Son muchos los factores que afectan el desarrollo de la niñez y juventud en Puerto Rico. Durante los pasados años este sector ha enfrentado huracanes, terremotos, crisis económica y la pandemia del COVID-19. A esto le añadimos los eventos sociales y factores biológicos típicos del desarrollo que marcan la trayectoria de vida de la niñez y juventud. Las consecuencias actuales y a largo plazo de estos factores deben ser de amplio interés para todos y todas. De manera anecdótica, y por el trabajo que realizo con niñez y juventud en diversos espacios, me consta que los eventos atmosféricos y socioeconómicos han dejado una profunda huella en su educación y el desarrollo socioemocional. 

Para poder entender en nuestro contexto sociocultural la influencia de estos eventos y determinar intervenciones para atender las necesidades de la niñez y juventud que vive en Puerto Rico, urge desarrollemos una agenda de investigación de país. Esta agenda debe unir a investigadores e investigadoras de la Universidad de Puerto Rico y de universidades privadas con el propósito de generar conocimiento que sirva también en la formulación de política pública y educativa y en la distribución de recursos económicos a agencias de gobierno y organizaciones sin fines de lucro que atienden las necesidades de esta población.

Algunas preguntas que debemos contestar son: ¿Cuáles son las consecuencias de la pobreza en el desarrollo integral de la niñez? ¿Cómo los eventos atmosféricos afectan la salud mental de la niñez y juventud? ¿Cuál es el impacto de experimentar traumas repetidos en el desarrollo socioemocional y en el aprovechamiento académico? ¿Qué efecto tiene la quema de carbón y los depósitos de cenizas en el desarrollo de la niñez desde la etapa prenatal? ¿Qué estrategias son efectivas para prevenir la deserción escolar? Estas investigaciones no solo deben analizar el efecto en el momento en que se hacen los estudios, sino que deben seguir a largo plazo a grupos de niñez y juventud para evaluar las secuelas prolongadas y la efectividad de intervenciones.

Este cúmulo de conocimiento será esencial para atender las necesidades de una niñez y juventud que han sido vulnerabilizadas. No podemos depender de conocimiento del exterior solamente para crear nuestras estrategias de intervención y de política pública. Debemos asumir acercamientos transdisciplinarios que puedan analizar estos fenómenos de manera compleja. Las universidades deben crear mecanismos de apoyo a proyectos de esta naturaleza con agendas concretas que informen al País. Además, alianzas entre investigadores e investigadoras para solicitar fondos para estas áreas de investigación urge. Incluso, urge la creación de un centro transdisciplinario de investigación de niñez y juventud que integre diversos saberes, incluyendo los comunitarios y los de la niñez y juventud. Los resultados de estas investigaciones deben diseminarse en revistas profesionales, pero aún más importante es que se divulguen al país, que se discutan con agencias públicas y organizaciones sin fines de lucro y que estas valoren estos resultados y recomendaciones para esbozar su agenda de trabajo. El bienestar de la niñez y juventud y, por ende, del País, depende de esta agenda.  

*El autor es Catedrático Auxiliar, Universidad de Puerto Rico Recinto de Mayagüez.