“Una vez, llegó un hombre que trabajaba montando techos. En uno de sus trabajos semanales, le cayó el tejado encima y, consecuentemente, mucho polvo. Desde entonces, sentía que tenía animalitos corriendole por la piel. Ese evento detonante, esa sensación de todavía tener polvo sobre el cuerpo, provocó un delirio que lo trajo a mi oficina”, recordó el dermatólogo Abimael Rivera Cruz al ejemplificar el delirio de parásitos en la piel.

El delirio de parásitos en la piel, también conocido como el síndrome Ekbom o parasitosis delirante, es un trastorno de salud mental que implica una idea delirante centrada en que tiene parásitos o animales corriendo por la piel, según el psiquiatra Dimas Tirado Morales. Es decir que, a pesar de la evidencia de lo contrario, la persona continúa sintiendo estos estímulos y, en ocasiones, viendo animales, indicó.

Tirado Morales explicó que esta distorsión no necesariamente provoca alucinaciones, pues puede tratarse simplemente de una creencia o convicción fija. No obstante, en el caso de alucinar, pudiese ser auditivo, visual y de tacto.

A esto Rivera Cruz añadió que esta condición tiene repercusiones tanto físicas como emocionales. Por un lado, para ese paciente la sensación es real, aspecto que ya lleva un peso en la salud mental de la persona, precisó. Por este motivo, llegan las consecuencias físicas. “Se lavan constantemente, pueden llegar a tener cortaduras, piel sensible o reseca. Muchos llegan con sangre e intentan arrancarse la piel”, detalló, de acuerdo con su experiencia. 

Rivera Cruz subrayó que muchas veces sienten tanto los animales que lo ven y, asimismo, muchos pacientes llegan con una bolsa o una caja, donde aseguran tener los parásitos que se sacaron de la piel, a su oficina. “En ese escenario ya se hace el diagnóstico”, aseguró.

Para poder hacer el diagnóstico, se debe estar seguro de que no haya una razón fisiológica que esté causando estas sensaciones, explicó el psiquiatra.

¿Cómo surge este delirio?

Usualmente hay un detonante para el desarrollo de esta psicosis, como son estrés, ansiedad, trastornos de salud mental o sustancias controladas, dijo Tirado Morales. También, existen sustancias como la cocaína y la heroína que pueden provocar estas sensaciones.  

“Estas suelen ser personas con un alto nivel adquisitivo y exageran con la dosis de la sustancia, por lo que muchas veces terminan con sensaciones similares a las que caracterizan este trastorno o ser detonante para desarrollar esta distorsión”, confirmó Tirado Morales.

Incluso, agregó que puede que ocurran sensaciones similares con la retirada del alcohol o de sustancias controladas. Mientras, hay personas con trastorno de depresión o bipolar que también pueden empezar a tener alucinaciones visuales, táctiles o los delirios similares.

Puede igualmente ser una dermatitis que no se haya manejado bien y que el paciente sienta picor constante, incluyó Rivera Cruz. Entonces, como consecuencia, se convence de que hay algún ser vivo provocando ese picor, destacó.

De acuerdo con una publicación de la revista médica peruana SciFlo, la distorsión empezó a ser estudiada a mediados de los años 1930. Aquí, el científico Ekman estableció que la población más afectada consiste en en mujeres, sobre todo a partir de la quinta y sexta década de vida, donde el delirio se refiere a piel o mucosas (ectoparasitosis) y es acompañado de anomalías de la percepción táctil.

Asimismo precisa que, según los casos reportados en un siglo, se halló que la parasitosis delirante primaria (es decir, aquella no debida a organicidad u otro trastorno psiquiátrico) figura al 40% de los pacientes afectados y es individualmente la causa más prevalente.

Sin embargo, ambos expertos precisaron que este trastorno es poco prevalente tanto en Puerto Rico como a escala mundial. Rivera Cruz estimó que suele atender a un caso cada tres a seis meses.

Estos pacientes suelen acudir primero al médico primario, luego a un especialista, que sería un dermatólogo, y al final el psiquiatra, a menos de que la persona no tenga un historial previo de salud mental”, especificó el psiquiatra al indicar que muchos puertorriqueños acuden directamente a la sala de emergencias.

Tratamiento: sus posibilidades y límites

Los dos especialistas entrevistados subrayaron que este trastorno es muy difícil de tratar. Como el paso más importante, ambos indicaron que el salubrista le debe  hacer un examen físico a la persona y hacerle sentir al paciente que este fue un trabajo exhaustivo y preciso. Es importante que esta evaluación le sirva de apoyo al paciente para confiar en el médico y sentir que está tomando sus síntomas con seriedad.

“Tienes que tomar su preocupación en serio y explicarle la razón de sus síntomas de la manera más delicada posible”, dijo al tiempo que indicó que si se hace sentir al paciente que su preocupación es de índole mental, irá donde otro profesional o incluso puede ser que no busque ayuda. 

Tirado Morales indicó que luego del examen físico, si no hay nada, se procede con antipsicóticos. Por su parte, Rivera Cruz precisó que, según su experiencia, muchas veces la clave es recetar un medicamento que intervenga con las sensaciones que la persona está teniendo.

Muchas personas puede que tengan esta sensación por el resto de su vida, aunque con el tratamiento baje la intensidad, indicó Tirado Morales. Son pocos quienes van a remisión, indicó. Estableció que las personas con un alto nivel cognitivo o con buenas destrezas de introspección pueden sacarle mayor provecho a las terapias.  

No obstante, comentó que en muchos casos las personas llegan a buscar ayuda por las consecuencias físicas del trastorno, pero estando en un nivel bastante severo. Esto complica aún más la recuperación de la persona, aseguró. 

Es importante tener total respeto para estos pacientes, para ellos es real y ellos lo sienten. Por esto, exhortó a los salubristas y a familiares a tener paciencia y tratarlos con empatía”, concluyó Tirado Morales.