“Todos vamos pa’ viejo”, afirma el refrán popular. No obstante, esta premisa no se experimenta de manera homogénea entre todas las personas. En poblaciones cisgénero, particularmente en ciertas etapas del ciclo vital, puede existir una menor anticipación o preocupación respecto a las condiciones de cuidado en la vejez.
Sin embargo, el envejecimiento conlleva una alta probabilidad de desarrollar condiciones crónicas de salud que requieren atención continua, tales como la enfermedad de Alzheimer, distintos tipos de demencia, eventos cardiovasculares, caídas con pérdida de movilidad y otras condiciones asociadas a dependencia funcional (World Health Organization [WHO], 2021). Estas situaciones implican, con frecuencia, la necesidad de apoyo por parte de redes familiares, profesionales de la salud o instituciones de cuidado prolongado, dependiendo del acceso a servicios sanitarios y de la cobertura de planes médicos.
En contraste, las personas adultas mayores trans han comenzado a visibilizar, tanto en foros comunitarios como en espacios dirigidos a la comunidad LGBTIQ+, preocupaciones específicas relacionadas con su proceso de envejecimiento. Entre estas, destaca la incertidumbre en torno al acceso a cuidados en etapas de dependencia, especialmente en contextos donde pueden carecer de descendencia, redes familiares tradicionales o cuidadores(as) que validen su identidad de género. Asimismo, la limitada disponibilidad de servicios de salud culturalmente competentes y sensibles a la diversidad de género puede intensificar experiencias de vulnerabilidad, discriminación estructural y estrés crónico.
Esta realidad sitúa a las personas trans en una intersección crítica entre envejecimiento, salud y exclusión social, lo que puede traducirse en una carga emocional y psicológica acumulativa durante la adultez mayor. Desde la teoría del estrés de minorías (Meyer, 2003), estas experiencias pueden comprenderse como el resultado de exposiciones prolongadas a estigmatización, prejuicio y discriminación, con efectos adversos significativos sobre la salud física y mental a lo largo del ciclo de vida.
En el contexto de Puerto Rico, estas preocupaciones adquieren una relevancia particular debido a factores estructurales como el envejecimiento acelerado de la población, la migración sostenida de personas jóvenes y las limitaciones del sistema de salud. Datos del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico (2023) evidencian un aumento sostenido en la proporción de personas adultas mayores, así como un incremento en el índice de envejecimiento poblacional en múltiples municipios, donde al menos 34 municipios han duplicado la proporción de personas de 65 años o más en relación con la población menor de 15 años. Este escenario ejerce una presión significativa sobre los sistemas de cuidado formal e informal, particularmente en poblaciones históricamente vulnerabilizadas.
De igual forma, investigaciones han documentado la persistencia de barreras en el acceso a servicios de salud inclusivos, así como la insuficiente capacitación del personal sanitario en diversidad de género, lo cual puede derivar en experiencias de invisibilización, trato inadecuado o discriminación en entornos clínicos y de cuidado prolongado (Fredriksen-Goldsen et al., 2014).
Ante este panorama, la planificación anticipada del cuidado en la vejez para personas adultas mayores trans se convierte en una estrategia esencial. Se recomienda el desarrollo de planes individualizados que puedan ser compartidos con redes de apoyo cercanas y personas de confianza. Igualmente, es fundamental mantener evaluaciones médicas periódicas con profesionales de la salud, incluyendo endocrinología, sexología, medicina primaria y geriatría, idealmente con conocimiento en tratamientos hormonales afirmativos de género.
Desde una perspectiva clínica, se sugiere el monitoreo continuo de parámetros como el perfil lipídico, la función hepática, los riesgos cardiovasculares y la densidad ósea. La evidencia científica sostiene que la continuidad de los tratamientos hormonales afirmativos de género no solo contribuye a la congruencia identitaria, sino que también favorece el bienestar psicológico y la calidad de vida (World Professional Association for Transgender Health [WPATH], 2022; Hembree et al., 2017). En este sentido, los ajustes en las dosis o vías de administración (por ejemplo, transdérmica versus inyectable) deben evaluarse de manera individualizada conforme al proceso de envejecimiento.
Es importante subrayar que la falta de conocimiento en el sistema de salud no debe constituir una barrera para el acceso a servicios adecuados. Por el contrario, es necesario empoderar a las personas para que participen activamente en la toma de decisiones sobre su salud, fomentando la adherencia a chequeos médicos rutinarios, la revisión periódica de tratamientos farmacológicos y la prevención de interacciones medicamentosas.
En casos donde se requiera atención continua o institucionalización, resulta imprescindible que los profesionales de la salud y las instituciones de cuidado prolongado garanticen la continuidad de los tratamientos hormonales. La suspensión abrupta de estos puede tener consecuencias negativas significativas en la salud mental, la identidad de género y la calidad de vida. Asimismo, se recomienda la continuidad en terapias afirmativas y la participación en redes de apoyo LGBTIQ+, como factores protectores frente a la depresión, el aislamiento social y la disforia en la vejez.
La planificación hacia la vejez
Dentro de la planificación anticipada del cuidado, se destacan las siguientes consideraciones:
- Aspectos legales: elaboración de poderes notariales (power of attorney), directrices anticipadas y testamentos, incluyendo el reconocimiento del nombre, pronombres y preferencias de tratamiento.
- Evaluación institucional: análisis de hogares de envejecientes y centros de cuidado prolongado, con énfasis en sus políticas de inclusión y capacitación del personal.
- Redes de apoyo: identificación de personas de confianza, familias elegidas y cuidadores(as) inclusivos(as).
- Gestión farmacológica: evaluación de posibles interacciones entre medicamentos y tratamientos hormonales, así como ajustes necesarios.
- Autonomía: promoción de la toma de decisiones informadas y el respeto a la autonomía corporal.
En síntesis, la planificación del envejecimiento en personas adultas mayores trans requiere un abordaje integral desde un modelo biopsicosocial, que articule la continuidad del tratamiento hormonal como un componente esencial del bienestar, junto con la gestión de comorbilidades, la prevención de riesgos farmacológicos y la garantía de entornos de cuidado culturalmente competentes (Hembree et al., 2017; Cheung et al., 2023; Sehgal et al., 2023). Finalmente, en las etapas de mayor vulnerabilidad, el acceso a cuidados afirmativos, empáticos y basados en evidencia no debe concebirse como una aspiración ideal, sino como un estándar ético, clínico y de derechos humanos.
*La autora es doctoranda en el Instituto Sexológico Educativo y Psicológico de Puerto Rico y miembro del Comité Promoción de la Salud Sexual de la Asociación de Psicología de Puerto Rico.

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