen siendo: ansiedad, depresión y uso de sustancias. En la facilidad hospitalaria donde labora, dijo, los principales diagnósticos son depresión, uso de sustancias y trastornos sicóticos. Los casos de ansiedad, señaló, no suelen hospitalizarse, pero su incidencia es alta.
La cantidad de ingresos hospitalarios varía, comentó al señalar que en días feriados o temporadas festivas la salud mental pasa un segundo plano, no se le da prioridad.
“Si un 18 a 20% padece de un trastorno de salud mental, usualmente se hospitalizan 5 a 10%. Hay más (casos) afuera (que no se admiten)”, dijo.
Entre las razones, mencionó barreras de acceso y estigma. También reconoció que, por dificultades con los planes médicos, muchos colegas solo aceptan pagos en efectivo como reembolso por sus servicios, lo que dificulta el acceso ya que no todo el mundo cuenta con el dinero suficiente para costearlos.
Citas tardías, advirtió, también provocan el deterioro de condiciones de salud mental al punto que muchos casos terminan hospitalizados, en lugar de poder ser atendidos a nivel ambulatorio.
Sobre la pandemia de COVID, el huracán María y los temblores que ocurrieron en el 2020 mencionó que, aunque su efecto directo ya pasó, todavía se sienten sus secuelas. Entre estas, señaló rezagos académicos, frustraciones y pobre control de impulsos. Además, indicó que síntomas de pánico y ansiedad no atendidos pueden generar otros trastornos más severos que pueden combinarse con otras condiciones de salud.
Datos más recientes sobre la salud mental del país se podrán ver próximamente, cuando se den a conocer los hallazgos de un estudio con datos del 2023 y 2024, dijo. Su teoría, anticipó, es que las condiciones de mayor prevalencia seguirán siendo ansiedad, depresión y uso de sustancias. El fácil acceso a drogas, en general, así como la medicalización del cannabis, dijo, generan una serie de consecuencias a la salud, que van desde psicosis y depresión hasta los efectos de retirada.




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