Cada día nos topamos con más personas que han sido diagnosticadas con Alzheimer. El diagnóstico provoca tristeza e incertidumbre, no solo para quien lo padece sino para las personas cercanas al paciente. Este pesar ocurre porque, a pesar de que la enfermedad fue descubierta en 1906, hoy día no hay tratamiento, ni un acercamiento que constituya una cura. 

Los medicamentos recetados a las personas que sufren de Alzheimer retrasan la condición, en algunos casos más efectivamente que otros, pero el final de la persona se entiende que será el mismo. 

El Alzheimer es un tipo de demencia que afecta la memoria, el pensamiento, y el comportamiento.  La Asociación de Alzheimer de Estados Unidos establece que “el Alzheimer empeora con el tiempo… es una enfermedad progresiva, en la que los síntomas de demencia empeoran gradualmente con el paso de los años. En sus primeras etapas, la pérdida de memoria es leve, pero en la etapa final del Alzheimer, las personas pierden la capacidad de mantener una conversación y responder al entorno”. 

La enfermedad constituye la sexta causa de muerte en Estados Unidos. Se estima a que las personas que la sufren vivirán un promedio de ocho años después de que los síntomas se vuelven evidentes. Pero, una persona con Alzheimer puede vivir entre cuatro y 20 años, dependiendo de si padece de otras condiciones. 

“El camino a encontrar una cura, podría decir que ha sido frustrante. En 40 años que yo llevo en mi práctica de psiquiatra y geriatra, no poder ofrecer un tratamiento efectivo para una enfermedad tan común entre los viejos es triste. He visto a través de años muchos pacientes a quienes les doy el diagnóstico y su deterioro es sumamente penoso. Es una enfermedad muy triste pues lleva a la persona a no reconocerse a sí misma en el espejo. Es como uno estar perdido en un sitio que nadie te conoce, tratar de comunicar y no poder”, describió el doctor José Franceschini Carlo, neurólogo, psiquiatra y geriatra.

El galeno narró una experiencia que vivió al acudir a atender una emergencia en un hogar de ancianos. Una paciente lloraba, se quejaba muchísimo, pero no podía expresar lo que le pasaba. Franceschini sabía que se trataba de algún dolor, pero no fue fácil identificar la raíz. 

“De momento determiné abrirle la boca y tenía un absceso en una muela que le provocaba el dolor, pero ella no lo podía decir. Así de deteriorado estaba su cerebro”,recordó. 

Tradicionalmente, la clase médica receta galantamina, rivastigmina, donepezil, tacrina, memantina, para atender la enfermedad. De acuerdo con Franceschini, estos medicamentos intentan evitar que se continúen rompiendo los neurotransmisores que mantienen conectadas a las neuronas. Sin embargo, no atienden la producción de placas de amiloide o proteína Tau, que se observa en los cerebros de los pacientes y que proliferan con el tiempo. En términos generales, los medicamentos tradicionales disponibles atienden las etapas tempranas y síntomas como la agitación, depresión y síntomas psicóticos que pueden aparecer. 

El psicólogo clínico y epidemiólogo, José Carrión Baralt, coordinador del Programa de Gerontología de la Escuela Graduada de Salud Pública del recinto de Ciencias coincidió con el doctor Franceschini en que “hay un consenso en el campo, de todos los que trabajamos con la condición, de que hoy en día no hay cura, no hay nada que detenga, no hay nada que revierta la enfermedad, y en este momento no hay indicios de que esto vaya a cambiar pronto”. 

Hace apenas un mes Carrión Baralt asistió a la conferencia internacional de la Asociación de Alzheimer, que se llevó a cabo en Los Ángeles, California. 

“De la convención puedo decir que lamentablemente no había ningún tipo de emoción, ni entusiasmo, ni esperanza de un medicamento que pueda venir pronto a dar una nueva esperanza. Los medicamentos que existen tratan de eliminar los signos cognoscitivos de la enfermedad, pero es un efecto temporero que puede fluctuar entre meses y años”, dijo. 

Una incógnita para la clase médica sigue siendo el porqué algunos pacientes responden a los medicamentos mejor que otros , según explicó Franceschini. 

Carrión detalló que los medicamentos tradicionales tratan de retrasar la pérdida de facultades mentales superiores como son la capacidad del lenguaje, hablar, escribir, leer, la capacidad de analizar situaciones, tomar decisiones y planificar. Pero, “ninguno trabaja con la raíz de la enfermedad, que son las placas de amiloide y proteína Tau que impiden la comunicación entre las neuronas”. 

Más énfasis en la prevención 

Durante la convención anual de la Asociación de Alzheimer se dio mucha importancia a la prevención y se educó sobre los factores de riesgo que aumentan la posibilidad de desarrollar Alzheimer, entiéndase la hipertensión, la obesidad, el sedentarismo, la depresión, fumar y la diabetes. 

“Se hizo mucho énfasis en el control y la prevención de estos riesgos”, dijo Carrión Baralt. 

Y ese destaque de la prevención se debe al éxito del proyecto FINGER, el primer “trial” que ha demostrado prevenir una baja en las facultades cognoscitivas de los participantes utilizando un modelo de intervención en los estilos de vida de los individuos. Los resultados de ese modelo comprueban la importancia de establecer estrategias de prevención para atender la salud general y el funcionamiento cerebral. 

“Finland Geriatrics está proponiendo acciones concretas para controlar y reducir esos factores de riesgo a nivel poblacional y sus resultados son bastante alentadores”, opinó Carrión.  

Se espera que próximamente 100 personas de Puerto Rico se unan a muestras de Latinoamérica para agregar un componente latino al modelo Finger. Los participantes de este modelo reciben la intervención de nutricionistas, ejercicio físico, estimulación cognitiva y control estricto de los factores cardiovasculares.

“En países como Finlandia vemos que el sistema público de salud está socializado y prefieren proyectar que con una buena alimentación, ejercicio y control de hipertensión y diabetes podamos evitar el Alzheimer”, dijo. 

El doctor Carrión sostuvo que para el 2013 se estimó que el costo de salud de un paciente con Alzheimer fue el triple al de los costos de salud de una persona de la misma edad sin la condición, y eso sin incluir los costos de cuidadores.  

Hormona generada durante el ejercicio podría ayudar en el Alzheimer

La irisina es una hormona generada mientras se realiza el ejercicio y su proteína precursora conocida como FNDC5 podría reducir el déficit de memoria y atender dificultades del aprendizaje que ocurren relacionadas al Alzheimer, según arrojó un estudio de expertos de la Universidad Federal de Río de Janeiro (Brasil) y la Universidad de Columbia (Estados Unidos) que se publicó en la revista Nature Medicine.

“Durante el estudio, uno de los factores determinantes para afirmar que la irisina también produce efectos positivos en la memoria, los realizadores notaron que al bloquear esta hormona en el cerebro de los ratones con Alzheimer, no se obtenían o se perdían los beneficios que la irisina produce al organismo tras una jornada de actividad física. A pesar de este importante descubrimiento, en la publicación original se hace énfasis en que hacen falta otros estudios que respalden o permitan analizar a profundidad la labor de la irisina en el cerebro y cómo interactúa con este órgano”, lee la descripción del estudio publicada en la Revista de Medicina y Salud Pública.