La generación millennial es una marcada por circunstancias históricas, económicas y sociales que han moldeado su manera de amar y comprometerse, aseguró la psicóloga Jocelyn Morell Casellas.
“Son personas a las que les tocó vivir la crisis económica del 2008 y 2009”, explicó.
También crecieron en hogares con mayores tasas de divorcio que generaciones anteriores y enfrentan un alto costo de vivienda. A eso se suma haber sido la primera generación plenamente digital.
“Crecieron con la tecnología… se relacionan con aplicaciones como Tinder”, sostuvo.
“Lo dejé para muy tarde, ¿dónde consigo pareja?”
Según la experiencia del psicólogo David Alcalá, los que llegan a su consulta, suelen estar marcados por una revisión profunda de vida.
“¿Qué he hecho? ¿Qué me falta? ¿Qué logros tengo?”, ejemplificó.
Esa introspección, a veces, viene acompañada de ansiedad por metas pendientes, aseguró.
Alcalá sitúa este momento dentro de lo que Erik Erikson describió como la etapa de “generatividad versus estancamiento”, común alrededor de los 40 años. Es la llamada “crisis de los 40” en la que existe la tensión entre sentirse productivo o estancado. No obstante, no es solo biología o psicología; también es cultura. Muchos millennials fueron criados por padres baby boomers con una ética centrada en la productividad constante.
“Ya tengo 40 años y tengo que seguir haciendo algo”, resumió sobre ese mandato heredado.
La aparente “urgencia” por asentarse responde, en parte, a lo que el psicoanalista Erik Erikson describió como la etapa de “intimidad versus aislamiento”. En la adultez se busca una pareja estable, familia y sentido de pertenencia, señaló Morell en consonancia con Alcalá.
Cuando eso no ocurre, pueden surgir inseguridades como: “Lo dejé para muy tarde, ¿dónde consigo pareja?”, sostuvo la psicóloga.
El retraso en matrimonio e hijos no es solo emocional, sino que es estructural.
“Ahora mismo se habla abiertamente de que estos jóvenes no pueden comprar una casa”, señaló Morell.
“Entre hipotecas altas y gastos de cierre, muchos optan por alquilar. Analizan, comparan, proyectan”, agregó.
Morell advirtió que en Puerto Rico, ya se ven efectos demográficos, como menos matrimonios, menos nacimientos y escuelas cerrando por falta de matrícula.
Esa cautela, que a veces se interpreta como miedo al compromiso, para Morell es aprendizaje. “Han aprendido de la experiencia de sus propios padres”, subrayó.
Lejos de la narrativa de inmadurez, ambos profesionales sostuvieron que los millennials, hoy entre los 30 y 40 y tantos, han priorizado su preparación académica y estabilidad profesional antes de dar pasos definitivos en pareja.
“Son personas más analíticas, no toman decisiones a lo loco, escogen bien su pareja, son selectivos”, puntualizó Morell.
A diferencia de generaciones anteriores, buscan ayuda psicológica, buscan terapia, y conciben la relación como un equipo, con roles más equitativos, sostuvo la experta.
Asimismo, un estudio científico, realizado por dos académicos de la Universidad de Heidelberg y el Instituto Alemán de Investigación Económica, encontró que la importancia atribuida a una pareja romántica para la felicidad personal disminuye con cada generación más joven, lo que sugiere que millennials y generaciones posteriores son más individualistas en cómo perciben la necesidad de una relación para sentirse realizados.
La misma literatura indica que este patrón se relaciona con cambios culturales hacia la autonomía y la autoexpresión, valores más fuertes en generaciones recientes que en las anteriores, aunque no todos los factores explicativos clásicos (como educación parental) son determinantes.
Por ende, aunque los millennials siguen formando vínculos románticos, su concepción de la pareja y su papel en la felicidad está menos ligada a expectativas tradicionales como el matrimonio o la unión formal, reflejando un cambio generacional en las prioridades afectivas.
¿Los millennialls han cambiado sus vínculos?
En este marco, en el terreno amoroso, Alcalá ha observado un giro claro hacia vínculos distintos. Las personas entre 35 y 45 años buscan tener unos vínculos más profundos a nivel emocional y sentimental. Ya no se trata de relaciones pasajeras ni de validación externa.
“Ya se sienten seguros de lo que son”, insistió.
“Ahora miran a largo plazo: quieren una compañera o compañero para construir proyectos juntos, alguien en la misma sintonía y filosofía de vida”, agregó el psicólogo.
A diferencia de etapas anteriores, hoy priorizan compatibilidad real, autonomía y sincronización de metas, mencionó el psicólogo.
Más que el gozo inmediato, como viajes, disfrute, experiencias, esta generación busca estabilidad emocional y un plan compartido, aseguró.
Los millennials eliminaron muchas presiones sociales, dijo Morell.
“Se priorizaron primero como personas y después para buscar una pareja estable”, enfatizó.
Más que desesperación por encontrar una pareja, lo que ha observado es una redefinición consciente del compromiso por parte de esta generación.
“Una vez tuvieran esa estabilidad y se sintieran seguros, pues, entonces, poder tener familia o una pareja estable”, agregó Alcalá.
De hecho, señaló que cerca de la mitad de sus pacientes millennials no tienen hijos aún, en parte porque no se sienten listos para ofrecer “lo necesario para tener una familia saludable”.
Alcalá rechazó la idea de que antes esta generación no quería pareja.
“Decir que no querían pareja es una premisa incorrecta. Han tenido pareja… lo que pasa es que no estaba en su mente hacer un proyecto de vida”, destacó.
La diferencia no es desesperación ni miedo a envejecer, sino planificación, señaló.
“No es que no quieren relaciones serias. Es que las planifican con más cuidado”, cerró.



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