Decidir es un ejercicio constante en la vida. Las elecciones van desde lo inmediato hasta lo trascendental. Expertos consultados definen este proceso como la capacidad de evaluar alternativas, ponderar riesgos y asumir consecuencias en función de metas y valores personales. Inciden múltiples variables, como la edad de la persona y la naturaleza de la situación. Pero, cuando la indecisión se vuelve paralizante, recurrente o afecta la vida personal o laboral, los especialistas recomiendan buscar apoyo profesional.

“Para hacer una decisión de forma adecuada y buena hay factores que considerar, como el tipo de información (que se tiene de antemano), que debe ser fidedigna, lógica, clara, concisa y de utilidad para poder lograr una buena determinación”, comentó el doctor José Rodríguez, catedrático del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico (UPR), recinto de Río Piedras.

Una pieza clave, advirtió el sociólogo, es la actitud que tenga la persona. Al respecto, explicó que los reconocidos psicólogos sociales Richard E. Petty y John T. Cacioppo definen a la actitud como “un sentimiento bueno o malo que perdura por un tiempo”.

“Puedes tenerlo todo, pero sin actitud las cosas se pueden complicar. Sin voluntad para ejecutar la acción, nos quedamos atrás”, sostuvo.

Dentro de ese proceso evaluativo, comentó, la persona debe considerar que la decisión que tome debe ser de beneficio, no solo a nivel individual, sino colectivo, ya que las personas a su alrededor también se pueden afectar con su elección.

Además de elementos emocionales, Rodríguez advirtió que en esta dinámica también es importante considerar el tiempo, pues, en muchas ocasiones, si la decisión no se ejecuta en un lapso determinado, podrían surgir problemas. Además, en la etapa evaluativa urge reflexionar sobre posibles implicaciones posteriores, igualmente, tanto para la persona como para su círculo alrededor.

“¿Cómo sabemos si es una buena decisión? Por las implicaciones favorables (que resulten posteriormente), que se espera sean beneficiosas y pro-sociales, adecuadas a la situación”, dijo.

“Claro, algunas situaciones de vida pueden no tener una solución fácil y se tiene que trabajar en el proceso, que a veces puede durar mucho tiempo”, agregó.

Como ejemplo, mencionó a las enfermedades crónicas y su desarrollo posterior, incluyendo su tratamiento. En situaciones similares, resaltó, es muy importante el elemento motivacional, qué impulsa a la persona a seguir adelante. Subrayó, además, que se ha validado científicamente que la disposición positiva que asuma la persona en estos escenarios puede ayudarle a superar un pronóstico, incluso fatal.

Los médicos sabemos que, cuando hay un (diagnóstico de) cáncer, las personas con depresión mueren antes, mientras que los que asumen una actitud positiva y deciden seguir adelante viven más”, expresó.

Por eso, insistió, es importante que en ese período predecisional la persona evalúe lo que resulte más beneficioso para su vida. Y, aunque comentó que todo el mundo tiene la capacidad para la toma de decisiones, reconoció que hay factores que se convierten en dificultades, como situaciones de vida y la misma predisposición.

Hay personas que la vida les da bien duro, pero echan adelante. ¿Por qué? Porque tienen una autoestima alta y una actitud positiva. Algunos piensan también que ayuda el elemento espiritual-religioso. Y también los grupos de apoyo”, indicó.

No obstante, Rodríguez señaló que cuando la persona se enfrenta a elementos limitantes que le dificultan ese proceso de toma de decisiones, debe consultar ayuda, incluyendo terapia psiquiátrica, psicológica, trabajo social clínico o consejería pastoral, entre otros expertos de la conducta humana.

Proceso estructurado

La Asociación Americana de Psiquiatría (APA) define a la toma de decisiones como “el proceso cognitivo de elegir entre dos o más alternativas, que van desde lo relativamente claro (como pedir una comida en un restaurante) hasta lo complejo (como seleccionar una pareja)”.

El doctor Víctor García Toro, catedrático jubilado de la Escuela Graduada de Trabajo Social de la UPR, explicó que en la toma de decisiones hay un proceso estructurado. No obstante, recalcó que no siempre se sigue por una variedad de factores, incluyendo la prisa.

El primer paso, informó, es identificar el problema, definir “con qué estoy bregando”. Luego, dijo, se debe buscar información que ayude en la toma de decisión, a la solución de ese problema. Sin referentes, resaltó, se dificulta esa evaluación. En tercer lugar, comentó, se generan y evalúan las posibles alternativas, se observa el panorama. Luego, se determina la mejor opción.

Y, aunque coincidió en que todos tienen la capacidad para ejecutar este proceso, García Toro comentó que hay personas que no están entrenadas para la solución de problemas. 

Entre las variables que intervienen, mencionó el género de la persona ya que, según comentó, por patrones de crianza diferentes, se espera que los hombres sean más rápidos en la toma de decisiones, aunque las mujeres podrían ser las mejores preparadas para desarrollar este proceso. La edad también debe considerarse, aunque también destacó que personas más jóvenes pueden tener una mejor capacidad que otros más adultos. Y viceversa.

El contexto o aspectos vinculados al momento del problema también es un elemento importante, así como la religión, ya que podría haber contextos religiosos que lo dificulten. Como ejemplo, mencionó la terminación de un embarazo o la denuncia de maltrato a menores. En estos escenarios, indicó, la persona muchas veces se enfrenta a la disyuntiva de si proceder o no con la denuncia, especialmente cuando hay personas allegadas involucradas, por ejemplo, un vecino, familiar o compañero de trabajo.

El estatus económico de la persona también incide en el proceso que, según indicó, “no es tan simple como parece”. 

“Muchas veces la complejidad del proceso demora las acciones”, indicó.

“Otro (factor a considerar) es el tipo del problema. Por ejemplo, violencia familiar, abuso de menores. Son cosas que no se deben dejar pasar. El tipo de problema es fundamental en cómo las personas actúan. Y muchos piensan que no les corresponde (actuar) porque, por ejemplo, si implica hacer una denuncia podrían pensar que no les van a hablar más o que van a decir que es un chota”, añadió.

Por otra parte, el trabajador social señaló entre los factores que también inciden al estado de salud mental de la persona. Esto, dijo, puede en ocasiones agravar la toma de decisiones y podría también incidir en tomar decisiones rápidas, distorsionadas y no adecuadas. 

“Hay complejidad en estos procesos. Muchos no consideran evaluar todo esto que incide en la toma de decisiones”, dijo.

Entre los profesionales de la salud mental que pueden ayudar en este proceso, mencionó psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, médicos y personal de enfermería. También, líderes comunitarios, grupos religiosos, organizaciones sin fines de lucro y mediadores, así como personas con la madurez y capacidad para “dar un buen consejo”.

“En conclusión, es un proceso que parece simple, pero es sumamente complejo y no todos tienen la capacidad para tomar la mejor decisión”, concluyó.