Conversamos por Facebook Live con las doctoras Alice Pérez Fernández y Melanie Acevedo Vélez, psicólogas clínicas, sobre cómo evitar que los sucesos violentos de estos tiempos nos abrumen, gracias al apoyo de FHC First Healthcare. ¡Sintoniza a través del Facebook de Es Mental o de FHC – Salud Mental!

El consumo constante de noticias violentas puede afectar la salud mental, por lo que es importante no saturarse con este tipo de contenido, que en estos tiempos inunda las redes sociales y los medios de comunicación con sucesos estremecedores tanto en Puerto Rico como en el exterior, coincidieron las psicólogas clínicas Alice Pérez Fernández y Melanie Acevedo Vélez.

La sobreexposición a estas noticias además impacta otras áreas a nivel físico y social de las personas, aseguró Pérez.

“La violencia no se limita a un acto individual o aislado, sino que es sistémica y estructural, enraizada en condiciones sociales, políticas y económicas. Esto incluye la violencia interpersonal (asesinatos, feminicidios), la violencia colectiva (genocidios, guerras) y la violencia institucional (militarización, desigualdad, racismo, pobreza). Cada noticia sobre casos como el asesinato de Gabriela Pratts en Aibonito, el genocidio en Gaza, o la remilitarización en Puerto Rico atadas a las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela, activan en la población sentimientos de indefensión, miedo, coraje e incertidumbre, que afectan directamente la salud mental de comunidades enteras”, sostuvo Pérez.

A nivel biológico, dijo que estas noticias generan una activación constante del sistema de estrés del organismo, lo que provoca la liberación de hormonas como el cortisol y la adrenalina, las que aumentan la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la tensión muscular. Esta activación prolongada, según explicó, altera el sueño, debilita el sistema inmunológico y se manifiesta en síntomas físicos, como dolores de cabeza, problemas gastrointestinales y fatiga. 

“Desde la dimensión social, la exposición continua a hechos violentos incrementa la percepción de inseguridad, fomenta la desconfianza en el entorno y puede llevar al aislamiento, reduciendo la interacción comunitaria y debilitando las redes de apoyo. Además, existe el riesgo de normalizar la violencia, viéndola como inevitable, lo que limita la capacidad de respuesta colectiva frente a la misma”, agregó Pérez.

En el plano emocional, sostuvo que “las noticias violentas generan ansiedad, miedo e hipervigilancia, así como tristeza y desesperanza ante la impotencia de los sucesos”. 

Además, Pérez sostuvo que “pueden producir ira o frustración al enfrentar injusticias constantes y, en algunos casos, síntomas similares al estrés postraumático en personas que no han vivido directamente la violencia, pero que la consumen de forma reiterada a través de los medios”.

En conjunto, estos efectos biológicos, sociales y emocionales muestran cómo la sobreexposición a noticias violentas deteriora el bienestar integral, por lo que se vuelve necesario implementar estrategias de autocuidado y regulación del consumo informativo para proteger la salud mental”, expresó.

Pérez describió los efectos de acuerdo a las etapas del desarrollo:

  • Niños y adolescentes: “Son particularmente vulnerables porque aún no poseen las herramientas cognitivas y emocionales para procesar la violencia. Pueden experimentar regresiones en el comportamiento, miedo a salir, dificultades académicas y síntomas de ansiedad. La exposición repetida a imágenes violentas puede normalizar la violencia o producir desensibilización”.
  • Adultos: “El consumo constante de noticias violentas puede generar ansiedad, depresión, estrés postraumático secundario y un aumento en la percepción de inseguridad. Se afecta el sueño, la concentración y la capacidad de proyectar esperanza hacia el futuro”.
  • Personas mayores: “En los adultos mayores, la sobreexposición incrementa sentimientos de vulnerabilidad y soledad, activa memorias traumáticas pasadas y aumenta el riesgo de aislamiento o depresión”.

“Las noticias sobre violencia o posibles amenazas (directas o indirectas), crea mucha inseguridad en el país, es innegable que afecte nuestra salud mental, generando tensiones, ansiedades, temores y sentirnos verdaderamente abrumados o desesperanzados; inclusive sobre la humanidad o el porvenir como nación”, dijo, por su parte, Acevedo Vélez.

Agregó que la exposición a estas noticias o vivirlo de cerca porque fue testigo o víctima de la violencia, puede ser desencadenante y despertar o reavivar los síntomas comunes de ansiedad o estrés postraumático. Estos síntomas, según la psicóloga clínica, pudieran ser: preocupaciones excesivas, estado de hiperalerta, sensación de que algo malo pudiese ocurrir y problemas de sueño. 

Cómo cuidar nuestra salud mental ante tanta violencia

Cuidarnos de la sobreexposición a noticias violentas es fundamental porque, aunque estar informados es necesario, un consumo excesivo de este tipo de contenidos impacta negativamente nuestra salud integral, reiteró Pérez. 

Cuando estamos expuestos de manera constante a imágenes y relatos de asesinatos, guerras, genocidios o actos de violencia, nuestro cerebro activa el sistema de alerta como si viviéramos esos eventos en primera persona. Esto produce un estado de estrés crónico que afecta el cuerpo y lo podemos ver son síntomas como insomnio, fatiga, dolores de cabeza y alteraciones en el sistema inmune, pero también la mente, generando ansiedad, tristeza, desesperanza e incluso síntomas parecidos al estrés postraumático. Además, a nivel social, la sobreexposición erosiona la confianza en los demás, fomenta la desconfianza en las instituciones y puede llevar al aislamiento o a la normalización de la violencia como parte inevitable de la vida cotidiana”, sostuvo Pérez.

Para cuidarse de estos efectos, aconsejó regular la cantidad y la forma en que se consumen noticias. 

Una estrategia que ofreció es limitar los horarios de exposición, por ejemplo, evitando ver noticias violentas al despertar o antes de dormir. También, recomendó seleccionar fuentes confiables y evitar la sobrecarga de información en redes sociales, donde suelen circular imágenes gráficas o rumores que intensifican el malestar.

Practicar la ‘higiene digital’, como silenciar notificaciones, establecer pausas en el uso de pantallas y balancear la información con contenidos positivos, ayuda a reducir el impacto emocional. Igualmente, hablar de lo que vemos y sentimos con familiares o amigos, en lugar de guardarlo en silencio, permite elaborar lo vivido y recuperar el sentido de comunidad”, agregó.

Aconsejó complementar la información con prácticas de autocuidado como ejercicio, respiración profunda, lectura, espiritualidad o actividades recreativas para proteger la mente y el cuerpo, ofreciendo un contrapeso a la carga emocional que generan estas noticias. De igual forma, recomendó tener acceso a servicios profesionales, como psicólogos, consejeros y psiquiatras, para ayudar a elaborar el impacto emocional de estas crisis e involucrarse en iniciativas comunitarias o de derechos humanos que puede transformar la impotencia en sentido de propósito.

Recomendaciones prácticas por grupo de edad, ofrecidas por Pérez:

Niños (3–12 años):

  • Escuchar y validar: Darles espacio para expresar lo que sienten, responder preguntas con lenguaje simple y sin minimizar sus emociones.
  • Ofrecer seguridad: Reafirmar que están protegidos, mantener rutinas estables y reforzar la importancia de la familia y la escuela como entornos seguros.
  • Filtrar la información: No exponerlos a imágenes gráficas. Los niños pequeños deben recibir explicaciones breves; los adolescentes, en cambio, necesitan espacios de diálogo crítico sobre el contexto social.
  • Promover actividades alternativas: Juegos, deportes, arte y lectura ayudan a procesar emociones y a equilibrar la carga emocional de las noticias.

Adolescentes (13–18 años):

  • Supervisar redes sociales y dialogar sobre lo que consumen.
  • Fomentar pensamiento crítico y conversaciones abiertas.
  • Establecer horarios para consumir noticias, evitando hacerlo antes de dormir.
  • Ocuparlos en actividades extracurriculares que fomenten relaciones interpersonales sanas y destrezas de resolución de conflictos.

Adultos:

  • Escoger medios confiables, evitar el “scrolling” constante en redes sociales.
  • Practicar “higiene digital” (tiempos de desconexión, notificaciones desactivadas).
  • Buscar apoyo profesional si la ansiedad interfiere en la vida diaria.

Personas mayores:

  • Ayudarles a filtrar noticias para reducir la sobrecarga emocional.
  • Fomentar actividades sociales y recreativas que les brinden compañía.
  • Promover el contacto intergeneracional, lo que genera sensación de apoyo y pertenencia.
  • Promover el cuidado de su salud mental dentro de su cuidado primario de salud

Otras recomendaciones ofrecidas por Acevedo Velez son:

1. Evalúa y valida el impacto emocional: “Es necesario hacer un “check in” con nosotros mismos para evaluar cómo nos hemos sentido y validar las emociones que ha generado: tristeza, miedo, preocupación, etc”.

2. Cuidar la exposición a noticias violentas: “Mantenerse informado es importante, pero es necesario identificar cuando nos estamos saturando y tomar medidas para cuidar nuestro estado emocional, ya sea desconectarnos un poco o limitar los medios que consumimos”.

3. Promover la resiliencia comunitaria: “Muchas veces nos sentimos mejor cuando comenzamos a unirnos a grupos para trabajar ciertos problemas sociales y sentirnos proactivos, evaluar si esto pudiera ser una opción en tu comunidad”.

4. Buscar ayuda profesional: “Psicólogos, consejeros y grupos de apoyo pueden ayudar a manejar el trauma y desarrollar herramientas emocionales”.

“La violencia ya sea local, internacional o estructural impacta directamente la salud mental, especialmente cuando estamos sobreexpuestos a las noticias. El cuidado requiere limitar la exposición, reforzar redes de apoyo, mantener rutinas saludables y acompañar especialmente a los niños y jóvenes en la comprensión de estos sucesos”, concluyó Pérez Fernández.