En Puerto Rico diversidad de jóvenes viven sin un techo digno y a raíz de esto se convierten en parte de las cifras del sinhogarismo juvenil, un problema que pasa por desapercibido y que no se limita exclusivamente a la falta de un hogar, pues incluye aquellas condiciones de vida que pueden llegar a trastocar su bienestar físico y emocional. 

Buscando erradicar la situación, pero sobre todo actuando desde el amor, un grupo de profesionales de la Red por los Derechos de la Niñez y la Juventud de Puerto Rico está haciendo la diferencia al usar su conocimiento y liderazgo para servir de sostén a jóvenes sin hogar entre las edades de 18 a 24 años.

Esto a través del proyecto Casa Ramón, primer y único programa especializado en brindar servicios a jóvenes sin hogar, que surge de la necesidad de hallar un techo seguro a jóvenes que, tras el paso del huracán María en el 2017, se quedaron sin uno. En el 2020, y con la llegada de la pandemia, la Red por los Derechos de la Niñez y la Juventud de Puerto Rico, conocida por impulsar un cambio sistémico para la eliminación de la violencia hacia los niños y jóvenes, inauguró la primera sede en Juncos. Este año, un segundo espacio en San Juan.

El año pasado los profesionales de la Red impactaron la vida de 523 jóvenes con servicios que incluyen vivienda, orientación y asistencia de abogados, trabajadores sociales y psicólogos a jóvenes de la comunidad LGBTQ+, madres embarazadas, jóvenes en contacto con el sistema de justicia o jóvenes egresados(as) del sistema tutelar del Departamento de Familia.

Sinhogarismo juvenil: “En Puerto Rico se cree que estas situaciones no ocurren»

El tema del sinhogarismo juvenil, pese a su significativa existencia en la sociedad puertorriqueña, es uno poco hablado y cargado de ideas erradas. Por eso, el equipo de Casa Ramón, Marcos Santana Andújar (trabajado social, fundador y director ejecutivo), Kelvin Suárez (trabajador social), Paola Díaz (gerente de alcance y psicóloga); Gerardo Rosado (trabajador social), Celinés Otero (trabajadora social) y Mónica Vizcarrondo (psicóloga) une esfuerzos para visibilizar la situación, crear conciencia e impactar vidas desde la sensibilización. 

“Parte de nuestro trabajo ha sido cambiar esa mirada y perspectiva que se tiene sobre el tema del sinhogarismo. En nuestra recopilación de datos nos damos cuenta que son jóvenes que viven durmiendo en carros, en casas de sus amigos, que los encontramos en los jangueos. Son jóvenes que están estudiando, trabajando, jóvenes madres solteras, jóvenes que fueron echados de su casa por su identidad sexual’’, detalló la psicóloga Díaz.

“En Puerto Rico se cree que estas situaciones no ocurren, pero al recibir siete llamadas diarias de problemáticas de violencia, de que fueron echados a su casa, nos damos cuenta que es real y que es doloroso verlo’’, continuó la especialista en salud mental.  

La Casa Ramón fue nombrada así en memoria del padre adoptivo de Santana Andújar, una persona que dejó como legado el inigualable amor de familia y lo que, precisamente, se busca con el proyecto: dar amor a quien lo necesite, según su fundador. 

“Esto es una familia. Eso es lo que, en muchos casos, los jóvenes no han podido tener. Estos años han sido de aprendizaje, de recopilar datos, estudiar, analizar y de entender que los jóvenes tienen unos problemas específicos que no se están considerando en la agenda del tema del sinhogarismo en Puerto Rico’’, mencionó Santana Andújar. 

El trabajador social, el licenciado Suárez, recordó que para trabajar este problema es esencial, primeramente, entender en qué consiste el sinhogarismo, pues se han topado con jóvenes durmiendo en autos, que no se consideran parte de las cifras oficiales. 

“Queremos educar a las otras organizaciones y agencias gubernamentales, incluso, a los jóvenes. Es importante hablar del tema y presentarlo en diferentes foros para que los participantes puedan identificarlo y salgan a buscar la ayuda que necesitan’’, expuso. 

Gratitud: el corazón de la Casa Ramón 

Y es que en la Casa Ramón la gratitud hace acto de presencia en cada conversación. Ya sea por el agradecimiento que expresan los participantes al equipo de profesionales o la emoción de los trabajadores sociales y psicólogos al contar las historias con las que se topan en su labor de acompañamiento.

La psicóloga Díaz, mostrando el tatuaje que luce en unos de sus brazos con la palabra “agradece” como protagonista, contó a Es Mental que escuchar a los jóvenes participantes decir que son parte de su familia es de las acciones más gratificantes que experimentan como equipo.

Incluso, reconocen que gracias a sus profesiones como especialistas en temas de sociales y salud emocional tienen la oportunidad de aportar un granito de arena a la hora de hacer valer los derechos de la niñez y de los jóvenes en Puerto Rico. 

“Tenemos participantes que salen de nuestro proyecto y aspiran a ser profesionales de la conducta humana, para mí eso es el mayor regalo, porque dejamos una semilla, que va creciendo y a largo plazo puede tocar otras vidas’’, agregó Suárez.  

«Un día como hoy, en nuestra celebración de Acción de Gracias, estos participantes están alegres porque vamos a compartir como familia. Este espacio no es de nosotros, es de ellos’’, agregó el trabajador social.  

Por su parte, Santana Andújar aseguró que la gratitud “es verbo’’ en la Casa Ramón, porque se pone en práctica cotidianamente. En especial, porque cuando el proyecto inició los recursos eran escasos y han visto cómo, con el tiempo y la perseverancia, todo ha dado un giro.   

“Aquí en Casa Ramón agradecemos las cotidianidades, porque las cotidianidades es lo que nos permite estar presentes y hacer de la gratitud una acción’’, concluyó la psicóloga.

La Casa Ramón, localizada en Río Piedras, no solo cuenta con espacios de vivienda individuales para los participantes del programa, también un “drop-in center” el el que los y las jóvenes pueden llegar a utilizar el espacio según necesidades como buscar artículos de primera necesidad, recargar sus equipos tecnológicos, utilizar el internet, baños con ducha, entre otros.

Para comunicarse a la Línea de Apoyo los jóvenes pueden comunicarse al 787-510-1606 o WhatsApp, también a través de las redes sociales.