¿Qué pasa cuando la tecnología se convierte en observador permanente de nuestra salud? Un reloj puede registrar cuánto caminamos, los latidos cardíacos o patrones de sueño. Para algunos, acceder esos datos puede ayudarlos a adoptar rutinas más saludables, identificar cambios en su cuerpo o prestar más atención a su descanso y bienestar emocional. Pero esa vigilancia permanente también plantea interrogantes, como, por ejemplo si puede ayudarnos a cuidar mejor nuestra salud física y mental o terminará haciendo que estemos demasiado pendientes a cada cambio y medición.

De acuerdo con la plataforma de salud de la Universidad de Utah, los relojes inteligentes se han convertido en una herramienta cada vez más utilizada para monitorear indicadores de salud, pero sus capacidades tienen límites. Algunos dispositivos pueden detectar señales que ameritan atención médica, como arritmias cardíacas y cambios relacionados a la presión arterial. También, pueden ofrecer información sobre actividad física y otros parámetros que ayudan a dar seguimiento a la salud a lo largo del tiempo.

Sin embargo, expertos advierten que estos datos no deben interpretarse como un diagnóstico, ya que la precisión de las mediciones varía según el dispositivo y la función utilizada. Además, existen condiciones que un reloj inteligente no puede detectar. Por eso, se advierte que las alertas deben considerarse como una señal para consultar a un profesional de la salud, no un sustituto de una evaluación médica.

“Los llamados wearables son parte de un sector del mercado dentro de la tecnología que se dedica a estos dispositivos electrónicos. Algunos son integrados al cuerpo como accesorios, como las gafas que graban, pero ahora también hay ropa. La diferencia está en el contacto directo con el usuario de datos biomédicos, ambientales, de movimiento y tiempo real. Es que las personas tengan las manos libres, contrario al teléfono”, dijo la doctora Enid López Valentín, psicóloga clínica.

Uno de los factores más importantes que se debe considerar en el uso de estos dispositivos es el aspecto psicológico, ya que tienen la capacidad de interactuar con la persona constantemente y entrar en un entorno de hipervigilancia, según López Valentín. Por eso, advirtió, personas con trastornos obsesivos compulsivos o personalidad compulsiva van a estar constantemente pendientes a la métrica del aparato, lo que inevitablemente aumentará su obsesión.

“Algunos dicen que hasta pueden medir los niveles de estrés, lo que no se ha comprobado científicamente que sea exacto y fidedigno”, dijo al comentar que también pueden ayudar en otras mediciones, como el pulso, aunque comentó que sus datos pueden no ser exactos. 

Exhortan a usar los wearables con “cautela”

Ante ese escenario, la experta en salud mental urgió a utilizarlos con cautela. Destacó, además, que los profesionales de salud mental suelen estar al día en tendencias como esta para poder ayudar mejor a sus pacientes.

“Si entiendo que la tecnología me está afectando el sueño del paciente, su descanso y niveles de estrés, comienzo a orientarlo a, por ejemplo, reducir sus horas en las redes sociales. Hacemos un plan desde que se levanta para que pueda estar más pendiente (a distracciones), ejecutar y ser más efectivo”, sostuvo.

Por su parte, la doctora Rocío Zayas García, psicóloga, indicó que uno de los atractivos del uso de gafas que graban es que le permiten a la persona documentar experiencias. No obstante, la psicóloga reconoció que ese mismo afán puede provocar que la persona se desconecte del evento que está viviendo por estar pendiente de grabarlo. Coincidió en la importancia de que no se convierta en una obsesión constante.

La doctora López Valentín explicó que el uso de estos dispositivos puede ser una dicotomía, dependiendo de la personalidad y síntomas de la persona. Por ejemplo, dijo, pueden ayudar a personas que tienden a procrastinar para que, al medir sus pulsaciones, estadios y patrones de sueño, entre otros parámetros, establezca una especie de estructura. Por el otro lado, dijo, en personas sumamente estructuradas hay que hacer un plan de acción para disminuir su uso, para que no dependan de ellos en todo momento.

“También es importante la desconexión de la intuición corporal. Cuando se empieza a confiar más en lo que dice la pantalla que en las sensaciones físicas. Por ejemplo, un usuario midiendo estrés puede sentirse enérgico, pero si el reloj dice que tiene que descansar cambia”, dijo

Advirtió, además, que el uso de estos dispositivos puede generar un efectivo positivo o negativo. Cuando ayuda a cumplir metas, como de actividad física, genera alegría y satisfacción. Sin embargo, si no se alcanzan los parámetros esperados, puede provocar frustración. 

“Constantemente la persona puede estar retándose o disminuyendo sus niveles de motivación”, dijo.

La doctora Zayas García señaló que los wearables pueden ayudar a que una persona que no alcance una meta propuesta, se motive a tratar de lograrlo al día siguiente.

Dentro de los aspectos positivos, las psicólogas mencionaron que los relojes inteligentes pueden ayudar a motivar a la persona a alcanzar ciertas metas, por ejemplo, de salud. Dentro de lo negativo, comentaron que puede provocar sensaciones de hipervigilancia, ansiedad, control y estrés.

Sobre las gafas, indicaron que pueden ayudar con la interacción de la persona y el mundo exterior al obtener datos constantes en la pantalla por las grabaciones producidas. No obstante, reconocieron también pueden generar aislamiento social y paranoia con la privacidad.

“Hemos hablado de las personas que lo utilizan, pero las que no lo usan también están totalmente expuestas. Como con las gafas de grabación, que se pueden sentir vigiladas porque ahora mucha gente las tiene, pero no todo el mundo se va a dar cuenta que están grabando”, indicó Zayas García.

Las psicólogas señalaron, por otra parte, que estos dispositivos van unidos a la monetización y el capitalismo, lo que puede convertirse en una presión social y familiar si no pueden adquirirse debido a su alto costo.

“Es igual que con los celulares, incluso en jóvenes de 12 años o menos (que quieren adquirirlos). La tecnología va muy rápido y resalta la necesidad construida sobre ese joven ante la competencia, tener lo último, lo que está “in”. Crea un efecto de autoestima y aceptación, de tener aquello que todo el mundo quiere tener. Y, si no (lo obtengo), me frustro. Se crean dilemas emocionales”, dijo Zayas García.

Por otra parte, ambas advirtieron que, a nivel de consultorios médicos y hospitales, hay que cumplir con la Ley HIPAA que protege la privacidad, seguridad y confidencialidad del paciente. Resaltaron la necesidad de adiestrar tanto a empleados de estos entornos como a pacientes, al respecto.