Los trastornos de ansiedad, de las condiciones más comunes de la salud mental, no conocen perfiles, géneros y mucho menos edades, ya que pueden presentarse tan temprano como en el desarrollo de una persona y provocar preocupaciones y miedos que interfieren con su calidad de vida cotidianamente. En casos en los que la ansiedad es crónica o severa, aumenta, incluso, el riesgo de suicidio entre los individuos.
Se estima que hasta un 25 por ciento de las personas experimentan un trastorno de ansiedad en algún momento de su vida y las causas atribuibles a éstos son el resultado de una compleja interacción de factores sociales, psicológicos y biológicos.
De acuerdo con el doctor Domingo Marqués, psicólogo clínico y catedrático de la Universidad Albizu, estudios han demostrado que hasta el 11.5 por ciento de los intentos de suicidio son atribuibles a trastornos de ansiedad, independientemente de otros factores de riesgo.
En Puerto Rico, un archipiélago en el cual aproximadamente el 18 por ciento de la población padece de ansiedad, se subraya la importancia de abordar este problema de salud mental, ya que la combinación de ansiedad con otros factores, como la depresión o el uso problemático de sustancias, puede incrementar aún más el riesgo de morir por suicidio, recalcó el especialista en salud mental.
Y es que pese a que el suicidio se ve asociado principalmente a los trastornos de ánimo, experimentar cualquier trastorno psiquiátrico, incluyendo la ansiedad, aumenta el riesgo al suicidio, explicó la doctora Karen Martínez, psiquiatra de niños y adolescentes y directora del Departamento de Psiquiatría del Recinto de Ciencias Médicas.
“La ansiedad causa unas sensaciones físicas de incomodidad que puede llevar a la desesperacion de no ver ninguna salida y considerar el suicidio. Además, los trastornos de ansiedad ocurren frecuentemente en conjunto con la depresión”, describió la psiquiatra.
El suicidio es la tercera causa de muerte violenta en la Isla. Desde el año 2000 hasta enero de 2025, se han reportado un total de 7,148 suicidios en Puerto Rico, con un promedio anual de 289 suicidios. El 85 por ciento de estos ocurre en hombres, destacan los datos de la Comisión para la Prevención del Suicio, adscrita al Departamento de Salud.
Según las estadísticas del Negociado de la Policía, en los primeros dos meses del 2025, 39 personas habían fallecido por causa del suicidio, lo que refleja un aumento de hasta 12 casos en comparación con el año pasado.
Un nuevo caso trastoca la herida colectiva que este problema de salud pública está dejando en el país, con la muerte de un joven de 24 años, residente de Maunabo. Alegadamente este hombre experimentaba ansiedad desde muy temprana edad.
El doctor Dimas Javier Tirado Morales, psiquiatra especializado en población pediátrica y adultos, mencionó que diversas investigaciones demuestran un vínculo entre la ansiedad y el riesgo de suicidio.
En el 2010, por ejemplo, un estudio publicado demostró que más del 70 por ciento de las personas participantes (con intento suicida) tenían un trastorno de ansiedad. El estudio precisa que, específicamente el trastorno de pánico y el trastorno de estrés postraumático (que ya no es catalogado un trastorno de ansiedad desde la actualización del libro DSM-5, más se considera un trastorno aparte) fueron asociados -independientemente- con intentos suicidas, dijo el psiquiatra.
“Otro estudio, del 2013, pudo comprobar que todos los trastornos de ansiedad, excepto agorafobia, tienen un riesgo mayor de ideación e intentos suicidas. Las razones de por qué un trastorno de ansiedad puede llevar al suicidio son varias y pudieran incluir que la persona se sienta abrumada por la ansiedad, que es un sufrimiento diario o frecuente y que le provoca distorsiones en su pensamiento como que su vida no va a mejorar”, describió.
“Además, personas con trastornos de ansiedad pueden recurrir a comportamientos detrimentales a su salud, como uso de alcohol y/o drogas, lo que puede exacerbar los pensamientos suicidas”, agregó.
Según Marqués, las investigaciones indican que existen alteraciones neurobiológicas en personas con conductas suicidas, incluyendo desequilibrios en neurotransmisores como la serotonina, que está relacionada con la regulación del estado de ánimo y el control de impulsos.
También se han observado cambios en la actividad de áreas cerebrales como la corteza prefrontal, responsable de la toma de decisiones y la planificación, lo que puede afectar la capacidad de evaluar situaciones y considerar alternativas, afirmó el psicólogo clínico.
Aun cuando el suicidio no se pueda predecir, se pueden identificar factores de riesgo y trabajar con los mismos. Asimismo, hallar a tiempo un tratamiento adecuado, recordó la doctora Martínez.
“Las condiciones de salud mental son condiciones que toman entre 9 meses a 1 año llevarlas a control de síntomas. Los tratamientos, por lo tanto, necesitan sostenerse por al menos 1 año para lograr control de los síntomas y prevenir un nuevo episodio de síntomas”, mencionó.
“Los trastornos de ansiedad son las condiciones que mejor sabemos tratar y existen tratamientos, como la terapia cognitiva conductual, que pueden llevar a tener la condición completamente bajo control. El tratamiento efectivo, enfocado en llevar al mejor control posible de los síntomas, definitivamente salva vidas”, puntualizó.
Por su parte, el doctor Tirado Morales dijo que se pueden salvar vidas todos los días; en hogares, escuelas, universidades, lugares de trabajo, oficinas médicas, centros comerciales, establecimientos de comunidades, etcétera.
Por su parte, Marqués recordó que es esencial abordar el tema del suicidio con responsabilidad, especialmente en los medios de comunicación y las redes sociales, ya que la forma en que se informa sobre estos casos puede influir en comportamientos imitativos. Un fenómeno conocido como Efecto Werther o contagio psicológico suicida. Por ello, se recomienda evitar detalles específicos sobre el método, compartir notas o cartas de despedida, no sensacionalizar la noticia y proporcionar información sobre recursos de ayuda, recomendó.
Asimismo, se debe combatir el estigma asociado a la salud mental. Comentó, a modo de ejemplo, que muchos padres pueden temer que un hijo (con pensamientos suicidas) refleje negativamente en su rol como progenitores. Sin embargo, es crucial entender que los trastornos mentales son condiciones que requieren atención y apoyo, y buscar ayuda es un acto de amor y responsabilidad, planteó.
Siendo el suicidio un fenómeno multifactorial, para Tirado Morales, el rol colectivo no debe dejarse de un lado, ya que las personas pueden ser parte de la red de apoyo de alguien, provocar cambios en los gobiernos y comunidades; con el fin de que otros tengan la oportunidad de vivir una vida digna.




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