Cumplir con más de tres horas diarias en el gimnasio, practicar un régimen alimenticio fijado exclusivamente en proteínas y carbohidratos y ejercer esta rutina de manera obsesiva por tener un bajo autoconcepto fueron las características principales de la experiencia de un hombre con vigorexia, que prefirió no ser identificado.

Pero, ¿qué es la vigorexia? La vigorexia es la obsesión o el deseo por generar masa muscular y percibir una alteración de la imagen corporal sostenida, afectando los hábitos alimenticios y de vida.

En este caso, la persona describió haberle dado la bienvenida a la distorsión a través de su primera experiencia con el fisiculturismo.

Estableció que, por no tener experiencia con el ejercicio previo a esta vivencia, al inicio pudo constatar cambios físicos rápidamente. Sin embargo, al volver su nueva pasión en una rutina, recordó que no veía los resultados que quería con tanta facilidad.

Destacó que se volvió adicto a ver este progreso corporal. Asimismo, explicó que creó una dependencia con el gimnasio y ejercitarse de manera “extrema” diariamente, pues entendía que si no llegaba a su límite no iba a ver resultados.

Al no poder siempre percibir cambios al presentarse frente al espejo, expresó que manifestaba síntomas de ansiedad e irritabilidad. De manera similar, si no iba al gimnasio diariamente sentía una culpa que afectaba su estado de ánimo.

Las controversias salubristas que arropan a la vigorexia

El entrevistado dijo que, de acuerdo con su experiencia, el ambiente de un gimnasio puede facilitar o hacer más vulnerables a las personas a padecer de estas distorsiones, pues alegó que él no era el único que hacía ejercicios físicos por un exceso de horas.

Sin embargo, aunque hay estudios que incluyen a las horas cumplidas en el gimnasio como uno de los factores de alerta, según la psicóloga Norma E. Ramos Solla, la vigorexia no depende de las horas de ejercicio realizadas, sino que de la intención con la que se hacen. Asimismo otros expertos en el tema, a través de otras indagaciones, han presentado que este factor dificulta el poder establecer si se trata de un problema patológico. 

Añadió que el trastorno es mayormente visto en hombres entre las edades de 18 a 25 años. No obstante, alertó que, de suceder en edades más avanzadas, como desde los 25 a los 36, es más difícil superar el trastorno.

Mientras, la experta en salud mental deportiva detalló que inicialmente el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales, había categorizado a la vigorexia como una distorsión obsesiva compulsiva.

No obstante, ahora, a pesar de que queda descrito como un trastorno alimenticio junto a la anorexia, la bulimia, entre otros, quedan muchas interrogantes sobre el tema.

Según un estudio, entre los salubristas existen numerosos debates sobre la vigorexia, pues puede ser un trastorno obsesivo compulsivo como la adicción al ejercicio, un trastorno de conducta alimentaria o un trastorno de tipo cognitivo. 

Por su parte, Ramos Solla enfatizó en que la tipología de la vigorexia depende de lo que lo causó y el cuadro clínico del paciente previo a esta situación, de tener uno.

Algunos de los síntomas mencionados por la experta son el perfeccionismo, adicción a la actividad física, percepción distorsionada del propio cuerpo, pensamientos recurrentes en relación con lo físico, entre otros.

A pesar de que, en el caso de la persona entrevistada nunca consideró el uso de anabolizantes y esteroides, sí estimó que las personas con la vigorexia son más vulnerables a ello.

Por su parte, Ramos Solla concordó con el entrevistado y agregó que el uso de estas sustancias pueden agudizar más los síntomas y hacer más difícil el poder superarlo.

Repercusiones

A raíz de la vigorexia vivida, la persona entrevistada admitió experimentar varias lesiones que no atendió de manera correcta y haber sufrido los efectos del sobreentrenamiento. 

Explicó que, al ejercer tantas horas de ejercicio, por el cansancio y el agotamiento muscular, perdía su ritmo, técnica y postura, lo que facilitaba el lastimarse.

Mientras, la experta reiteró que la vigorexia desatendida médicamente puede exacerbar o provocar el surgimiento de distorsiones de salud mental.

Detalló que ejercer una cantidad excesiva de ejercicio puede hacer a una persona más vulnerable a la ansiedad generalizada, depresión, irritabilidad, entre otros factores.

Similarmente, el entrevistado, quien es graduado en derecho, estableció que la vigorexia afectó tanto su vida como estudiante como social.

Compartió que, a veces, por el agotamiento que implicaba su estilo de vida, se cohibía de compartir con sus amistades. Por otro lado, admitió que su sentido de culpabilidad por ir a ver a sus amistades, en lugar de estar en el gimnasio, obstruyó su paz mental al compartir con estas personas.

Aunque, inicialmente, su interés por tener más masa muscular nació por la presión social, las redes sociales y los estándares de belleza “irreales” establecidos por la sociedad, admitió que luego se convirtió en una competencia con él mismo.

Describió sentirse más agitado de lo usual y presentar malhumores, de no cumplir con sus exigencias diarias en el ejercicio.

Tratamiento

Ramos Solla estableció que el tratamiento para la vigorexia depende de qué lo causó y los síntomas que la persona está presentando. Dijo que todos los casos son diferentes.

Explicó que para muchas personas la raíz del problema es su autoestima y el tener un bajo autoconcepto, razón por la cuál, a menudo se procede a ejercer terapias que apuntan a ello.

En el caso estudiado, la persona describió cumplir con estas características. No obstante, también admitió que no recibió ningún tipo de tratamiento médico para su problema.

Ramos Solla explicó que, al los hombres ser la mayor parte de las personas con este trastorno, la comunidad reconocida por no buscar ayuda psicológica, y, por encima de esto, que se normalice el trastorno mediante el ambiente del gimnasio obstaculiza el que las personas sepan identificar el problema.

Concluyó en que, si la persona no acude a ayuda profesional, puede que, eventualmente, coja una pausa de hacer ejercicio, pero su relación con el mismo no va a cambiar.

De manera similar, la persona entrevistada estableció que, aunque actualmente no cumple con las horas que solía hacer en el gimnasio, aún al hacer ejercicio siente que, en gran parte, su motivación por ejercerla es por ver estas mismas mejoras físicas.

Igualmente, aceptó que, al ejercitarse, presenta síntomas de agresividad, agitación excesiva e irritabilidad, lo que la experta describió como efectos de no haber recibido tratamiento.

Por esto, matizó que, de sentirse identificado o identificada con cualquiera de los síntomas descritos anteriormente se deben de comunicar con un profesional de salud.