Cada vez son más las personas que aseguran sentir “que ya no pueden enamorarse”, a raíz de experiencias dolorosas al intentar establecer vínculos amorosos en el pasado. A esto se le ha llegado a conocer, de forma metafórica, como el síndrome del corazón congelado. 

Según la doctora Lyanne Sandoval González, psicóloga clínica, aunque no se trata de un diagnóstico clínico o científico reconocido, hace referencia a la incapacidad de volver a enamorarse o el temor a la intimidad afectiva. 

Desde una mirada psicológica, puede reflejar un patrón de desconexión emocional, en el que una persona experimenta dificultad para establecer vínculos duraderos, miedo al abandono o rechazo, evitación del contacto emocional y una sensación interna de que hay algo le impide amar, describió la doctora. 

Suele entenderse como un patrón de protección y/o evitación emocional (desapego), más que como una “incapacidad real” de amar, explicó, por su parte, la doctora Kimberly Maldonado Delgado, psicóloga clínica. 

Si bien el estado de enamoramiento implica circuitos dopaminérgicos de recompensa, motivación y emoción (empleando estructuras cerebrales como el área tegmental ventral y el núcleo caudado), las experiencias de amenaza o dolor pueden sesgar el sistema hacia la hipervigilancia al riesgo, dificultando la activación plena del deseo vincular, sostiene la investigación The relationship between childhood trauma and romantic relationship satisfaction: the role of attachment and social support

“Entre las causas más comunes se encuentran las experiencias tempranas adversas, los estilos de apego evitativo o ansioso, el miedo a volver a sufrir tras experiencias de rechazo, abandono, infidelidad o rupturas traumáticas”, detalló Maldonado Delgado.

También pueden influir mecanismos de defensa desarrollados tras relaciones difíciles, trastornos de personalidad que afectan la capacidad de establecer apego, o incluso factores culturales y relacionales, como los modelos de amor observados en la familia o inclusive en la sociedad”, abundó Sandoval González.

Sobre los apegos en la infancia y su vínculo con esto, la psicóloga Genesaret Flores Roque, estudiante doctoral en psicología clínica, dio como ejemplo una figura paterna que no estuvo disponible de forma consistente en la vida de un menor o se expresaba claramente en cuanto a sus emociones, así que se genera inseguridad, desconfianza o heridas que tienen como resultado la incapacidad emocional.

Además, “para algunas personas, abrirse emocionalmente implica riesgo profundo”, entonces, si han sido rechazadas o heridas antes, “pueden preferir no involucrarse para evitar ese dolor”, reiteró Flores Roque.

En otros escenarios, algunas personas llegan a desarrollar hipercontrol emocional o una racionalización excesiva del amor como una forma de autoprotección. Aunque estos mecanismos buscan evitar el dolor, terminan limitando la posibilidad de conexión. 

“Mientras más dolor emocional se haya vivido, más sensible y defensivo se vuelve el sistema afectivo”, comentó Sandoval González.

El síndrome del corazón congelado afecta la cercanía afectiva dentro de un núcleo familiar, ya que la persona puede mostrarse distante, reservada o poco expresiva incluso con sus seres queridos. Mientras que en las amistades da paso a vínculos superficiales o que se eviten relaciones muy íntimas.

En las relaciones románticas, la pareja podría percibir falta de reciprocidad emocional, lo que genera frustración, conflictos o desequilibrio afectivo, hizo énfasis la psicóloga clínica.

No obstante, la doctora Maldonado Delgado recordó que, para vivir una vida plena, no se debe creer que es una obligación experimentar el amor romántico.

Hay individuos que encuentran satisfacción y sentido en vínculos de amistad, comunidad, proyectos personales o familiares. Aseguró que estudios han observado que algunas personas solteras reportan niveles de bienestar similares o incluso superiores a las personas en pareja, cuando cuentan con redes de apoyo fuertes, propósito vital y autonomía emocional.

La plenitud puede buscarse en diversos ámbitos fuera del ámbito romántico, como un significado personal, la creatividad, conexión social, espiritualidad y el bienestar emocional independiente del romance, recordó Flores Roque. 

La conexión humana es una necesidad fundamental, pero la conexión romántica es una modalidad de vínculo. Por eso, no experimentar amor romántico no condena a una persona a una vida vacía; dependerá del sentido que la persona le otorgue a ese tipo de amor, sostuvo. 

“Cuando una persona siente que ‘no puede enamorarse’, es importante recordar que no se trata de una incapacidad real, sino de una forma en que la mente intenta protegerse del dolor”, agregó Maldonado Delgado.

Recomendaciones para manejar el síndrome del corazón congelado

Las profesionales de la salud mental recomendaron psicoterapia como un espacio seguro para explorar estas experiencias, desarrollar conciencia emocional para aprender a identificar, nombrar y diferenciar emociones propias y cultivar amistades o vínculos en los que se pueda confiar y compartir pensamientos y vulnerabilidades. 

El proceso de “descongelar el corazón” lleva tiempo, de acuerdo con Sandoval González. No se trata de forzar el cambio, sino de permitir que ocurra con acompañamiento y cuidado.

Por consiguiente, hay que evitar idealizar el enamoramiento como la única fuente de bienestar.

“El amor también puede expresarse en la amistad, el servicio, la comunidad o la creatividad”, finalizó.