Empezar la vida universitaria, para algunos, puede percibirse como libertad e independencia. Sin embargo, la transición representa cambios significativos en el aspecto académico, social y personal. Por eso, el apoyo de padres y cuidadores a los hijos podría hacer la diferencia, reiteran especialistas.
Para algunas familias, graduarse de escuela superior e ingresar a la universidad es un logro de mucha importancia. Especialmente en Puerto Rico, cuyas ideas tradicionales de éxito y triunfos profesionales dependen de esto. No obstante, detrás de expectativas llenas de positivismo, hay un proceso de adaptación que puede resultar más complejo de lo que aparenta.
Según la doctora Stephanie Acevedo Rodríguez, psicóloga escolar y especialista en consultoría e investigación, el cambio conlleva múltiples desafíos emocionales que no suelen ser visibles para los padres y cuidadores. La literatura los identifica en cuatro áreas principales: lo académico, las finanzas, las relaciones sociales y el equilibrio entre la vida personal y profesional.
“Todas estas áreas pueden afectar el estado emocional de los jóvenes universitarios porque son cambios drásticos en círculos sociales, expectativas del ambiente, toma de decisiones, responsabilidades y en algunos casos hasta vivienda”, aseguró.
En este mismo contexto, la licenciada Bárbara Álvarez, psicóloga escolar, dijo que suelen comenzar a experimentar ansiedad por el rendimiento académico, dificultad para adaptarse a nuevos entornos y, en muchos casos, sentimientos de soledad.
Pero, sobre todo, hay sentimientos de frustración, al descubrir que la vida adulta requiere de un buen manejo de tiempo, disciplina, tomar de decisiones y ser tolerante a los retos que pueden enfrentar.
“Es una etapa de mucho crecimiento, pero también de mucha vulnerabilidad emocional”, sostuvo.
Ante esto, hay indicadores de que un alumno o alumna está enfrentando desafíos en el proceso como lo son las dificultades con las notas y aspectos académicos, de acuerdo con Acevedo Rodríguez.
Pero, ojo, que el bajo rendimiento académico no tiene que ver necesariamente con que este joven no tenga las competencias para lograr aprobar sus clases, “sino puede ser signo claro de que hay algo en una u otra de las áreas de cambio que se mencionaron anteriormente (emocional, social, financiero, académico) que está viéndose afectada”, dijo.
Otra señal de alerta son los cambios en la conducta usual, como dejar de disfrutar las actividades que antes le aparecían y/o que se aísle de familiares y amigos.
Álvarez mencionó, asimismo, alteraciones del sueño o apetito, expresiones frecuentes de sentirse triste, capaz o abrumado, pero sobre todo si el hijo o hija evita hablar de la experiencia universitaria, crisis de llanto, ansiedad intensa o pensamientos negativos sobre ellos mismos.
Y aquí, es en donde papá, mamá y/o cuidador deben ejercer su rol como red de apoyo, pues en ocasiones no lo expresan directamente, enfatizó la psicóloga.
“Los padres deben validar las emociones de sus hijos. A veces, con la intención de ayudar, suelen minimizar diciendo ‘eso es normal’ o ‘tú puedes con eso’, pero lo que necesita es sentirse escuchado antes de ser corregidos por cómo siente o piensa. Es importante fomentar una comunicación abierta y sin juicios”, aconsejó.
Por su parte, Acevedo Rodríguez dijo que estos deben crear vínculos claros y de confianza con sus hijos antes de dar ese cambio a la vida universitaria. Que se priorice, por ejemplo, el orientarlos y nombrar algunos de los problemas con los que se podrían encontrar en el trayecto o qué cosas pueden ocurrir, para que haya un entendimiento de que son retos de la vida.
Además, considerar orientación o para búsqueda de ayuda profesional cuando el diálogo en familia -por sí- solo no está siendo suficiente.
“Recomiendo que juntos, antes de comenzar la transición a la vida universitaria, identifiquen si la universidad cuenta con programas de salud mental para estudiantes o buscar un proveedor que pueda atender las necesidades de su hijo de ser necesario. Si su hijo o hija es propenso a crisis emocionales también recomiendo tener accesibles en sus teléfonos las líneas de ayuda”, sostuvo.
¿Pero existe una mejor manera correcta para intervenir o ayudar a un hijo en esta transición?
Según la doctora, cuando se deja saber claramente que se puede contar con los padres y existe una comunicación sin juicios, sí podría tratarse de una forma adecuada de intervenir y/o ayudarles.
Pero, si existen juicios o discusiones por quizá una nota o una decisión errónea, puede ser difícil.
Comenzar la universidad puede ser abrumador
“Comenzar la universidad es un hito emocionante, pero también puede resultar abrumador. Es posible que los jóvenes se sientan inseguros mientras se adaptan a vivir lejos de casa, a gestionar sus responsabilidades por su cuenta, a construir nuevas redes sociales y, al mismo tiempo, a balancear las exigencias académicas. Si bien esta etapa está llena de oportunidades de crecimiento, también es un momento en el que suelen surgir problemas de salud mental”, reiteró la doctora.
Dijo que, las investigaciones confirman que algunos estudiantes experimentan depresión, ansiedad y estrés durante su primer año. Sin embargo, estos sentimientos no son un signo de debilidad, sino una respuesta natural a una transición exigente.
Finalmente, Álvarez, enfatizó en que la mejor intervención no es el control, sino el acompañamiento y la responsabilidad recae sobre los adultos, quienes deben entender que los jóvenes están creando su autonomía. Los padres, madres y cuidadores deben convertirse en una base segura y estar disponibles para escuchar, orientar y aconsejar, sin evadir.
Además, hacer preguntas desde el interés genuino y no la presión, pues suele suceder.
“Por ejemplo, preguntar: ‘¿Cómo te has sentido?’ en lugar de la interrogante típica de: ‘¿Cómo te fue en la clase?’”, aconsejó.
“Sobre todo hay que respetar el hecho de que los hijos se equivocan, ya que forma parte del proceso de madurez y crecimiento de ellos”, concluyó la psicóloga escolar.





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