El sexo de reconciliación es una moneda con dos caras. Por un lado, en momentos de tensión entre una pareja y de ser mútuamente deseado, puede resultar satisfactorio, pues ayuda a que ambas partes liberen estrés a través de intimidad que tal vez no habían tenido hace un tiempo. Por otro, puede llevar a la pareja a pensar que para tener sexo “desenfrenado” o placentero se debe discutir constantemente, explicó la sexóloga Zaida Lorenzo Vargas

La experta advirtió a Es Mental que el sexo de reconciliación puede ser peligroso si se normaliza como una forma de arreglar los problemas o controversias que haya dentro de la pareja. La también certificada en abuso sexual comentó que se puede convertir en una costumbre “desagradable”, en una práctica sexual que no satisface a ambos lados o maltrato sexual, físico y emocional. 

“Se puede ver en las novelas, en las películas o en las series, pero en la vida real no siempre va a ser satisfactorio”, alertó Lorenzo Vargas. 

Añadió que las personas involucradas pueden desarrollar una atracción sexual por la tensión de un desacuerdo y, como consecuencia, buscar discutir con mayor frecuencia. Esto puede convertirse en un mecanismo para evitar resolver los problemas entre la pareja.

Por su parte, el presidente del Instituto Sexológico, Educativo y Psicológico de Puerto Rico, Juan Carlos Malavé Rexach, definió al sexo de reconciliación como aquella actividad sexual que una pareja usa como mecanismo para resolver una disputa entre ellos o ellas. 

La gran parte de las parejas usan este tipo de sexo como un “bálsamo” para lo que está sucediendo entre ellos: enojo, tristeza, angustia, frustración o diferencias entre ellos que se pueden concebir como negativos, ejemplificó.

“Puede ser un momento de placer o un silenciador de sus diferencias”, aseguró.

Detalló que aunque el sexo de reconciliación es un acto en el que ambos participantes comparten áreas emocionales, luego se convierte en un “auténtico desastre”. Su vida íntima, durante este tipo de relación sexual, queda enfocada y centralizada en lo que ellos o ellas sienten entre sí y no se ha resuelto el problema o el conflicto de parejas, afirmó. 

Lo que hace esta práctica es tapar, momentáneamente, el conflicto, subrayó al explicar que el problema va a volver a resurgir porque no lo han resuelto. 

Según el psicólogo David Ludden, por un lado, el conflicto aumenta el estrés, lo que puede amortiguar nuestro deseo sexual o nuestra capacidad para realizarlo. No obstante, de la otra parte, también la excitación fisiológica de una actividad puede transferirse fácilmente a otra actividad, como lo es el sexo.

Las consecuencias de normalizarlo 

“La mayor virtud del ser humano es la comunicación”, dijo Lorenzo Vargas. Con esa base, explicó que si una de las dos personas no se siente cómoda o cómodo con que se esté normalizando este tipo de relaciones sexuales y, como consecuencia, las discusiones siempre terminen en coito, se lo debe de decir a su pareja. 

Mientras, Malavé Rexach alertó que las relaciones de parejas no equivalen a tener problemas y luego reconciliarse con relaciones sexuales sin hablarlo. 

Incluso, concordó con Lorenzo Vargas en que puede que esto provoque que la pareja o uno de sus miembros piense que para tener buen sexo se tiene que discutir previamente. 

Enfatizó en que el sexo de reconciliación no es una disculpa, ni sustituye el conflicto que hay entre la relación de parejas. Las disculpas se hacen razonadas y los problemas se tienen que hablar, concluyó.

Asimismo, dijo que como consecuencia de normalizar este tipo de coito la pareja pudiese nunca aprender a manejar sus conflictos por medio de comunicación y decisiones, sino que buscando un amortiguador del disgusto que sienten con una satisfacción temporera.

Se incapacitan como pareja para poder llegar a comunicarse y para identificar el problema, provocando el desarrollo de una relación inestable y desbalanceada, continuó diciendo.

De manera similar, argumentó que, como repercusión de tener sexo de reconciliación con frecuencia, una parte puede acostumbrarse a no reflexionar sobre sus acciones, pues se resuelve todo con la sexualidad. 

“La sexualidad es lo más placentero cuando se dialoga, habla y se llega a un mutuo acuerdo”, concluyó la sexóloga Zaida Lorenzo Vargas al enfatizar en la importancia de comunicarse con su pareja y desarrollar destrezas para el manejo de conflictos o desacuerdos.

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