En una era en la que las distracciones están al alcance de una notificación o un click, también es común escuchar “tengo ADD” o déficit de atención. Sin embargo, aunque similares en los efectos del desempeño de ciertas tareas, hay una diferencia clínica entre la causa de la falta de concentración por distracciones y el trastorno por déficit de atención (ADD, por sus siglas en inglés).

El trastorno por déficit de atención es una condición neurobiológica tipificada dentro del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Quinta Edición (DSM-5). Por otra parte, la falta de concentración la pueden causar factores, como la ansiedad, el uso excesivo de equipos electrónicos, factores externos, falta de interés en las tareas que desempeña, entre una infinidad de factores.

“Aunque la distracción puede ser parte de nuestras vidas, ya cuando los procesos de atención, concentración, organización, persistencia, empiezan a tener dificultades más significativas o pueden tener un nivel de disfunción en la persona que lo afecte en su diario vivir, pues ya pudiéramos sospechar de la posibilidad de déficit de atención”, explicó Enrique Gelpí Merheb, psicólogo clínico de niños y adolescentes.

Los procesos de atención y concentración son parte de una dinámica completa, detalló Gelpí Merheb. La atención, por una parte, es la capacidad de enfoque en un estímulo durante un momento determinado y la concentración es cómo se sostiene la atención en un tiempo prolongado para completar una tarea, explicó.

“Yo tengo una tarea de 10 problemas de matemáticas que tengo que terminar en un tiempo en específico. Primero, tengo que atender al problema que tengo al frente, para evaluar con qué metodología tengo que hacerlo, pero a la misma vez me tengo que concentrar por bastante tiempo para utilizar ese proceso, resolver ese problema y que me diga ese lóbulo frontal: ‘Espera, te quedan nueve problemas más’”, ejemplificó.

“En el caso del ADD, por ser una condición que tiene la persona, lo vamos a ver con más consistencia. Distracción ocasional podemos tener todos, de hecho, podemos ir a una reunión y está aburrida y nos distraemos, porque no es de nuestro interés. En el caso de ADD, puede sí ser de tu interés y a ellos dificultarse el ellos poder prestarles la atención que quieren”, aseguró Alice Pérez Fernández, psicóloga y coordinadora del Comité de Promoción del Desarrollo de la Niñez de la Asociación de Psicología de Puerto Rico (APPR).

A ambos sí puede afectar, pero la manera en que los afecta es distinto porque en un caso es más circunstancial (refiriéndose a la falta de concentración) y en el otro lo tenemos presente todo el tiempo (refiriéndose al ADD)”, indicó Pérez Fernández.

Aunque un diagnóstico de ADD puede ocurrir en la adultez, se observa con mayor frecuencia en la niñez, agregó.

Según el más reciente estudio de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA), del total de menores diagnosticados con algún trastorno de salud mental, el 41 por ciento recibía servicios por déficit de atención e hiperactividad y el 26 por ciento recibía atención por déficit de atención junto a otros diagnósticos. Estas dos categorías obtuvieron los porcentajes más altos entre otros trastornos de la salud mental.

Por otra parte, de las “Conductas que Preocupan del Menor que No Ha Sido Referido a Servicios de Salud Mental”, en Puerto Rico el 5 por ciento de los niños bajo esa categoría presentan problemas de atención; el 7 por ciento exhiben uso exagerado de tecnología y el 48 por ciento muestran hiperactividad, entre otras. El estudio también señala que casi una cuarta parte de los menores manifestaba más de una conducta que preocupaba a las madres, padres o encargados.

Cómo se diagnostica el déficit de atención

Según Gelpí Merheb, para diagnosticar a una persona con déficit de atención, se deben evaluar 18 criterios que esboza el manual de DSM-5, nueve relacionados a la concentración y otros nueve con la impulsividad.

Según los expertos, el que un menor presente uno de los varios síntomas en un escenario particular, no necesariamente representa un diagnóstico de déficit de atención; sin embargo, se debe observar el conjunto de síntomas y dónde ocurren.

Dos de los criterios para diagnosticar a una persona con el trastorno por déficit de atención es que la sintomatología persista por más de seis meses y que estén presentes en más de un escenario, de solo estar presente en un espacio, sería falta de concentración circunstancial, explicó la psicóloga.

En el caso de personas con déficit de atención, el estrés es un agravante para la condición.

“Eso dificulta su cuadro clínico y el tratamiento tiene que ser más abarcador”, dijo.

Aunque ambos, el trastorno por déficit de atención y la falta de concentración pueden provocar complicaciones similares en una tarea determinada, la raíz de ambos problemas es distinta. El trastorno por déficit de atención es una condición clínica, mientras que la falta de concentración podría surgir de una amplia gama de factores, como las circunstancias o la falta de interés, coincidieron los expertos.