El alcoholismo tiende a afectar más duramente a las personas con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), no solo por factores neurológicos, sino también por aspectos culturales y conductuales que muchas veces pasan desapercibidos, explicó el Dr. José Alvarado Méndez, director del programa PITIRRE y catedrático universitario. 

El alcohol es un depresor del sistema nervioso. En el caso del TDAH, el cerebro corre más rápido que el de otras personas. Así que cuando una persona con TDAH consume alcohol, muchas veces lo que está buscando es reducir esa velocidad, calmar la mente. El alcohol les da una falsa sensación de tranquilidad”, explicó.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que afecta el funcionamiento ejecutivo del cerebro, explicó el doctor Randy Morán Ramos, psicólogo clínico especializado en adicciones.

Indicó que la impulsividad, la necesidad constante de estímulos y la baja tolerancia a la frustración llevan a muchas personas a usar el alcohol como un mecanismo de escape rápido. Aunque inicialmente puede parecer que alivia el malestar, el alcohol interfiere con los tratamientos médicos y empeora los síntomas centrales del TDAH, como el insomnio, la desorganización y la dificultad para concentrarse.

Morán Ramos especificó que las personas con TDAH “no solo tienen problemas para enfocarse, sino también para detenerse, organizarse y pensar en las consecuencias de sus actos”. A esto se le suman las dificultades que enfrentan en la autorregulación emocional, el control de impulsos y la planificación que las hace especialmente vulnerables al consumo problemático de sustancias, como el alcohol.

En esta línea, el doctor Billy Santiago Bermúdez, psicólogo clínico y consejero en adicciones con más de 20 años de experiencia y docente universitario en salud mental, es imprescindible considerar el impacto que tiene el TDAH en la autorregulación emocional. 

Muchas personas con TDAH enfrentan una montaña rusa afectiva. La intensidad de sus emociones, sumada a una baja tolerancia a la frustración, crea un terreno fértil para conductas evasivas como el consumo de alcohol”, explicó en sintonía con Morán Ramos.

Para Santiago Bermúdez, el alcohol opera como un regulador improvisado. 

“Muchos adolescentes y adultos con TDAH recurren al alcohol no por diversión ni presión social, sino como una vía para calmar su mente hiperactiva o silenciar estados emocionales incómodos. Es una forma de automedicación que inicialmente puede parecer efectiva, pero que a mediano plazo solo agrava el problema”, destacó.

Las personas con TDAH tienen el doble de riesgo de desarrollar problemas de abuso o dependencia de sustancias, especialmente alcohol”, advirtió Santiago Bermúdez. 

El experto aseguró que el riesgo se agrava si el diagnóstico no se atiende desde la infancia. 

Evidencia epidemiológica respalda esta relación: estudios muestran que hasta un 43% de los adultos con TDAH presentan también consumo problemático de sustancias, frente al 3% al 11% de quienes no tienen el diagnóstico, señaló Santiago Bermúdez. Esta predisposición se explica en gran parte por la impulsividad, la baja autorregulación emocional y la necesidad de gratificación inmediata. 

El TDAH no es un cerebro apagado; es un cerebro hiperactivo que busca evitar el dolor y maximizar el placer, lo que lo hace muy sensible al efecto de sustancias como el alcohol”, puntualizó el especialista.

Cómo interpretan el alcohol las personas con TDAH

El alcohol, al activar el circuito de recompensa cerebral, ofrece un alivio temporal que muchas personas con TDAH interpretan como funcional, indicó Santiago Bermúdez. De ahí que se use como una forma de automedicación emocional, especialmente cuando hay comorbilidades como ansiedad o depresión. Sin embargo, este uso no solo es ineficaz, sino también peligroso.

El alcohol interfiere con los tratamientos farmacológicos y puede potenciar los efectos adversos, sobre todo si se combina con ansiolíticos o antidepresivos”, dijo.

Además del efecto químico, hay un componente conductual que agrava el vínculo entre TDAH y el consumo problemático, donde la impulsividad juega un rol bien importante, continuó Alvarado Méndez. 

Si yo quiero algo, como una cerveza, lo quiero ahora. No pienso en las consecuencias. No pienso si voy a guiar bajo los efectos, si voy a tener una pelea o si voy a perder el control”, ejemplificó al subrayar la necesidad de gratificación instantánea, la dificultad para esperar o seguir instrucciones. 

Todo eso se refleja en la manera en que consumen alcohol, añadió.

De hecho, la recuperación del alcoholismo es especialmente difícil en personas con TDAH. Morán Ramos explicó que sus cerebros tienen una menor capacidad para experimentar placer de manera natural, lo que hace más tentadora la búsqueda de gratificación inmediata, como la que ofrece el alcohol. Detalló que el sistema de recompensa está alterado, por eso el riesgo de recaída es alto si no se trata el TDAH de forma integral.

Mientras, para Santiago Bermúdez, en muchos casos, los síntomas pasan inadvertidos o se confunden con conductas rebeldes, lo que retrasa el acceso a un tratamiento adecuado. 

Es frecuente que estas personas lleguen a la consulta por problemas de consumo, sin que nadie haya identificado que en el fondo hay un TDAH sin tratar”, advirtió.

Por este motivo, en términos de tratamiento, Alvarado Méndez puntualizó la necesidad de abordar el consumo y el diagnóstico de manera simultánea. 

“No se puede tratar solo el TDAH sin mirar el uso de sustancias, ni al revés. La intervención tiene que ser concurrente, porque si se trata un área y se ignora la otra, el problema persiste”, opinó al señalar la importancia de un enfoque multidisciplinario de tratamiento.

En Puerto Rico, desde la experiencia clínica de Alvarado Méndez, mucha gente no ve el alcohol como una sustancia problemática. Si no beben todos los días, piensan que no hay problema, precisó.

“No se trata de la frecuencia, sino de los efectos. Si cada vez que bebes, pierdes el control, agredes, manejas bajo efecto o maltratas, eso ya es un uso problemático. Consecuentemente, se normaliza, porque todo se celebra con alcohol. Si te va bien, bebes. Si te va mal, bebes también”, aseguró.

Etiquetar a estas personas como simplemente adictas ignora su complejidad emocional y neurológica. La empatía y el diagnóstico temprano son claves para romper el ciclo entre TDAH y consumo problemático”, concluyó Santiago Bermúdez.