Conversamos por Facebook live con la psiquiatra Wilnelya Morales, y con Kelly Lynn Rivera, estudiante de medicina y quien fue diagnosticada con bipolaridad, sobre el trastorno bipolar y la importancia del tratamiento, gracias al apoyo de FHC First Healthcare. ¡Sintoniza a través del Facebook de Es Mental o de FHC – Salud Mental!

La adherencia al tratamiento o cumplir con el mismo según fue prescrito puede ser uno de los obstáculos principales para los pacientes con trastorno bipolar.

En muchos casos, los retos son causados por la falta de proveedores, las limitaciones de los medicamentos que están en la lista de cubierta y sus efectos secundarios, estableció la psiquiatra Wilnelya Morales Rosado.

Según la doctora, la bipolaridad es un trastorno clasificado como un desorden de ánimo y se divide en dos tipos. Entre los síntomas que tiene el paciente están un cambio en el ánimo que causa disfunción o alteración en las actividades diarias de la persona, tanto ocupacional como familiar y académica. Se trata de dos polos opuestos: un estado depresivo y otro maníaco

De una parte, puede tener un estado de ánimo elevado; es decir, euforia, autoestima alta, ideas delirantes grandiosas o hiperreligiosas, distraídos, hablar apresuradamente y dificultad para dormir. También pueden presentar una conducta hipersexual, experimentar con drogas, mucha energía con pocas horas de sueño, cambiar de tema constantemente durante una conversación, entre otros. Por otro lado, están los episodios de depresión mayor o hipomaníacos, requiriendo una hospitalización muchas veces. 

Dado a los dos polos que distinguen a este trastorno, el salubrista tiene que estar pendiente a siempre monitorear el bienestar del paciente y mantener el balance entre los medicamentos y hacer ajustes en sus dosis, especificó Morales con experiencia profesional en Puerto Rico y en Massachusetts. Asimismo, cada paciente reacciona distinto a estos fármacos, por lo que hay que personalizar el proceso y orientar al paciente completamente sobre los posibles efectos de lo recetado. 

Una vez el paciente tiene efectos secundarios, pierde la confianza en el proceso, en el proveedor y la alianza terapéutica”, indicó la salubrista.

En el caso de Sofía, nombre ficticio, dejó sus medicamentos durante tres semanas por los efectos secundarios y la falta de un diagnóstico certero. Contó que en 2021 fue diagnosticada con trastorno límite de la personalidad (BDP por sus siglas en inglés), y estuvo un año tomando antidepresivos. Cada tres meses le aumentaban las dosis de los antidepresivos, pero no veía mejoría y estaba teniendo muchas recaídas depresivas. 

Subrayó que el medicamento recetado tenía muchos efectos secundarios. Recordó que sudaba excesivamente hasta el punto  de despertarse en medio de la noche como si hubiese salido de una piscina, bajo mucho de peso, no podía agarrar un cubierto con la mano ni podía escribir porque temblaba constantemente, entre otros efectos.

“Era bien frustrante, yo quería estar bien, pero no tenía las explicaciones de por qué me estaba comportando de esta manera. Algo que se supone que fuese por mi bien me estaba debilitando y limitando en otros aspectos”, se lamentó. 

Describió que su madre notó inmediatamente que no se estaba medicando y reconoció que no había visto mejoras con el tratamiento, razón por la que cambiaron de salubrista. Para este punto, el nuevo psiquiatra le diagnosticó con bipolaridad tipo 2. 

Según la Clínica Mayo, el trastorno bipolar tipo I consiste en tener uno o más episodios maníacos que puede estar precedido o seguido de un episodio hipomaníaco o un episodio depresivo mayor. En algunos casos, la manía puede provocar una desconexión de la realidad (psicosis). Mientras, el tipo II es cuando el paciente ha sufrido un episodio depresivo mayor y, como mínimo, un episodio hipomaníaco, pero nunca tuvo un episodio maníaco. 

“El trastorno bipolar II no es una forma más leve de trastorno bipolar I, sino un diagnóstico diferente. Mientras, los episodios maníacos del trastorno bipolar I pueden ser graves y peligrosos, las personas que tienen trastorno bipolar II pueden estar deprimidas durante períodos más largos, lo cual puede causar un deterioro importante”, explicó en su página web. 

Tal como en el caso de Sofía, según la Clínica Mayo, el trastorno bipolar puede aparecer a cualquier edad, pero generalmente se diagnostica en la adolescencia o poco después de los 20 años. 

Según la psiquiatra y la Clínica Mayo, los síntomas pueden variar de una persona a otra, pueden cambiar con el paso del tiempo y que la experiencia de todos es distinta. 

Al comentar sobre el historial de Sofía, Morales Rosado indicó que es común no tener un diagnóstico inmediato, pues es un trastorno difícil de identificar por los dos polos. Muchas veces, la primera presentación del trastorno no es el de manía, sino que la depresión, explicó según su experiencia. No obstante, tiene que surgir la manía para poder tratar a una persona como paciente de bipolaridad. 

Muchas veces, pueden pasar episodios de depresión que van y vienen por dos o tres años, incluso por cinco y diez años, sin que haya manía”, destacó. 

Asimismo, dijo que, como en el caso de Sofía, tratar a un paciente por depresión es tomar un riesgo porque su cuerpo, como consecuencia de los fármacos, puede dar el cambio a manía. 

Luego de cambiar de salubrista y medicamento, Sofía tuvo que establecer una rutina con su madre para asegurarse de tomar el fármaco todos los días, indicó. 

Explicó que los días que no toma sus medicamentos, se ve mucho la diferencia. “Me veo apagada, no me concentro, estoy más lenta en mi día y siento la neblina en mi cabeza”, destacó.

Por otro lado, Kelly Lynn Rivera, una paciente con trastorno bipolar tipo I, también compartió lo que ha sido su experiencia con los medicamentos y sus efectos secundarios. 

Mi primer medicamento para atender la comorbilidad provocó que engordase 40 libras”, dijo al admitir que en ese momento no le importaba porque su prioridad era su enfermedad. 

No obstante, al pasar del tiempo le cambiaron el medicamento a un fármaco que le ha traído problemas cognitivos dentro de su trayecto como estudiante de medicina por la dificultad para la retención de información y, también, le provocó perder casi todo su cabello. 

“Nunca le he dicho que no a tomarme un medicamento. No obstante, todas las experiencias son distintas. Por esto, no le diría a ningún paciente que escuché ciegamente a su salubrista, sino que comuniquen sus inseguridades y preocupaciones. Es importante saber que siempre hay opciones”, sugirió a quienes se identifiquen con el texto. 

Sofía, por su parte, aseguró que su relación con su salubrista ha sido clave en encontrar un balance. Poder comunicar sus preocupaciones con libertad y ser considerada, sentirse informada sobre todo aspecto de su medicamento y tratamiento y tener a un salubrista a quien genuinamente le importa tu salud, es crucial, dijo.

Finalmente, mencionó la importancia de tener un círculo de apoyo y reconocer su esfuerzo y constancia. 

“Hay veces que personas se van a ir de tu vida por el daño que le provocaste durante una recaída. Estas no van a entender el trastorno o el hecho de que tú no tienes control. No obstante, hay amistades y familiares que sí se quedan y que son constantes”, indicó al agradecer específicamente a su madre.