Cuando Alejandra Marie Hernández García tenía alrededor de 12 años fue violada por su abuelo. Tuvo un hijo. Ella y el niño fueron separados por un tiempo, cada uno como custodios del Departamento de la Familia. 

El abuelo de ella y padre del niño enfrentó juicio en aquel entonces en el Tribunal de Caguas y todavía extingue una condena de 35 años, confirmó a Es Mental el Departamento de Justicia.

Hernández García tiene 20 años y ahora enfrentará juicio por maltrato a menores y ley de armas. Permanece sumariada tras no poder prestar una fianza de un millón de dólares impuesta por una jueza del Tribunal de Bayamón. La fecha inicial del juicio sería el 8 de diciembre, pero fue pospuesto y aún no se ha fijado nueva fecha.

A finales de septiembre, el menor de ocho años llegó a su escuela en Toa Alta y su maestra de tercer grado y la trabajadora social notaron golpes en su cuerpo y una herida en la cabeza. Según se reportó, el niño primero alegó que fueron ocasionados por sus hermanos, que apenas superaban los dos años.

Sin embargo, luego señaló a su madre. El pequeño mostraba su ojo izquierdo morado, golpes en la frente y una herida abierta en la cabeza que, según el informe de la Policía, supuestamente fue perpetrada con un cuchillo. Se supo que el niño dijo haber sido atacado a puños en el cuerpo y golpeado con un cable. 

Zacarías Morales Burgos, de 26 años, pareja de Hernández García y padre de los otros dos hijos de la acusada, también fue arrestado por cargos de maltrato a menores y está en la cárcel a la espera de juicio tras no prestar la fianza de $250 mil.

Al menos desde un año antes del suceso, el Departamento de la Familia tenía conocimiento de imputaciones de maltrato hacia los menores en la residencia, según Justicia. Pero se desconoce qué ocurrió con la investigación y si se ofreció un plan de seguridad y servicios para los niños y los progenitores.

Familia estuvo custodiando a Hernández García durante su embarazo, producto de la violación de su abuelo, hace ocho años. Al nacer el pequeño, también pasó a ser custodiado por el Departamento de la Familia que, a pesar de múltiples intentos de Es Mental para obtener una entrevista sobre el caso, nunca contestó. El niño y la madre tenían contacto limitado bajo supervisión de la agencia.

Al momento del arresto, la subadministradora de la Administración de Familias y Niños, Glenda Gerena, dijo a el diario El Vocero que posterior a la agresión sexual, la madre participó de la escuela para padres, recibió terapia psicológica y al cumplir la mayoría de edad en 2019, el menor pasó a estar bajo la custodia de la ahora acusada. No se conoce mucho más sobre el plan de servicios y la extensión de este para ayudar a la madre en su adolescencia tras la violación.

En casos como este, donde la víctima de agresión sexual es una niña de alrededor de 12 años, el proceso de ayuda psicológica, emocional y de grupos de apoyo es de extrema importancia, según explicó a el psicólogo Joel Manzano, del Centro Salud Justicia en Caguas.

“Siempre la violencia sexual va a tener un efecto que quizás no lo vemos a corto plazo. Eso es lo que lo torna complejo. En otros casos lo vemos a largo plazo. Vemos ese efecto, así que la víctima necesita pasar por un proceso de ayuda, por un proceso de sanación para evitar que esas secuelas, ese impacto del abuso provoque otras situaciones ya sea a nivel emocional, a nivel físico, a nivel de la salud de la persona, a nivel cognitivo, a nivel de sus ideas, de sus contactos, de la realidad de sus pensamientos, en la formación de su personalidad”, precisó Manzano.

Añadió que cada caso es diferente y no existe un perfil general de la víctima. 

“Va a depender del entorno familiar, tomando en consideración la edad en que fuera el abuso, del tipo de abuso que se comete, pero todo eso está íntimamente ligado a la interpretación de la víctima”.

El psicólogo comentó que en algunos casos las víctimas pueden recibir ayuda temprana “y de momento llega a una etapa adolescencia o a una etapa de adultez temprana, y surgen unos retos, una experiencia que de momento hacen que esa memoria del trauma nuevamente surja y allá en casa o en la terapia hay que hacer nuevos ajustes ante las demandas que las etapas de desarrollo muchas veces nos anteponen”.

“La huella de la violencia sexual acompaña a esa víctima durante toda su etapa de desarrollo. Eso no significa que se va a dar una manifestación durante todas sus etapas de desarrollo, pero pueden surgir situaciones que hagan que la persona, dentro de su proceso de recuperación, dé un paso hacia atrás”, afirmó.

Si la víctima decide tener el bebé producto de la agresión sexual, “necesita un sistema completo de apoyo. No solamente una ayuda terapéutica, necesita un sistema familiar, un sistema comunitario que le brinde un apoyo durante todos esos años en los cuales esta niña va a desarrollarse junto con ese otro bebé. Tiene que ser un sistema bien fortalecido, saludable y funcional porque si no seguimos acumulando los estresores y esos que se acumulan muchas veces desencadenan reacciones que pudieran ser una respuesta al trauma”.

El Centro Salud Justicia atiende víctimas de agresión sexual y recientemente crearon en programa PUERTAS, que se especializa en esos grupos de apoyo de familiares, de amigos y de comunidad que son necesarios para complementar las terapias. Son estos los que mantienen cierta vigilancia sobre la víctima para reconocer cambios en su conducta y poder buscar la ayuda inmediata que necesite.