Los estilos de crianza pueden determinar cómo un niño o niña vive sus etapas de desarrollo, expresa sus emociones y experimenta las dinámicas de vínculos con sus pares. Por tanto, una crianza en la cual hay un padre, madre o cuidador con rasgos narcisistas puede tener consecuencias significativas a la salud emocional. 

Los rasgos narcisistas en un padre, madre o cuidador (que no es lo mismo a un diagnóstico clínico de trastorno de personalidad narcisista, pero hace referencia a una serie de conductas y comportamientos similares) expone a un niño y niña a vivir unas etapas de crecimiento en las que se emplea abuso de carácter emocional. 

Como consecuencia, estos niños pueden sentirse desprotegidos, inferiores, enfrentar problemas manejando sus emociones y buscar, constantemente, la validación externa.

Un niño que crece en el seno de una familia en la que uno de los progenitores tiene rasgos narcisistas (que van desde la falta de empatía y la superioridad, hasta conductas autodespreciativas) no va a tener la posibilidad de autodescubrimiento, pues está constantemente bajo la amenaza de que puede ser abandonado, explicó la doctora Adeline Serrano Lozada, psicóloga clínica.

“Se crea como una dinámica de codependencia desde la niñez, en donde el niño o la niña tiende a predecir el abandono del progenitor”, dijo.

Los menores suelen ser, según la especialista en salud mental, “emocionalmente invisible” para ese padre, madre o cuidador. 

Son padres que están simplemente enfocados en ellos mismos y sus necesidades y no son lo suficiente empáticos como para atender las necesidades emocionales de estos niños. Esto tiene un impacto profundo y negativo en el desarrollo cerebral y del sistema nervioso”, continuó. 

Otras secuelas de tener un padre o madre narcisista

Otras consecuencias del narcisismo parental, como fue llamado por la psicóloga escolar, Bárbara C. Álvarez, es que algunos de estos niños pueden llegar a ser deshonestos, pues tienen ideas erradas sobre cómo deben ser vistos o proyectarse con sus pares. 

Asimismo, caer en extremos, que van desde sentirse inferiores o, todo lo contrario, creerse que son mejores que los demás.

Ellos reciben mensajes cruzados, porque papá o mamá dice que “tienen que hacerlo mejor que todos” (como si fuera una extensión de ellos mismos), pero a la vez que no lo hagan “demasiado bien, porque me opacas a mí”, señaló la licenciada. 

“De ahí estos niños crean inseguridades, frustraciones e, incluso, tienen problemas para conocerse y crear una identidad propia”, sostuvo. 

En concordancia, la psicóloga Glorianne Martell indicó que también los niños y niñas pueden sentirse humillados, en vergüenza y que no tienen un espacio seguro. 

A raíz de este aprendizaje en casa, pueden también buscar repetirlo con otras personas.

Apuntó a lo significativo que podría ser la intervención profesional de la salud mental, en especial para abordar a tiempo estas conductas.

Puede trabajarse desde ambos aspectos, con la terapia individual y la terapia de familia. En esta última, por ejemplo, se pueden abordar los problemas de familia de manera sistémica, considerando las necesidades emocionales que está presentando el niño, pero también el padre o madre”, dijo Martell.

En esta terapia, además, se puede trabajar con las jerarquías de poder en los roles de familia y cómo, desde los rasgos narcisistas, esto se exacerba. 

Pero, ¿cómo papá o mamá se dan cuenta que sus actitudes o comportamientos son característicos del narcisismo parental? 

La psicóloga consideró un reto que un individuo, con rasgos narcisistas, pueda reconocer lo que hace. Por tanto, la educación es esencial. 

“Lamentablemente, habrá papás que no se darán cuenta de esto. Por eso, cuando se va a iniciar un proceso de crianza, comienza también uno educativo”, afirmó.

Por su parte, la doctora Serrano Lozada dijo que, aunque es probable que el padre o la madre evite buscar ayuda o negarse a recibirla, la terapia individual, para el menor, puede ser beneficio y a través de ella reconocer las implicaciones que está teniendo esta relación conflictiva. 

“Lo ideal es que se trabaje como familia, porque indudablemente el sistema familiar se está viendo afectado por estas características. Por ende, vamos a ver repercusiones a corto, mediano y largo plazo”, reflexionó la psicóloga clínica.

Inclusive, hay que hablar del trauma complejo, porque muchos niños que han vivido en estas dinámicas lo ven manifestado en su adultez, ya que sus padres fueron negligentes a nivel emocional”, puntualizó.

Las tres profesionales coincidieron en que los maestros, cuidadores y otras personas cercanas, con prestar atención, pueden ayudar a estos menores y adolescentes.