La salida de un hijo del hogar para independizarse trae consigo tristeza para los padres y puede provocar el síndrome del nido vacío. Este síndrome, a su vez, puede precipitar un divorcio.

Pero ¿qué es el síndrome del nido vacío?

El síndrome del nido vacío consiste en los pensamientos y emociones relacionados al abandono de los menores del hogar donde una persona puede presentar indicadores asociados a la tristeza, sentimiento de vacío, la falta ilusión de que la relación familiar va a terminar, definió la doctora en psicología clínica Cynthia Figueroa González. Si estos indicadores no se trabajan pueden resultar en depresión. 

Especificó que el nido vacío puede ser un elemento que precipite el divorcio. Esto sería en el caso de que a través del matrimonio se presenten situaciones que nunca se lleguen a resolver. En estos casos, se posterga darle atención al conflicto por no darle la prioridad que amerita por causa de los roles de pareja. Es decir, cuando una pareja cambia de ser amantes a cuidadores primarios o proveedores. 

Consecuentemente, cuando los hijos abandonan el hogar tras el proceso de independización esas situaciones se vuelven a presentar y aquí es que toman la decisión del divorcio, separación o inicia el conflicto. Por este motivo, Figueroa González subrayó la importancia de discutir y definir el cambio de los roles, buscar ayuda profesional como pareja y familia.

Presentó también el hecho de que muchas veces el hijo o la hija es el mediador o mediadora de conflictos. Entonces, cuando se van del hogar, la pareja se queda sin esta herramienta y sin haber desarrollado capacidades resolutivas de problemas. 

En muchas ocasiones es muy común que los matrimonios permanezcan en unión por los hijos, añadió la psicóloga María Rodríguez Vidal al justificar porque después de la salida de los menores del hogar se divorcian. “En la mayoría de los casos que he atendido, permanecían en la relación por los hijos y pensaban que estar juntos era una manera de darles estabilidad”, admitió.

En otras ocasiones es que la relación iba bien porque giraba en torno a los hijos, después de que estos abandonan el nido encuentran que no tienen los mismos intereses, no tienen la misma conexión, entre otros factores que desenlazan su relación, presentó Rodríguez Vidal. 

A su vez, Figueroa González matizó que hay que tomar en consideración que en el divorcio, independientemente de la etapa de desarrollo o las circunstancias, hay muchas situaciones que contribuyen. “No hay un perfil como tal, sino que situaciones que se presentan como las posibles infidelidades, falta de comunicación, uso problemático de sustancias, entre otros elementos que hayan influenciado en o durante el nido vacío”, destacó.

Según la clínica Mayo, el síndrome del nido vacío no es un diagnóstico clínico. No obstante, advierte que es un fenómeno que provoca que los padres experimenten sentimientos de tristeza y pérdida cuando el último hijo sale de casa. Mencionó que, por difícil que sea el cambio, tener un nido vacío puede traer beneficios a los padres. Incluso, citó a estudios recientes que sugieren que un nido vacío podría reducir los conflictos laborales y familiares.

La doctora en psicología clínica sugirió mantener una comunicación con la pareja, la intimidad y la conexión, darle prioridad y no posponer resolver los conflictos de pareja, el autocuidado, no perder las actividades que hacían como parejas al inicio.

Trabajar en reconstruir lo que tenían antes de la paternidad es esencial, dijo Rodríguez Vidal. La etapa del nido vacío se suele dar a la par con una edad de menores responsabilidades laborales. Por ende, tienen más tiempo para retomar la relación y minimizar el impacto del nido vacío. 

Puntualizó que actualmente, los hijos y las hijas se mudan de la casa en etapas de desarrollo más tardías. Según el Censo de Estados Unidos de 2021, el 58% de los adultos de 18 a 24 años y el 17% de los adultos de 25 a 34 años vivían en casa con sus padres. No obstante, Rodríguez Vidal explicó que el síndrome del nido vacío puede tener el mismo impacto, independientemente de cuándo se muden. 

Asimismo, en los últimos años se ha visto un incremento continuo en el divorcio de personas alrededor de los 65 años en Estados Unidos. De hecho, de acuerdo con las estadísticas del Centro Nacional de Investigación de la Familia y el Matrimonio de Bowling de Green State University desde el 1990 hasta el 2021 han triplicado las cifras. Mientras, a estas edades mayores, las tasas de divorcio entre las mujeres se han casi cuadruplicado, según los datos del sociólogo I-Fen Lin, citado en un informe de AARP.

Este mismo artículo indicó que para el 2010, el 27% de los divorcios figuraron entre personas de 50 años o más. Asimismo, en 2019 esta cifra creció al 36%. Puntualizó que en los datos más recientes disponibles, los investigadores de Bowling Green encontraron que 1 de cada 4 divorcios estaban entre los mayores de 65 años. Según el estudio, los boomers también tuvieron altas tasas de divorcio durante la mediana edad, es decir los 50 años, en comparación con las generaciones más jóvenes.