Tanto los adultos mayores como los jóvenes enfrentan importantes barreras para acceder a la atención de salud mental, lo que agrava sus condiciones emocionales, explicó el psiquiatra Raúl López Menéndez al señalar algunas de las particularidades de ambos grupos demográficos.
Señaló que la soledad y el aislamiento afectan a ambos lados, aunque por razones distintas. Los adultos mayores sufren la ausencia de sus hijos que han emigrado, dejándolos sin apoyo cercano, mientras que los jóvenes, a pesar de estar conectados digitalmente, encuentran que sus relaciones en redes sociales son superficiales y poco satisfactorias. Dicho aislamiento social contribuye al aumento de trastornos como la depresión en ambas poblaciones, que sigue siendo el problema de salud mental más común.
Dentro de los problemas de salud mental más comunes entre la comunidad de adultos mayores, el psicólogo clínico especializado en geriatría, Gerardo Rivera Torres, destacó a la depresión como el diagnóstico más presente, afectando a un 18% de la población señalada. A esto le siguen los trastornos de ansiedad, que impactan a un 10%.
Señaló que, a menudo, los problemas de salud física contribuyen a estas condiciones, ya que esta población suele enfrentar múltiples enfermedades crónicas, como artritis, diabetes, enfermedades cardiovasculares y alzhéimer.
Otro factor clave, mencionado por Rivera Torres y en consonancia con López Menéndez, es la soledad y el aislamiento social sumado a la alta incidencia de pobreza. Puntualizó que alrededor del 60% de los mayores viven bajo el nivel de pobreza, aspecto que también dificulta el acceso a medicamentos y tratamientos adecuados, aumentando el riesgo de depresión y ansiedad.
A esto López Menéndez añadió que esta soledad se ha intensificado debido a que muchos hijos han emigrado de la Isla, dejando a sus padres envejeciendo solos. En este marco, también señaló la falta de recursos financieros y servicios adecuados como desafíos graves en el manejo de la salud mental.
Asimismo, es importante tomar en consideración que, según el U.S. Census Bureau el índice de vejez de Puerto Rico aumentó a un 24% y alrededor de 34 municipios duplicaron el tamaño de su población de 65 años o más en relación con su demografía menor de 15 años en el año 2023. Mientras, los datos del informe bibliográfico «La juventud en Puerto Rico» revelaron que la población joven en la isla disminuyó un 29.61 % entre 2019 y 2022.
Mientras, Rivera Torres resaltó el uso problemático de sustancias como otro desafío importante, especialmente el abuso de alcohol en hombres y la dependencia a medicamentos en mujeres. Estimó que hasta un 20% de los adultos mayores presenta alguna dependencia a opioides o analgésicos, lo que agrava su estado de salud mental y física.
Además, describió a las tasas de suicidio como alarmantes en este grupo. Recordó que aproximadamente el 40% de los suicidios en Puerto Rico en el último año involucraron a personas mayores de 60 años, y la mayoría de ellos había visitado a un proveedor de salud física en el mes previo, lo que resalta la importancia de la detección temprana. Por este motivo, invitó a los proveedores de salud a estar más atentos a las señales de alerta, independientemente de su especialidad como cuidador.
Depresión: trastorno común entre jóvenes y adultos mayores
Por su parte, López Menéndez, especializado en psicología de la salud y geriátrica, agregó que tanto en los adultos mayores como en los jóvenes, la depresión es el trastorno más común. Mantuvo que, por un lado, los envejecientes viven con el estigma social y el miedo a perder el control sobre sus vidas, ambos aspectos que impiden que busquen ayuda profesional. Mientras, presentó que los jóvenes, inmersos en la vida virtual de las redes sociales, evitan confrontar sus problemas emocionales en el mundo real. De esta manera, ambos experimentan dificultades para reconocer la necesidad de tratamiento, lo que retrasa su acceso a servicios adecuados.
Especificó que, en cuanto a los jóvenes, el uso intensivo de las redes sociales ha complicado las relaciones interpersonales, haciéndolas más superficiales y estresantes. Los adolescentes enfrentan desafíos como la presión por comprar una casa, independizarse y ser populares entre sus pares. Estas presiones, sumadas a la coexistencia de una «sociedad virtual» idealizada y la «sociedad real», generan frustración y estrés.
Asimismo, mencionó que el uso de sustancias como el cannabis, junto con otras drogas más fuertes como la cocaína, heroína y fentanilo, también está presente en los jóvenes, quienes recurren a ellas para manejar el estrés. Estas sustancias, muchas veces ingeridas sin control debido a dispositivos como los «vapes», elevan el riesgo de desarrollar enfermedades mentales. Un factor alarmante es el aumento de los suicidios en jóvenes, que ha crecido dramáticamente tras la pandemia, destacó.
En este contexto, el estudio mencionado previamente también expuso el incremento en los problemas de salud mental entre los jóvenes a raíz de las catástrofes ambientales y la pandemia. Según los datos, el 15.4 % de los jóvenes en Puerto Rico muestra síntomas de ansiedad, el 17.1 % presenta signos de depresión y un 22.3 % ha experimentado trauma.
Aunque la depresión es tratable, López Menéndez destacó que ambos grupos enfrentan barreras para buscar ayuda. Los adultos mayores tienden a evitar el tratamiento por miedo a perder el control sobre sus vidas, mientras que los jóvenes prefieren sumergirse en sus realidades virtuales en lugar de abordar sus problemas emocionales.
López Menéndez opinó que la detección temprana de problemas emocionales en ambas poblaciones es clave para evitar un deterioro mayor. Sin embargo, el estigma y la falta de comunicación, tanto entre adultos mayores y su entorno, como entre jóvenes y sus padres, dificultan el acceso a la atención adecuada.
Mientras, Rivera Torres concluyó que la población mayor en Puerto Rico enfrenta una serie de retos en términos de salud mental que requieren atención urgente. Sostuvo que las personas mayores de 60 años representan alrededor del 28% de la población, y se estima que para el 2050 esa cifra alcanzará el 40%. Esto subraya la necesidad de contar con servicios especializados para este grupo, ya que hay pocos profesionales en áreas críticas para su atención.




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