Demandas académicas, económicas, familiares, sociales, deprivación del sueño, la alimentación y el bienestar en general. A todo esto se exponen los estudiantes de medicina. Una carrera soñada por muchos, pero de la que poco se habla en relación a la salud mental de sus profesionales.

Anualmente, en Estados Unidos, mueren de 300 a 400 médicos por suicidio. Los estudiantes de medicina, por ejemplo, tienen tasas de depresión entre un 15 y un 30 por ciento más altas que la población general, aseguran los datos de la American College of Emergency Physicians.

Según el doctor Domingo Marqués Reyes, catedrático de la Universidad Carlos Albizu, los estudiantes de medicina y residentes se enfrentan a una presión inmensa, de carácter académico y emocional. Entre esto se encuentran los largos días de estudio, la necesidad constante de absorber grandes cantidades de información y también la exigencia de aplicar ese conocimiento en entornos clínicos, en los cuales las condiciones de trabajo, muchas veces, no son las mejores.

Esto podría ocasionar niveles de estrés significativos y derivar en quemazón, ansiedad y, en algunos casos, depresión mayor, explicó el doctor Marqués Reyes, director del Dialectical Behavioral Therapy and Research Program de la Universidad Carlos Albizu.

Asimismo, algunos sienten una gran responsabilidad por el bienestar de sus pacientes, lo que provoca sensación de culpa o fracaso si las cosas no salen como esperaban. 

“La combinación de estos factores crea un entorno emocionalmente desafiante, que puede ser difícil de manejar sin el apoyo adecuado”, sostuvo el doctor.

En el caso de los médicos residentes, por ejemplo, la demanda es tanta, que en ocasiones, sus jornadas laborales los lleva al deterioro de su salud física y mental. Con turnos que podrían sobrepasar hasta las 24 horas, aún cuando se ha buscado regular esta práctica.

“Legalmente un residente puede estar 30 horas trabajando sin dormir, de 7:00 a.m. a 1:00 p.m. del día siguiente, y se le puede exigir que venga al día siguiente a las 5:00 a.m. Eso es lo legal, pero comúnmente se violan esos acuerdos. Durante mi residencia, uno de los residentes tuvo un accidente post guardia, porque se quedó dormido camino a su casa, que estaba a 30 minutos del hospital”, relató a Es Mental un médico, quien optó por contar su historia desde el anonimato. 

“No es raro que los residentes hagan de 90 a 100 horas semanales. Recuerdo que, en mis años, los residentes llevaron la queja al director del programa y fueron reprendidos por reportar la verdad. Los residentes tienen que hacer mucho del trabajo de los médicos por falta de personal, y esto es tremendo negocio para los hospitales, porque se ahorran tener que contratar médicos con licencia”, dijo.

El doctor Marqués Reyes reiteró que estas jornadas pueden desencadenar fatiga extrema, estrés y agotamientos, impacto a la salud mental y problemas físicos. 

“Los residentes de hoy serán los líderes y supervisores del mañana; su formación debe estar orientada a prepararlos de manera integral para la práctica médica. No existe evidencia científica que justifique la necesidad de que los residentes realicen turnos de 24 horas para cumplir con su rol de supervisores. De hecho, lo que sí sabemos, y está bien documentado, es que trabajar 24 horas seguidas tiene efectos nocivos en su salud y desempeño. Esto ya ha sido claramente demostrado’’, señaló el psicólogo. 

María Luisa, nombre ficticio con el que identificaremos a otra doctora que habló con Es Mental, sintió un trato discriminatorio durante su residencia. Y es que, siendo mujer y soltera, se dio cuenta que el jefe de residencia, le asignaba más guardias que a su compañeros hombres con la justificación de que ellos eran “padres y jefes de familias”.

“Se formó un ‘revolú’ y tuvieron que cambiar al jefe de residencia. La nueva jefa de residencia se dio cuenta que todo era verdad y había una marcada disparidad”, contó.

Importante trabajar la salud mental en estudiantes de medicina y residentes

Y es que muchos modelos educativos, como el de la profesión de la medicina, no están hechos para apoyar la salud mental de los estudiantes y residentes, más bien, meramente se enfocan en el desempeño, mencionó la psicóloga industrial, la doctora Yarizel Rodríguez. 

Un sistema educativo en el que parece no hay cabida para el autocuidado y que a largo plazo tiene consecuencias en el bienestar de las personas.

De acuerdo con Rodríguez, por tratarse de profesiones “de cuidado y dar de continuamente”, es complicado, en ocasiones, que una persona entienda que también necesita tiempo de cuidado o una pausa.

“Un rasgo importante para determinar la salud mental de una persona es, precisamente, la capacidad de ser flexible conmigo mismo y con otras personas”, sostuvo.

El sistema tampoco valida el que se tenga una necesidad emocional, pues se ve como una debilidad, agregó también. 

Por otro lado, Marqués Reyes recordó que la falta de conversaciones sobre la salud mental no sólo perpetúa el estigma, sino que también impide que se tomen medidas efectivas para prevenir las muertes por suicidio entre los profesionales en formación. “Varias investigaciones han mostrado que tanto los estudiantes de medicina, como los médicos, en sus primeros años de residencia, tienen un riesgo significativamente mayor de suicidio que la población general y que otros estudiantes universitarios o profesionales en formación”, concluyó.