Las experiencias traumáticas pueden dejar en las víctimas huellas que pueden dificultar mucho su calidad de vida. El yoga sensible al trauma es una práctica basada en evidencia, desarrollada para complementar el tratamiento psicológico de esta población.  

El método es un programa del Center for Trauma and Embodiment del Justice Resource Institute. Esta organización sin fines de lucro trabaja para apoyar a familias y personas de todas las edades en el manejo de diferentes retos provocados por males sociales- como la violencia- y los problemas de salud física o mental. La práctica terapéutica está incluida en la base de datos del Registro Nacional de Programas y Prácticas Basadas en Evidencia (NREPP, por sus siglas en inglés) que publica la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias. Además, está fundamentada en la neurociencia y las teorías acerca del trauma y el apego

Krystal Pérez Mercado, socióloga y facilitadora del yoga sensible al trauma, conoció acerca de esta modalidad cuando trabajaba con sobrevivientes de violencia doméstica y se interesó por buscar alternativas que atendieran “una brecha” que observaba en la atención que recibían para lograr su recuperación y luego confirmó en sus clases. 

“Por ejemplo, en estos casos me di cuenta de que las mujeres llegaban a mis sesiones y no sentían su cuerpo. Yo les decía: si quieres puedes mover los hombros más rápido. Me contestaban: ‘no, es que yo no siento mis hombros’”, relata. 

Por su parte, la psicóloga Yanellys Román Díaz, quien obtuvo la certificación del método dirigida a profesionales de la salud mental, destacó que -según su experiencia- esta población se beneficia de la terapia porque “les permite trabajar a su ritmo y conscientes de su cuerpo como un espacio para reclamar y afirmar su libertad para tomar decisiones”

En el caso de su trabajo en prisiones, Pérez notaba cómo “hablaban un montón, necesitaban mover su cuerpo, sacudirse, hacer prácticas más dinámicas”. Otros, sin embargo, solo descansaban porque, según teoriza, las consecuencias del trauma a veces son tan fuertes que impiden el descanso. “No le puedes decir al sistema: relájate. Siempre le estás mandando adrenalina y cortisol y es agotador vivir así”, comenta. 

Las sesiones de yoga sensible están basadas en movimientos del cuerpo y los principios del Hatha Yoga. Siempre comienzan con una exhortación a evaluar cómo se siente el cuerpo. Uno de los aspectos más importantes es lograr un ambiente de confianza y respeto para quien participa. 

“La persona va a elegir las formas que desee hacer, puede cambiar de forma si así lo prefiere y el guía o instructor le enseñará a notar las sensaciones en el momento presente”, sostiene Pérez. “Se supone que la práctica no sea coercitiva. No hay órdenes, sino que se busca fortalecer la relación terapéutica. Hay formas, ejercicios de respiración y pausas. Es un espacio en el que vamos poco a poco conociendo el sistema nervioso”, añade. 

Con la práctica consistente se busca fomentar la toma de decisiones, entender qué hace falta corporalmente para sanar, lo cual debería tener como consecuencia recuperar la sensación de seguridad

“Es importante mencionar que cuando vivimos trauma no pudimos elegir. El trauma sucedió. Otros decidieron que iba a pasar con mi cuerpo y mi sistema nervioso vivió consecuencias. Esto puede redundar en que mecanismos de adaptación toman el control de mi cuerpo”, sostiene Pérez. 

La terapia, destaca Román, no es para sustituir el tratamiento psicológico sino para complementarlo. Puede ser una buena herramienta para explorar otras maneras de sentir, descubrir sentimientos y manifestar emociones que se llevan dentro y a veces no son fáciles de expresar.

¿Qué es un evento traumático y por qué debes atenderlo?

Román Díaz sostiene que es una “respuesta emocional y fisiológica ante un evento al que estuvimos expuestos y en el cual nuestra integridad física o emocional se vio amenazada física, sexual o emocionalmente”. No necesariamente la persona tiene que vivir el evento para sentirse afectada; podría haber sido testigo de este. 

Aunque todos en algún momento de la vida podemos enfrentar un evento traumático, nuestra respuesta puede variar muchísimo dependiendo de diversos factores entre los que se encuentran los recursos emocionales, fisiológicos o sociales. Como ejemplo, una persona con muy pocos recursos económicos y una vivienda vulnerable puede sufrir el embate de un huracán de manera muy distinta a quien vive en una casa segura y tiene una buena situación financiera. Esto no significa que esta relación entre el trauma y la situación personal siempre se podrá predecir. El trauma puede afectar a cualquiera y sus manifestaciones pueden impactar tanto la cotidianidad como las relaciones y la calidad de vida en general.  

“Es muy probable que si no han podido trabajar la situación experimenten flashbacks (repeticiones del evento), problemas de sueño o apetito. Es como si su sistema nervioso se quedara hiper vigilante, sensible, respondiendo a las señales del trauma”, expresa Román. 

Para todas aquellas personas que lidian con víctimas de trauma  tales como terapeutas, profesionales de la salud mental, y proveedores comunitarios interesadas en capacitarse en yoga sensible al trauma, Pérez Mercado estará ofreciendo un taller de capacitación el 5 y 6 de noviembre en la Alianza Francesa en San Juan.