Ante la amenaza de alguna tormenta o huracán, cada año en Puerto Rico se repiten las escenas de filas interminables en gasolineras, estantes vacíos en los supermercados y ansiedad colectiva en las redes sociales. Pero en medio del caos y la urgencia, hay una población en vulnerabilidad y olvidada: los adultos mayores. Muchos de ellos viven solos, con enfermedades sin tratar, sin transporte o comunicación telefónica y, sobre todo, sin un plan de emergencia.
Los huracanes representan una amenaza significativa para los adultos mayores, especialmente aquellos con condiciones crónicas y que viven sin el apoyo de su familia. ¿Por qué no se recuerda a este grupo demográfico al momento de abordar los planes de emergencias?
En un archipiélago en el que el envejecimiento poblacional va a paso acelerado a raíz de las bajas tasas de natalidad y emigración de adultos jóvenes, los adultos mayores son vulnerables al empeoramiento de su salud física y mental antes, durante y después de un ciclón.
De acuerdo con la doctora Vilmania Mambrú, psicóloga clínica y vocal de la Fundación de Enfermedades Reumáticas de Puerto Rico, los huracanes no solo provocan daños materiales, sino también pérdidas emocionales y psicológicas profundas. En adultos mayores, el estrés, la ansiedad, la depresión y el aislamiento se agravan ante la incertidumbre.
“Tenemos un montón de gente olvidada en sus casas. Gente que no tiene cómo moverse, cómo comprar comida, cómo proteger sus medicamentos, ni siquiera cómo comunicarse si se va la luz”, aseguró Mambrú.
Los eventos atmosféricos pueden reactivar heridas emocionales y empeorar las condiciones mentales ya existentes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recalca que el 14 por ciento de los adultos mayores de 60 años viven con algún trastorno de salud mental, siendo la depresión el más común. En Puerto Rico, esa cifra puede ser incluso mayor.
“Muchos adultos mayores tienen condiciones físicas que los limitan, pero también mentales que los inmovilizan. El miedo les puede causar desde un ataque de pánico hasta un infarto. Hay quienes han muerto solos después de un evento así”, recordó la doctora.
Y es que este grupo enfrentan riesgos únicos al no comprender lo que ocurre y cualquier alteración de su rutina podría disparar la ansiedad y desorientación. Además, cambios en el entorno (como la falta de electricidad, mudanza a refugios o pérdida de objetos familiares) exacerban su deterioro cognitivo.
Según la doctora Faudes Lugo Morales, especializada en medicina interna y geriatría, algunos desafíos particulares a los que están expuestos son las enfermedades comórbidas, problemas cognitivos y funcionales (que incluso, en caso de evacuación de un hogar, lo hace más difícil) problemas socioeconómicos (la mayoría depende únicamente de un seguro social reducido) y la ausencia de transportación.
Además, «no pueden regular su temperatura de la misma manera que las personas jóvenes y son más propensos a olas de calor o frío y, por ejemplo, medicamentos que son comunes les pueden afectar en la temperatura corporal«. Entre estos, los antidepresivos, antihistamínicos, beta-bloqueadores, medicamentos para el Parkinson, alcohol, antipsicóticos y diuréticos.
Pacientes con demencia, por ejemplo, reaccionan con mayor ansiedad, confusión o conductas agresivas cuando se altera su entorno o rutina. Por lo que, según Morales Lugo, cualquier interrupción en su rutina cotidiana, sin la supervisión adecuada, puede provocar ansiedad extrema y cambios de comportamiento peligrosos.
Sin embargo, el gobierno nunca se ha enfocado en campañas específicas para esta población ni en visitas preventivas a comunidades vulnerables, planteó Mambrú.
“Imagínate un viejito con diabetes, que vive solo, que depende de su teléfono para saber si tomó su medicina y se va la luz. ¿Quién lo ayuda? ¿Quién va a su casa? Nadie. Porque en este país no hay un plan para ellos”, señaló.
“No hay planificación ni para ellos ni con ellos. Lo triste es que son personas que lo dieron todo por este país y hoy viven de crisis en crisis, sin opciones”, afirmó.
Hay una carencia significativa de un plan estructurado que involucre a las comunidades y los servicios de salud mental, opinó la psicóloga.
“Necesitamos fortalecer las redes comunitarias”, insistió. “Los adultos mayores necesitan acceso real a psicólogos, psiquiatras, consejeros. Y no solo cuando ya están mal, sino de forma preventiva”, sostuvo.
Hizo un llamado urgente a una política pública que incluya a los adultos mayores no solo en los planes de respuesta, sino en la prevención y protección. Que se fortalezcan las redes comunitarias, se creen protocolos claros y se reconozca que no todos tienen acceso a un celular o a una app.
Finalmente, la doctora Morales Lugo recordó que, durante un evento natural, los cuidadores de personas con demencias deben mantener al máximo posible la rutina habitual del paciente, con con los mismos horarios de comida, medicamentos, descanso y actividades.
Consejos para preparar un kit de emergencia para los adultos mayores
Asimismo, desde la casa se puede preparar un kit de emergencia diseñado para el adulto mayor.
La geriatra dijo que debe incluir lo siguiente:
- Medicamentos: Con al menos 3 a 7 días de provisión.
- Audífonos y espejuelos de reserva: No dejar de un lado los dispositivos necesarios para el adulto mayor.
- Documentación esencial: Copias impermeables de identificaciones, lista de condiciones médicas, contactos de emergencia.
- Nutrición y otros básicos: Alimentos no perecederos, agua potable, dinero en efectivo.






