El rol de los padres en la transición de sus hijos hacia la adultez debe ser uno donde le provean la oportunidad y el espacio a los menores de exponerse a distintos desafíos de la vida y poder tomar sus propias decisiones, además de ofrecerle las herramientas para poder tener una vida independiente.

“Es importante que como padre podamos proveerles esas oportunidades para que ellos se expongan, tengan que pasar por situaciones, enfrentarse a ellas, tomar decisiones y solucionarlas y quitarnos un poco la ansiedad que tenemos con nuestros hijos, que sentimos que cada vez que salen por una puerta, alguien los va a matar o los van a raptar, aunque sean grandes, y no les damos la oportunidad de que ellos también experimenten un poco la independencia para que sepan cómo manejarla mientras van creciendo”, sostuvo el doctor Enrique Gelpí Merheb, psicólogo clínico especializado en niños y adolescentes.

Por otro lado, la sobreprotección de los hijos no es recomendable.

“Definitivamente, esta generación de padres, nos hemos convertido, como se nos conoce, en los padres helicópteros. Estamos micro manejando prácticamente todo para nuestros hijos, y obviamente, ese tipo de estilo de crianza no les va a permitir a ellos exponerse, hacer sus transiciones y enfrentar situaciones donde tengan que tomar las decisiones”, expresó Gelpí Merheb.

Gelpí Merheb recomendó dejar que los hijos vivan distintas experiencias y respetar su temperamento.

“Pueden haber muchachos que sean más introvertidos, otros más activos, otros dinámicos, nos tenemos que adaptar un poquitito a ese temperamento porque tampoco podemos obligarlos necesariamente a desarrollar de momento un estilo de relacionarse con el ambiente muy distinto a lo que ellos naturalmente traen de fábrica”, sostuvo.

Agregó que sí es importante exponerlos a distintas oportunidades sociales, académicas y de actividad física.

“La transición hacia la adultez es un proceso gradual y multidimensional que implica cambios en la autonomía personal, la educación, el empleo, la salud, las relaciones sociales y la participación comunitaria. La evidencia científica demuestra que los jóvenes que reciben apoyo parental equilibrado —caracterizado por acompañamiento, expectativas realistas y promoción de la independencia— presentan mejores resultados en adaptación psicosocial, educación, empleo y bienestar emocional durante la adultez emergente”, sostuvo por su parte la doctora Alice Pérez Fernández, psicóloga clínica y coordinadora del Comité de Promoción del Desarrollo Integral de la Niñez de la Asociación de Psicología de Puerto Rico.

Indicó que los padres desempeñan un papel fundamental en tres áreas principales: la transición intrafamiliar, la transición educativa y la transición de los servicios de salud.

“Uno de los cambios más importantes ocurre dentro de la familia. Los padres deben modificar gradualmente su rol de supervisores directos a mentores y guías. Esto implica permitir que los hijos asuman responsabilidades acordes con su desarrollo, participen en la toma de decisiones y aprendan de sus propias experiencias”, sostuvo la psicóloga sobre la transición intrafamiliar.

La investigación señala que las habilidades de vida independiente no aparecen espontáneamente al cumplir 18 años; deben enseñarse y practicarse desde la adolescencia, indicó. 

Entre las destrezas que la familia debe fomentar se encuentran el manejo del dinero, la organización del tiempo, uso de transportación y preparación básica de alimentos, entre otros.

En cuanto a la transición educativa, dijo que “la escuela constituye uno de los escenarios principales para preparar la vida adulta. Los padres pueden colaborar activamente participando en reuniones escolares, explorando opciones vocacionales y apoyando el desarrollo de intereses, talentos y metas profesionales. Mientras que sobre la transición de los servicios de salud, dijo que “una dimensión frecuentemente olvidada es la transición desde los servicios pediátricos hacia los servicios de salud para adultos”.

Durante la adolescencia los padres deben ayudar a sus hijos a desarrollar competencias relacionadas con conocer sus diagnósticos y condiciones médicas, entender los medicamentos que utilizan, aprender a solicitar citas médicas, entre otros.

¿La sobreprotección afecta más a algunas poblaciones?

“Aunque la sobreprotección puede afectar a cualquier persona, sus consecuencias pueden ser particularmente significativas en jóvenes neurodivergentes y con diversidad funcional, precisamente porque son poblaciones que necesitan más oportunidades no menos para desarrollar autodeterminación, autonomía y participación social. La evidencia científica actual apunta a que la transición exitosa hacia la adultez no depende únicamente de la protección familiar, sino de la capacidad de las familias para transformar progresivamente esa protección en oportunidades de aprendizaje, independencia y ejercicio de derechos”, sostuvo Pérez Fernández.

La transición hacia la adultez adquiere una importancia particular en jóvenes con discapacidades intelectuales, físicas, sensoriales, trastornos del espectro autista, TDAH y otras condiciones neurodivergentes, aseguró. 

A su vez, dijo que la evidencia científica muestra que estos jóvenes enfrentan mayores riesgos de desempleo o subempleo, dependencia prolongada de familiares, aislamiento social, entre otros. “Por esta razón, la planificación debe ser más estructurada, coordinada y comenzar tempranamente”, sostuvo.

Proyecto busca reducir de 21 a 18 años la mayoría de edad en la Isla

“La discusión sobre reducir la mayoría de edad de 21 a 18 años en Puerto Rico debe analizarse desde una perspectiva científica, del desarrollo humano, de salud pública y de política social. Más allá de una edad cronológica, la mayoría de edad representa el momento en que la sociedad reconoce que una persona posee la madurez suficiente para asumir plenamente las responsabilidades, riesgos y consecuencias legales, económicas y sociales de la vida adulta”, sostuvo Pérez Fernández.

Según la profesional de la salud mental, uno de los hallazgos más consistentes de la neurociencia moderna es que el cerebro continúa desarrollándose durante la adolescencia tardía y la adultez emergente, aproximadamente hasta los 25 años o incluso más en algunas personas.

De igual forma, otro aspecto fundamental es que el desarrollo humano no ocurre de forma uniforme, ya que, por ejemplo, dos jóvenes de la misma edad pueden presentar niveles muy distintos de madurez emocional, capacidad de autorregulación, habilidades sociales, entre otras.

Las barreras sociales tampoco deben dejarse fuera de esta discusión, sostuvo. Los jóvenes de hoy enfrentan retos para conseguir vivienda y trabajo, entre otros retos.

Por su parte, Gelpí Merheb aseguró que se necesita más tiempo para determinar el impacto de esta ley y determinar en qué áreas puede ser de beneficio y en cuáles no.