En Puerto Rico, el envejecimiento de la población plantea nuevos retos para el sistema de salud, particularmente ante el aumento de adultos mayores que viven con múltiples condiciones crónicas y necesitan varios medicamentos. El uso inadecuado de medicamentos tiene serias consecuencias en esta población. 

La Dra. Waleska Crespo Rivera, presidenta de la Universidad Central del Caribe (UCC), destacó la necesidad de actualizar los protocolos y de prestar mayor atención a la forma en que se manejan los tratamientos farmacológicos.

“Ciertamente en Puerto Rico el grupo poblacional de mayor crecimiento en los últimos años es el adulto mayor”, señaló Crespo Rivera, quien sostuvo que es necesario “entender cuál es el perfil del estado de salud del adulto mayor y cómo podemos manejarlos en términos de sus condiciones crónicas para mantener en el mayor grado posible su independencia”.

Uno de los principales riesgos está en la combinación de medicamentos. Crespo Rivera explicó que los adultos mayores pueden tener una mayor sensibilidad a determinados fármacos y que los efectos secundarios o las interacciones pueden provocar nuevas complicaciones. Entre ellas, mencionó el riesgo de caídas cuando una persona toma varios medicamentos que producen somnolencia. Una caída, advirtió, puede desencadenar fracturas, cirugías, pérdida de movilidad y otras complicaciones.

El problema del uso inadecuado de medicamentos “es grandísimo”

Para el psiquiatra geriátrico Fernando Entenza, el problema del uso inadecuado de medicamentos en adultos mayores no es nuevo ni responde únicamente a las particularidades de la vejez. Según explicó, se trata de un fenómeno que se ha desarrollado durante años alrededor de una expectativa de atención médica basada en encontrar soluciones farmacológicas rápidas para problemas como el insomnio, el dolor o las dificultades funcionales.

“El problema es grandísimo, ha sido evolutivo”, afirmó Entenza, quien señaló que muchas veces el paciente necesita o solicita una alternativa y resulta más fácil recurrir a medicamentos que inicialmente parecen útiles, aunque con el tiempo puedan generar más problemas de los que resuelven.

En Puerto Rico, uno de los principales focos de preocupación son las benzodiacepinas, según el psiquiatra. Entenza señaló que la isla presenta un nivel particularmente alto de recetas de estos medicamentos, utilizados principalmente para el sueño y la ansiedad a corto plazo. También, identificó los opioides como otra categoría de riesgo.

El especialista cuestionó especialmente la manera en que se aborda el insomnio en los adultos mayores. Explicó que dormir menos horas, despertarse durante la noche o tener un sueño más fragmentado puede formar parte de los cambios normales del envejecimiento y no necesariamente requiere tratamiento farmacológico.

“No hay ninguna razón para pensar que en Puerto Rico haya más problemas de sueño. Lo que hay es un problema de cómo se maneja el sueño”, sostuvo. A su juicio, el tratamiento debe comenzar con intervenciones conductuales y no farmacológicas.

El atractivo de las benzodiacepinas está precisamente en su rapidez. “Cuando funciona rápido y te hace dormir, aunque la calidad del sueño no sea bueno, es igual que el alcohol”, explicó. Estos medicamentos alteran la arquitectura del sueño y afectan las etapas profundas, fundamentales tanto para el descanso como para la consolidación de la memoria.

Entenza advirtió además que los efectos no se limitan al sueño. Según explicó, las benzodiacepinas pueden afectar la atención, la velocidad del pensamiento, la capacidad para tomar decisiones y otras funciones ejecutivas. Su uso prolongado también puede dificultar la retirada del medicamento y generar dependencia.

Asimismo, los cambios en las recetas representan otro riesgo. Crespo Rivera señaló que, cuando un medicamento es sustituido por otro, el paciente puede continuar tomando el anterior junto con el nuevo, especialmente si todavía conserva dosis en su hogar. A esto se suma el tiempo limitado de las consultas médicas y la escasez de profesionales de la salud.

Por eso, entiende que es esencial explicar al paciente qué medicamentos está tomando, para qué sirven y cómo debe utilizarlos. También, destacó la importancia de la llamada “reconciliación de medicamentos”, mediante la cual los profesionales revisan el tratamiento completo para identificar duplicidades, interacciones y medicamentos que ya no son necesarios.

El envejecimiento añade otro factor de riesgo: los cambios en la composición corporal pueden favorecer la acumulación de determinados medicamentos en el organismo. Un adulto mayor “no solamente está tomando la pastilla que se tomó hoy, sino que se está tomando todavía la pastilla de ayer, de antes de ayer y posiblemente antes”, explicó Enteranza.

El resultado puede ser un círculo difícil de romper, pues los medicamentos pueden empeorar la cognición, mientras el deterioro cognitivo puede aumentar la percepción del dolor y las dificultades para dormir, lo que conduce a un mayor uso de fármacos.

“Se convierte en un círculo vicioso de qué medicamento y envejecimiento producen problemas cognitivos que producen más sufrimiento con insomnio y con dolor llevando a más utilización de medicamento y ahí sigue el ciclo”, concluyó Enteranza.

El uso inadecuado de medicamentos también puede surgir por problemas de comunicación y seguimiento. “Uno, el adulto mayor a veces le damos tantas instrucciones y si vive solo, no tiene un cuidador, no tiene alguien en la familia que le dé apoyo, puede haber confusión cuando nos tenemos en multifármacos”, explicó.

Entre las señales de alerta del uso inadecuado de un fármaco, Crespo Rivera mencionó períodos más frecuentes de confusión, pérdida de habilidades, problemas de comunicación, exceso de sueño o insomnio después de comenzar un tratamiento. “Son síntomas que son importantes que los demos con el médico de cabecera del paciente”, afirmó.

Finalmente, Crespo Rivera subrayó que el cuidado debe involucrar a la familia y a distintos profesionales. “Como sociedad, nosotros además del respeto que le debemos a todos los seres humanos y la dignidad con la que debemos manejarlo, tenemos que reconocer que el adulto mayor sigue siendo importante en nuestra sociedad y no debemos marginarlo, simplemente por su edad”, puntualizó.