Gabriela Alejandra Pintado del Moral, abogada de 40 años, vive con trastorno esquizoafectivo, una condición psiquiátrica compleja que combina síntomas de esquizofrenia con episodios de depresión o manía.
Tras años lidiando en silencio con su diagnóstico, hoy habla abiertamente sobre su experiencia como una forma de desafiar el estigma que aún rodea a los trastornos mentales.
“Antes me agotaba esconderlo. Sentía vergüenza, pero decidí ser pública con mi condición para que otros vean que se puede vivir bien”, afirmó.
¿Qué es el trastorno esquizoafectivo?
El trastorno esquizoafectivo es una condición psiquiátrica compleja que combina síntomas propios de la esquizofrenia con trastornos del estado de ánimo, como la depresión o la manía. Así lo explicó el psiquiatra Víctor Lladó, quien describe esta enfermedad como “un síndrome combinado” donde convergen, en distintas proporciones, delirios o alucinaciones con alteraciones emocionales significativas.
“A veces los síntomas afectivos aparecen primero, a veces los psicóticos. Pero cuando ambos se mantienen activos en el tiempo, hablamos de un trastorno esquizoafectivo”, indica Lladó.
Esta condición no es tan común como los trastornos depresivos o de ansiedad, pero su gravedad y complejidad clínica demandan atención especializada. Según el psiquiatra, suele manifestarse en la adultez temprana, aunque no hay una edad única de inicio.
Para Gabriela, su historia comenzó con un trastorno obsesivo compulsivo a los 15 años, pero fue a los 27 cuando recibió su diagnóstico principal. En el camino, atravesó episodios de psicosis, delirios prolongados, catatonia y años de profunda depresión. Sin embargo, hoy trabaja a tiempo completo y ha hecho las paces con su diagnóstico.
La enfermedad se manifestó tras una cadena de eventos traumáticos: una ruptura amorosa y numerosas complicaciones en la salud de familiares cercanos. Todo ocurrió mientras comenzaba su carrera como oficial jurídico en el Tribunal Supremo de Puerto Rico, un puesto altamente competitivo.
“Caí en psicosis sin saberlo. Tenía delirios, pero no tenía introspección. No sabía que estaba enferma, solo sabía que estaba mal en un momento y ambiente en el que no podía estarlo”, relató.
Según Lladó, entre los síntomas más frecuentes están la tristeza profunda, ideas suicidas y pérdida de energía (por el componente depresivo), así como alucinaciones, delirios o pensamientos desorganizados (por el componente psicótico).
“La persona pierde el contacto con la realidad, y eso puede dificultar mucho la comunicación, el diagnóstico y el tratamiento”, advirtió.
Respecto a sus causas, Lladó señaló que existe un componente genético, aunque no determinante.
“Puede haber antecedentes familiares, pero no siempre. Es un factor de riesgo, no una garantía”, agregó.
El diagnóstico de Gabriela tardó en llegar, en parte por el estigma y el miedo a pedir ayuda.
“No busqué ayuda hasta que exploté. Me decían que me iba a quemar y yo insistía en que estaba bien”, confesó.
Ahora reconoce que intervenir a tiempo hubiese hecho una gran diferencia.
“No creo que la enfermedad se hubiera evitado, pero sí muchas de las crisis”, aseguró.
Desde entonces, ha aprendido a gestionar su salud con una combinación de medicación, monitoreo médico constante, descanso adecuado y trabajo significativo.
“Mi empleo es mi bálsamo. Mantenerme ocupada me protege”, dijo, al tiempo que subrayó que su familia fue su principal red de apoyo.
“No sé qué habría sido de mí sin ellos. Hay personas que enfrentan esto solas, y eso es devastador”.
Además, Gabriela fue “especialista par” en el programa Por Ti del Recinto de Ciencias Médicas, acompañando a jóvenes que atravesaban psicosis.
“El apoyo entre pares es vital. La recuperación es distinta cuando alguien que ha vivido lo mismo te escucha y te entiende sin juzgar”, mantuvo.
Tratamientos, recursos y psicoterapia
Por su parte, Gabriela admitió haber enfrentado efectos secundarios como un aumento significativo de peso, que atribuye a la medicación.
“Gané más de 100 libras. Y muchas personas abandonan el tratamiento por eso”, mencionó.
En este marco, Lladó comentó que el tratamiento se basa principalmente en la combinación de antipsicóticos y estabilizadores del ánimo, ajustados según la predominancia de los síntomas.
Además de la medicación, la psicoterapia tiene un rol importante, aunque suele aplicarse con mayor eficacia una vez que los síntomas están controlados.
“Al principio, cuando la persona está muy desorganizada, no es fácil que asimile la terapia hablada”, explicó el psiquiatra.
Por otro lado, dijo: “La salud mental es el área más abandonada del sistema. Hay pocos recursos, poco acceso a tratamientos y una cobertura desigual comparada con otras especialidades. A esto se suma la falta de profesionales con experiencia específica en condiciones severas como esta, especialmente fuera del entorno hospitalario”.
Lladó subrayó que la meta debería ser equiparar el acceso a tratamientos psiquiátricos con el que existe para otras enfermedades médicas.
“El trastorno esquizoafectivo no puede seguir siendo invisible dentro de la salud pública. Necesitamos políticas, recursos y cobertura que garanticen una atención integral y digna”, concluyó.
No obstante, a pesar de la variedad de medicamentos existentes, son pocos los aprobados por las aseguradoras y planes médicos, aclararon ambos entrevistados. Asimismo, aunque Gabriela expresó estar agradecida por haber encontrado medicamentos que le funcionan a ella y le permiten llevar su vida con la mayor calidad posible, no todos cuentan con la misma suerte.
Una proporción significativa de pacientes con trastornos psicóticos, incluyendo el trastorno esquizoafectivo, no responde adecuadamente a los tratamientos estándar. Factores como la adherencia al tratamiento, las características clínicas iniciales y la historia médica del paciente influyen en la eficacia del tratamiento. Estos hallazgos subrayan la necesidad de enfoques de tratamiento más personalizados y de una monitorización cuidadosa para mejorar los resultados clínicos en esta población.
“Llevo años sin episodios y entiendo mi condición mejor que nunca. Como cualquier enfermedad crónica, es manejable. Lo importante es buscar ayuda, informarse y no rendirse”, concluyó Gabriela.




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