Por un lado, una energía desbordante, creatividad y una aparente confianza inquebrantable. Por el otro, impulsividad, conductas de riesgos y pérdida de contacto con la realidad. Entre estos dos polos se mueve el trastorno bipolar, una condición de salud mental que, pese a los avances, continúa enfrentando desinformación y estigma.
El trastorno bipolar se caracteriza por cambios marcados en el estado de ánimo, la energía, el nivel de actividad y la capacidad de funcionar en la vida diaria. De acuerdo con la Clínica Mayo, los pacientes suelen experimentar episodios de alteraciones emocionales (manía o hipomanía), que pueden hacer pensar, sentir y actuar de manera muy diferente al funcionamiento habitual y afectar los vínculos, el trabajo, los estudios y otras áreas importantes de la vida.
La hipomanía, por ejemplo, es una forma menos intensa de elevación del estado de ánimo. Durante este episodio, el paciente puede sentirse especialmente productivo, sociable o creativo. Mientras que la manía, describe la Clínica Mayo, es más grave, ya que los síntomas son mucho más intensos. En algunos casos, incluso, puede aparecer psicosis o la pérdida de contacto con la realidad (con delirios y/o alucinaciones).
En el caso del trastorno bipolar 1, este episodio es el criterio principal para el diagnóstico. Mario Montalvo, miembro del grupo de apoyo Bipolar Puerto Rico y quien posee una maestría en psicología de la Universidad Carlos Albizu, reconoce muy bien las señales tras ser diagnosticado en el 2007.
“Uno de los síntomas es el sentimiento de grandiosidad. Te sientes eufórico. También, vienen muchos pensamientos a la vez que no puedes controlar, tienes energía excesiva, muy poca necesidad de dormir y poco control de impulsos”, describió a Es Mental.
Dijo que, para él, estos episodios son como sentirse “como Superman”. “Te vienen mil ideas para salvar el mundo, para mejorar la sociedad”, dijo.
Pero, esa sensación de invencibilidad, en muchos casos, puede convertirse en conductas de riesgo.
Montalvo recordó una ocasión en la que participaba de una fiesta en un bote y decidió alejarse por su cuenta para perseguir otra embarcación.
“Cogí y me fui detrás del bote solo, sin que nadie se diera cuenta. Era algo bien peligroso porque me pudo haber pasado cualquier cosa”, relató.
Aseguró que, en otros momentos, la manía lo lleva a comportamientos completamente opuestos a su personalidad habitual, pues suele ser una persona introvertida, reservada y más inclinada a escuchar que a hablar, pero durante los episodios maníacos ocurre lo contrario.
“Cuando estoy maníaco te digo absolutamente todo. No tengo filtros”, enfatizó. “Una persona que me conozca sabe que algo está pasando porque yo no soy de esa manera”, continuó.
Entre las anécdotas que hoy recuerda con humor está su participación en las audiciones de American Idol en 2008.
“Pasamos una ronda”, contó. “Eso es algo que yo no haría, ni pa’ Dios, estando estable. Yo soy súper tímido para esas cosas”.
La condición también ha incluido episodios de delirio de grandeza. “Es lo que llaman el ‘Mesiah Complex’, querer salvar el mundo. Es un delirio. Aunque me da vergüenza decirlo, es algo que ocurre tanto en personas con bipolaridad como en otros trastornos mentales”, sostuvo.
Los prejuicios que rodean al trastorno bipolar
Además de los síntomas, Montalvo ha tenido que enfrentar los prejuicios asociados a la condición, como lo es la idea de que las personas con trastorno bipolar son violentas o incapaces de mantener relaciones estables.
Pero, también, el hecho de que muchas personas confunden el trastorno bipolar con simples cambios de humor, cuando la condición no es estar feliz un día y triste al siguiente, sino la presencia de episodios que duran al menos una semana y representan un cambio marcado en la conducta habitual de la persona.
“Muchas personas piensan que una persona bipolar es violenta, y eso tiene mucho que ver con las películas de Hollywood. Son muy pocas las películas que hablan de manera positiva o de manera real acerca del trastorno bipolar”, apuntó a los medios de comunicación como responsable de la desinformación y perfiles errados sobre la enfermedad.
“La gente piensa que porque una persona tiene altas y bajas emocionales ya es bipolar, y eso no es así”, afirmó.
Los estereotipos muestran a estos pacientes como incapaces de mantener vínculos estables, por lo que, Montalvo, reitera que los vínculos de familia han sido importantes en los momentos más difíciles de su condición.
Montalvo asegura que su esposa y su hija de dos años son su principal fuente de apoyo emocional. “Ahora mismo mi esposa y mi hija son mi fuente de apoyo mayor”, puntualizó.
“Existe la idea de que no podemos estar en una relación, de que no podemos ser buenos padres, pero eso no es así”, señaló.
El acompañamiento de sus seres queridos ha sido esencial para alcanzar la estabilidad que hoy disfruta.
“Quiero que las personas entiendan que somos personas normales, que trabajamos, tenemos familia, amistades y metas, igual que cualquier otra persona”, concluyó.




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