Aunque “la historia de terror” cambie de protagonista, la trama es casi idéntica. A medida transcurren los días más visible es el cansancio y en algunos casos más intenso es el miedo, la angustia y la desesperación. En los residentes de Ponce, Peñuelas, Yauco, Guayanilla y Guánica el cuestionamiento se repite una y otra vez: “cuándo dejará de temblar”. 

“Esto es una historia de terror, es que cuando parece que todo estará bien, vuelve a temblar con más fuerza. Me da terror, no me puedo sacar ese sonido estruendoso de la cabeza, es como si un monstruo nos quisiera devorar…. solo quisiera saber cuándo esta historia de terror terminará”, expresa María, residente de Ponce.

“Mi casa colapsó, y también la de dos de mis familiares, lo perdimos prácticamente todo, toda la familia está inestable emocionalmente, todos estamos mal, necesitamos ayuda… la fuerte de la familia siempre he sido yo, pero ya no puedo con tanto”, recalcó Teresa, otra residente de Ponce, notablemente afectada. 

Teresa y María no solo comparten el pueblo de residencia, sino que sus respectivos casos guardan similitudes, pues tienen familiares en los Estados Unidos que insisten en sacarlas de Ponce ante la incertidumbre que arropa a la Isla, pero que mantiene en vilo  a los residentes de la zona sur. 

Por otro lado, el rostro de Doña Virginia, quien tiene 78 años y vive sola en Peñuelas, refleja su agotamiento físico y mental. Y no es para menos, lleva días sin dormir, y uno de los sismos cuya intensidad superó los cinco puntos le generó una caída.

“Estoy cansada, me da miedo lo que me pueda pasar, ya ni hambre me da”, respira profundo para luego añadir “cuánto desearía que esto termine… las clases de manualidades que yo cogía para entretenerme y no sentirme sola las cancelaron hasta nuevo aviso. No es fácil, no me siento bien, estoy agotada física y mentalmente”, concluyó Doña Virginia. 

Yolanda, por su parte, vive en medio de un dilema, por un lado desea poder retomar su rutina de vida y por el otro reconoce que “el solo pensar que tengo que regresar a trabajar en una escuela, me genera una ansiedad terrible, hasta ataques de pánico me están dando, algo que nunca había experimentado”, exclamó la mujer que vive en Peñuelas.

Sin duda, la necesidad de servicios de salud mental en la población es palpable. No obstante, lo que ha llamado particularmente mi atención es la apertura de la población para recibir los servicios. Por lo general, aceptar que necesitamos ayuda de un psicólogo y/o psiquiatra no es tarea sencilla, en la mayoría de los casos esta es la última alternativa, cuando esto ocurre es porque estamos desbordados. Esto nos da una idea de la gravedad del asunto. 

Antes de continuar, me gustaría repasar lo siguiente. Conforme define la Organización Mundial de la Salud (OMS) la salud mental incluye “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedades”. 

¿Por qué es importante mencionar esto último? Porque la salud física y la salud mental están integradas. El bienestar mental es un componente esencial de la salud, y la ausencia de una genera un efecto en cadena. Por ejemplo, las personas que sufren de algún problema de salud mental poseen más probabilidades de desarrollar diabetes, problemas cardiovasculares, por mencionar solo algunas. En efecto, “no hay salud sin la salud mental”, tal cual pronunció hace un tiempo la OMS, y cada uno de estos testimonios son evidencia de ello. 

En fin, estamos frente a una emergencia de salud, y esto se extiende a toda la isla, porque en todos los rincones de nuestro país existen personas que no duermen a la espera de que algo peor suceda. La empatía y la comprensión son importantes, pero a largo plazo la clave está en la implementación de estrategias de prevención que impidan que casos como los que mencioné desarrollen un trastorno mental. Si eres profesional de la salud mental, el país te necesita. Juntos somos más.

*La autora es psicóloga licenciada con especialidad en consejería psicológica.