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La suspensión de las primarias —que al momento se desconoce con certeza cuándo y cómo continuará— representa un nuevo golpe a la confianza del pueblo hacia sus instituciones gubernamentales, según tres expertos en ciencias políticas y ciencias sociales entrevistados por Es Mental.

En medio del furor primarista que surgía este domingo, 9 de agosto, las primarias del Partido Nuevo Progresista (PNP) y del Partido Popular Democrático (PPD) se suspendieron a raíz de la falta de papeletas que causó una cadena de errores administrativos, no tan solo por causa de la Comisión Estatal de Elecciones (CEE), sino de comisionados y representantes electorales de las principales colectividades.

Las secuelas de lo que ocurrió el domingo han continuado durante el resto de la semana por múltiples demandas incoadas por cuatro de los cinco precandidatos a la gobernación, así como una ciudadana representada por la Unión Americana de Libertades Civiles (mejor conocida en inglés como “ACLU”). Aunque la CEE está convocando a los electores de los precintos que no votaron a votar el próximo domingo 16 de agosto, según solicitaron los comisionados electorales, lo que sucederá al final está en manos del Tribunal Supremo de Puerto Rico que se espera tome la decisión pronto.

El investigador especializado en política del Centro de Investigaciones Sociales de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, Emilio Pantojas García, aseguró que la suspensión de las primarias este domingo puede ocasionar que crezca la desconfianza a tal punto que las personas no voten durante las elecciones generales.

Esta desconfianza se refleja a través de la apatía electoral, los triunfos con menos del 50% de los votos y el voto a alternativas distintas en las papeletas.

Este nuevo patrón electoral podría desembocar en dos resultados que estarán por verse. Uno es que surjan nuevas opciones político-partidistas a raíz del voto protesta. El otro es que según ciertos partidos ganen con menor cifra de votos, gobernaran con poca legitimidad sólo para unos cuantos, dijo el investigador.

“Lo que pasó el domingo es en realidad la gota que colmó no la copa, sino un jarrón de problemas y de confianza”, sentenció.

El año pasado —precisamente en agosto— el Tribunal Supremo tuvo ante sí la decisión de dejar o no al actual precandidato a la gobernación por el PNP, Pedro Pierluisi Urrutia, en La Fortaleza, a pesar de no haber sido confirmado como secretario de Estado por el Senado. Esto ocurrió justo después del verano del 2019 en el que el pueblo sacó de su silla al entonces gobernador, Ricardo Rosselló Nevares.

El psicólogo clínico-comunitario y coordinador del Comité Voto Conciencia de la Asociación de Psicología de Puerto Rico, Eduardo Lugo Hernández, coincidió y explicó que la confianza de la ciudadanía hacia sus instituciones gubernamentales se ha minado con los años por el mal manejo de las emergencias tras el huracán María, los temblores y la pandemia.

Esta desconfianza que se ha generalizado poco a poco podría desembocar en rabia y en desesperanza.

Sin embargo, la manera en la que la persona se sienta puede variar de persona en persona, acotó.

“Es importante que podamos tener un gobierno transparente, que tenga algo en concreto y sepa llevar algo al pueblo, que puedan llevar de manera eficiente esos planes para que podamos fomentar el bienestar integral de las personas”, reflexionó Lugo Hernandez.

En estos momentos, los ciudadanos continúan a la espera de lo que decida el máximo foro judicial.

Mientras, cada hora las tensiones incrementan a medida que los electores, los candidatos y los que ostentan puestos políticos observan cómo se extiende la espera. 

Por su parte, el catedrático asociado del Programa de Ciencias Políticas del Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico, Jorge Schmidt Nieto, puntualizó que lo que ocurrió el domingo es histórico.

“Fue insólito”, mencionó el catedrático. “No tiene comparación. Esto nunca había pasado”.

La suspensión de las primarias el domingo mientras miles de electores votaban por sus candidatos favoritos simplemente acentúa la poca credibilidad que le restaba a las instituciones gubernamentales en Puerto Rico a juicio de la ciudadanía, aseguró.

No obstante, la gravedad tras lo ocurrido es que a muchos no les sorprendió el colapso de la CEE. Esto es grave porque revela que es tan solo una secuela de múltiples errores que se han cometido en el transcurso de las décadas, acotó. Es una estocada a la solidez de las instituciones gubernamentales.

El reto tras la suspensión es que ahora las elecciones no terminarán el día en el que el Tribunal Supremo opte por continuarlas, mencionó el catedrático. Quien gane aún tendrá poca legitimidad que será usada  para cuestionar sus decisiones. 

“No necesitaríamos un gobierno si fueran ángeles quienes nos gobernaran, pero como no nos gobiernan ángeles, sino personas, necesitamos instituciones muy fuertes que controlen los impulsos negativos que van a tener eventualmente”, reflexionó.