Más allá de un debate sobre eutanasia, el caso de la española Noelia Castillo pone sobre la mesa cómo experimentar múltiples traumas puede lacerar significativamente una vida. 

En un ejemplo de lo que podría considerar victimización acumulativa, hay historias como la de Noelia Castillo, de 25 años, y quien recientemente saltó a la palestra pública global tras solicitar la eutanasia en Barcelona, España, que subrayan cómo la exposición repetida a experiencias traumáticas, cuyas secuelas aumentan la vulnerabilidad a una salud mental en deterioro.

La victimización acumulativa, desde la perspectiva de la psicología forense, hace referencia a que un individuo es víctima, en múltiples ocasiones, de eventos traumáticos y delitos en distintas etapas de su vida. Como si se tratara de una cadena de experiencias (que pueden comenzar en la niñez) que se van sumando y que aumentan la vulnerabilidad de quienes las viven, explicó la doctora en psicología forense, Sigrid Vázquez-Tirado. 

Que no es lo mismo que victimismo, una postura psicológica subjetiva, en la que la persona se percibe constantemente como víctima y tiende a responsabilizar a otros por sus circunstancias. Confundir ambos conceptos puede llevar a minimizar historias marcadas por traumas reales, de acuerdo con la también profesora en Justicia Criminal.

“Las investigaciones han demostrado que quien ha sido víctima una vez tiene mayor probabilidad de ser victimizado nuevamente”, dijo Vázquez-Tirado. 

En el caso de Noelia, los antecedentes son importantes. Según lo expuesto por la propia mujer, desde muy joven experimentó situaciones adversas que contribuyeron al empeoramiento de su salud emocional, entre ellas crecer en un hogar marcado por la violencia familiar y posteriormente agresiones sexuales que la llevaron a intentar acabar con su vida lanzándose de un quinto piso. Este último provocó que quedara parapléjica y con dolor físico constante.

Esta historia, recordó Vázquez-Tirado, evidencia, además, el rol de sistema, pues desde la psicología forense no solo se analiza el daño sufrido, sino también cómo la instituciones responden y/o apoyan a la víctimas. 

“Una víctima no debería sentirse como una pieza de evidencia dentro del sistema judicial”, apuntó. 

Sin embargo, en muchos casos, las personas deben revivir sus traumas múltiples veces durante investigaciones o procesos legales, sin haber recibido aún el apoyo necesario para procesarlos.

“Desde la criminología, el enfoque principal es la prevención, evitar que la persona vuelva a ser victimizada. […] ⁠La revictimización ocurre cuando la persona, al buscar ayuda, vuelve a experimentar daño dentro del sistema”, expuso.

Por su parte, la doctora en psicología y catedrática asociada Yaritza D. Pérez Rivera, describió la victimización acumulativa como la exposición repetida directa o indirecta, a situaciones que generan daño físico, emocional o social. Haciendo énfasis en esto último, ya que entre los factores de riesgos hay diversos que pueden vincularse a lo social. 

“La pobreza, la desigualdad, la falta de acceso a la salud y la educación, e incluso la discriminación racial, pueden aumentar la vulnerabilidad de una persona”, sostuvo. 

En contextos como Puerto Rico, explicó Pérez Rivera, estos factores se vuelven más visibles. Comunidades con alta incidencia criminal, limitaciones en servicios de salud y barreras geográficas pueden dificultar la atención oportuna a víctimas. 

Una persona que atraviesa una crisis (como una agresión sexual, por ejemplo) no solo enfrenta el trauma inicial, sino también posibles fallas del sistema: largas esperas, falta de personal especializado o respuestas institucionales poco sensibles.

Ambas profesoras coincidieron en que si bien el sistema de justicia requiere testimonios, las personas pueden no estar emocionalmente preparadas para revivir los eventos. En algunos casos, cuando eso ocurre, muchas veces se malinterpreta.

“El sistema de justicia tiene unos tiempos, pero la recuperación emocional no funciona con calendarios”, recordó Pérez Rivera.

Agregó que “no estar listo no significa estar mintiendo”, puntualizó Pérez Rivera.

Secuelas de la victimización acumulativa

Finalmente, mencionó algunas secuelas profundas de la victimización acumulativa, como depresión, ansiedad o trastorno de estrés postraumático, incapacidad para trabajar, estudiar o mantener relaciones saludables. En niños, por ejemplo, puede afectar su desarrollo. Mientras que, en adultos su productividad y salud física. 

Las especialistas en psicología forense reiteraron que el enfoque debe ser identificar y reducir los factores de riesgos antes de que se conviertan en cadenas de trauma. Pero, sobre todo, transformar los sistemas de salud, justicia y apoyo social, para que no contribuyan a la herida.

“El manejo de crisis en las primeras horas después de la victimización es clave para reducir el impacto del trauma”, dijo Vázquez-Tirado.

“Hay que evitar que el proceso judicial se convierta en una experiencia más de daño para la víctima”, finalizó. 

No existe una forma única para atender estos casos, sostuvo. El tratamiento requiere de un enfoque multidisciplinario, que combine el apoyo psicológico, psiquiátrico y acompañamiento social. 

En concordancia, Pérez Rivera señaló que la victimización acumulativa expone algo importante: que el trauma a veces no llega una sola vez, y cuando se repite, los efectos pueden ser devastadores si no existe intervención temprana.