Como todos los días, Lara entraba a sus redes sociales a compartir su contenido en relación con la importancia de romper los estigmas existentes sobre el cuerpo de la mujer y alzar la voz ante la violencia gordofóbica ejercida por la sociedad. 

Y parecía un día normal, en el cual muchas de sus seguidoras agradecían por hacerlas sentir parte de su comunidad y que no estaban solas en un mundo en el que, la constante búsqueda de la «perfección’’, las lleva a pasar trastornos de la conducta alimentaria y someterse a dietas perjudiciales para su salud. 

Aquel jueves todo transcurría con normalidad, hasta que un grupo de acosadores cibernéticos comenzó, en ese mismo momento, una campaña de amenazas y humillaciones hacia la joven. 

“Me llegaron decenas de mensajes que iban desde ‘eres una idiota» hasta ‘deberían matar a personas como tú’’, contó la activista y creadora de contenido, a quien decidimos nombrar Lara para proteger su identidad tras las secuelas emocionales sufridas por ella y su familia, a la que también los agresores llegaron a hostigar.

Como Lara son muchas las mujeres que experimentan a diario violencia en línea por parte de hombres y puede manifestarse a través de prácticas como insultos, humillación, extorsión de carácter sexual, pornovenganza y grooming. 

El también llamado ciberacoso es hoy protagonista de estudios, especialmente tras la pandemia por COVID-19. Una reciente investigación publicada por la Asociación de Proveedores de Servicios de Internet de Indonesia dio a conocer que el acoso cibernético dirigido a la mujer es un problema que va en aumento. 

“Las redes sociales se han convertido en un nuevo lugar para realizar actos de acoso. El ciberacoso suele estar dirigido a mujeres, cuyos cuerpos están fuera del discurso dominante de la belleza. Este fenómeno confirma que las relaciones de poder en la vida real sobre el cuerpo ideal se extienden a las redes sociales’’, destaca la investigación. 

Según Verónica Colón Rosario, directora ejecutiva de la Fundación de Mujeres en Puerto Rico, el acoso cibernético es el acto de comentar sobre una persona con la intención de herir, acosar, o avergonzar por internet, usando medios sociales como Instagram, Facebook, Twitter, blogs, YouTube, entre otros.

“La existencia de medios sociales ha abierto un sin número de posibilidades de nuevas agresiones hacia mujeres y nuevas formas de acoso. De hecho, los medios sociales empezaron con un historial de agresión hacia la mujer. El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, comenzó la plataforma para que estudiantes subieran fotos de alumnas féminas y evaluaran quién era más atractiva. Luego fue cambiando a lo que es ahora’’, explicó Colón Rosario a Es Mental

Colón Rosario comentó que los agresores optan por agredir de esta forma, ya que existe la posibilidad de esconderse “bajo el anonimato’’. ‘’Lo que los psicólogos llaman desinhibición, pues el internet no es cara a cara, no representa una amenaza y se percibe como un ambiente anónimo’’, dijo. 

A todo esto, Lara no entendía por qué personas que no la conocían en el mundo  “real’’ intentaban hacerle daño, especialmente porque mediante su espacio digital solo busca que las mujeres acepten sus cuerpos tal como son. Hasta que, se dio cuenta que sus acosadores también habían utilizado sus fotos personales para crear un video en Youtube hablando falacias sobre ella.

“Cuando me llegaron esos mensajes, los borré y bloqueé a estas personas. Ahora sé que es importante guardar todo para poder utilizarlo en caso de entablar un caso. Es doloroso leer esos mensajes cuando llegan en masa, entonces quizás valga la pena pedirle a alguien cercano que ayude con eso. Ya después de documentar, se bloquea. La incitación de la persona logró que me cerraran mi cuenta por un día. Ese día empecé a conectarme con otras personas en mis redes y es ahí donde descubro la cantidad de energía que esta persona ha puesto sobre mí y la violencia que tienen los comentarios de sus seguidores (hombres)’’, relató. 

Lara también se puso en contacto con varias organizaciones en pos de la erradicación de este tipo de violencia, como CyberSmile y HollaBack, cuyas recomendaciones incluyen bloquear al o los acosadores, reportar sus perfiles y buscar ayuda legal. 

Admito que sentí miedo, no necesariamente físico, pero sí psicológico. Preguntándome: ‘¿Hasta dónde llegan estos hombres?’’’, dijo.

Las víctimas de ciberacoso pueden ver afectadas su integridad emocional y física, con consecuencias en jóvenes y adultos como: depresión, ansiedad, aislamiento, trastornos alimentarios, falta de sueño, pensamientos suicidas, así como automutilación, de acuerdo con el artículo Cyberbullying Involvement and Mental Health Problems Among Late Adolescents. 

Colón Rosario asegura que aún queda muchísimo por hacer’’ sobre el tema y las empresas detrás de los famosos nombres de las redes sociales deben seguir trabajando para crear herramientas que protejan a las mujeres de este tipo de agresiones. 

“Falta mucha educación, pero educación con perspectiva de género. La construcción de género es clave en la violencia que vivimos las mujeres y no solo nosotras, la comunidad LGBTQ+ también sufren estas agresiones’’, puntualizó. 

El derecho a la autonomía corporal de la mujer sigue siendo una molestia para el machismo.

 El cuerpo de la mujer y lo que esta decida sobre él sigue siendo una molestia para el machismo y de esto hoy es testimonio Lara. 

Sin importar el escenario, virtual o presencial, muchos hombres continúan perpetuando la violencia de género a través del control y el poder de los cuerpos de muchas mujeres.

En la escena del fitness está muy presente y la trabajadora social y entrenadora, Bianca Paola Torres Collazo, asegura que es precisamente en estos espacios en los que la mujer muchas veces se ve discriminada, atacada, acosada y minimizada como resultado de acciones micromachistas.

“La percepción social que se tiene acerca de la mujer como objeto sexual, sujeto débil o poco apto para hacer actividades que culturalmente han sido adjudicadas al género masculino, se extiende a muchos espacios, entre ellos el gimnasio’’, describió Torres Collazo.

Según la profesional, al llegar a normalizar y justificar estas prácticas, se atenta contra la seguridad y el bienestar emocional y físico de las mujeres.

“Esto ha llevado a muchas mujeres a limitar o moldear su comportamiento para prevenir situaciones desagradables, así como no yendo al gimnasio, asistir a una hora distinta o dejar de utilizar cierta ropa, catalogada como ‘’provocativa’’, agregó. 

La trabajadora social hace un llamado de acción a denunciar estas conductas, ya sean por haberlas vivido de forma presencial o en línea. 

“Es importante que cada mujer logre entender que ninguna de las situaciones que atraviesa, como resultado del machismo, son su culpa o responsabilidad. Hay que cambiar la retórica o el discurso de culpabilizar y responsabilizar a quienes son víctimas o sobrevivientes porque, ciertamente, repercute en generar malestar emocional como culpa, miedo, coraje, entre otras’’, señaló. 

Torres Collazo concluyó con que “para erradicar el machismo, es importante visibilizarlos y darles nombre a las conductas. Es necesario apelar a la incomodidad, porque a través de esto, se cuestiona, se reflexiona y abre paso al cambio’’.