La llegada de un bebé debería ser recordada como un momento lleno de respeto y cuidados, donde la madre y su familia se sienten acompañadas y protegidas. Sin embargo, en Puerto Rico, para muchas madres esta experiencia se transforma en un episodio doloroso marcado por la violencia obstétrica.
Este maltrato ocurre cuando, durante el embarazo, el parto o el posparto, se violenta la autonomía de la mujer: desde cesáreas sin justificación médica clara, procedimientos realizados sin consentimiento, presiones innecesarias para acelerar el parto, hasta la negación de acompañamiento o un trato humillante por parte del personal de salud.
Aunque durante mucho tiempo estas prácticas se normalizaron como parte de la rutina hospitalaria, hoy sabemos que tienen un impacto devastador en la salud mental perinatal. La evidencia científica confirma que la violencia obstétrica aumenta el riesgo de depresión, ansiedad y síntomas de estrés postraumático. Al vivirla, muchas mujeres describen sentimientos de vergüenza, culpa y la dolorosa sensación de haber perdido control en uno de los momentos más importantes de su vida. Por otro lado, el trauma que se da a raíz de esta experiencia, no solo afecta a la madre: influye en el vínculo temprano con el bebé, en la lactancia y en la dinámica familiar.
En Puerto Rico la situación es alarmante. Más del 50% de los nacimientos se realizan mediante cesárea, el doble de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Muchas de estas intervenciones no responden a criterios médicos claros. Este aumento sostenido refleja un patrón institucional que va más allá de decisiones clínicas: habla de un problema estructural que afecta la confianza en el sistema de salud y deja cicatrices emocionales que pueden durar años.
Frente a este escenario, el Proyecto del Senado 445 representa un paso histórico. Radicado en 2025, esta medida busca tipificar la violencia obstétrica como una violación de derechos humanos, establecer responsabilidades legales y proclamar una política pública en contra de estas prácticas. El proyecto reconoce que la violencia obstétrica es un problema de salud pública que exige ser abordado con seriedad.
Esta legislación no solo nombra, sino también define y abre la puerta al cambio. Un cambio que responde a décadas de denuncias de mujeres y organizaciones que han luchado contra el silencio y la normalización del maltrato en los hospitales. Igualmente posiciona la dignidad, la autonomía y la salud física y mental de las mujeres en el centro de la política pública.
No se debe seguir normalizando la violencia obstétrica
Apoyar este proyecto es un compromiso comunitario. Significa respaldar a todas las madres que han sufrido en silencio, dar un mensaje claro de que gestar y parir con respeto es un derecho, y exigir que los hospitales adopten protocolos basados en el consentimiento, la información clara y el trato humano. Significa también reconocer que la salud mental perinatal es inseparable de la calidad de la atención obstétrica: no se trata solo de sobrevivir al parto, sino de vivirlo con dignidad y bienestar.
La violencia obstétrica no es inevitable ni se debe seguir normalizando. Con política pública, cambios institucionales y la participación activa de la ciudadanía, Puerto Rico tiene la oportunidad de garantizar partos dignos y respetuosos. El Proyecto del Senado 445 puede marcar un antes y un después en la defensa de los derechos de las mujeres y la salud mental perinatal. Apoyarlo significa exigir un sistema de salud más humano, más justo y más transparente. Como comunidad, tenemos la responsabilidad de alzar la voz, respaldar esta iniciativa y asegurar que ninguna mujer en Puerto Rico vuelva a recordar su parto como un acto de violencia.
*La autora es posee un bachillerato en Psicología y Estadística y una maestría en Terapia Familiar y Matrimonial. En el 2025, completó un doctorado en Salud Pública con especialidad en Programas, Políticas y Sistemas de Salud, y desde 2012 se ha especializado en Salud Mental Perinatal. Actualmente, se desempeña como investigadora, asesora, autora y directora de Más allá del útero, organización educativa fundada en 2017 con el propósito de crear y difundir contenido sobre Salud Mental Perinatal.


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