Pese a que la masturbación es una de las prácticas sexuales más comunes en el mundo, sigue siendo un tema que genera conflictos entre parejas a raíz de los tabúes y la carencia de educación sexual. 

El problema no es la masturbación, sino todo lo que culturalmente se ha aprendido a pensar sobre ella, coinciden especialistas. La masturbación continúa siendo una de las prácticas más concretadas, pero menos conversadas dentro de la sexualidad humana. 

Se estima que más de un 60 por ciento de las personas la realizan como parte natural de su vida íntima. Sin embargo, todavía permanece rodeada de silencios, culpas, inseguridades y conflictos relacionales, aseguran los entrevistados. 

La sexología contemporánea la considera una expresión natural de la sexualidad humana y una forma de exploración corporal presente en distintas etapas de la vida. Lejos de interpretarse exclusivamente como un acto físico, el autoerotismo también involucra componentes emocionales, cognitivos y culturales relacionados con el deseo, la identidad sexual y la relación con el propio cuerpo. 

La masturbación en solitario sirve como un medio de autodescubrimiento, permitiendo a cada individuo explorar sus propios deseos y límites, explicó la doctora Vimari Vega Ríos, psicóloga clínica y co coordinadora del Comité Promoción Salud Sexual de la Asociación de Psicología de Puerto Rico.

Dijo, además, que esta práctica fomenta la conexión con uno mismo, contribuyendo a la salud emocional y sexual tanto a nivel individual como en la relación de pareja.

No obstante, describió que en la consulta clínica una de las preguntas más frecuentes entre parejas no suele ser sobre técnicas sexuales ni sobre orgasmos, sino algo mucho más profundo: “¿Por qué mi pareja se masturba si me tiene a mí?”. 

Detrás de esa pregunta casi siempre aparecen emociones complejas, como miedo al rechazo, inseguridad corporal, celos, ansiedad de desempeño sexual o la percepción equivocada de estar siendo reemplazado emocional y sexualmente, sostuvo. 

“La sociedad a menudo rodea la masturbación en solitario con mitos y estigmas, especialmente cuando se tiene pareja. En la práctica clínica se atienden preguntas como:  ¿Es normal que mi pareja se masturbe estando en la relación conmigo?, ¿Es que ya no me desea?, ¿Ya no tiene interés en mí?”, explicó.

“Según lo que he observado en la práctica, cuando baja la frecuencia sexual y se tiene el conocimiento que la pareja se masturba se manifiesta coraje y frustración. Estas inquietudes y conflictos son necesarios abordarlos desde un contexto biopsicosocial y sistémico que requiere comprender aspectos específicos de cada relación de pareja”, continuó. 

Enfatizó, asimismo, que muchas parejas interpretan erróneamente la masturbación como evidencia de desamor o insatisfacción. Pero no viene a  sustituir la intimidad compartida, más bien, convive con ella como parte de la individualidad sexual de cada persona. 

El problema aparece cuando la masturbación deja de ser una práctica complementaria y comienza a convertirse en un mecanismo de evitación emocional o sexual dentro de la relación. Ahí es donde el placer puede comenzar a transformarse en conflicto, reconoció.

Cuando una persona utiliza exclusivamente la masturbación para evitar encuentros sexuales, desconectarse afectivamente o escapar de dificultades relacionales no atendidas, la conducta puede empezar a generar malestar psicológico y deterioro en la dinámica de pareja. 

La investigación científica reciente ofrece hallazgos particularmente interesantes. En Europa, por ejemplo, se ha concluído que las personas alcanzan el orgasmo con mayor frecuencia durante la masturbación que durante las relaciones sexuales compartidas. 

En un estudio sobre hábitos sexuales se destaca que el 88 por ciento de las personas alcanzan el orgasmo durante la masturbación, comparado con el 75 por ciento en encuentros con pareja. 

En hombres, esta cifra es de casi un 90 por ciento en solitario frente al 86 por ciento con otra persona. Mientras que, en mujeres, el 86 por ciento logra orgasmo masturbándose solas.

Los hombres se masturban en promedio 3 veces por semana, dedicando 4.45 minutos por sesión. Las mujeres invierten 5.38 minutos. 

“Este dato no necesariamente refleja fracaso relacional, sino una realidad históricamente ignorada, que muchas personas conocen mejor cómo darse placer a sí mismas que cómo comunicarlo dentro de la relación. Ahí aparece uno de los beneficios menos discutidos de la masturbación: el aprendizaje sexual”, reiteró la doctora.

Por tanto, conocer el cuerpo permite comunicar deseos, límites, ritmos y preferencias sexuales con mayor claridad. Las parejas dialogan abiertamente sobre placer, fantasías, necesidades y prácticas autoeróticas suelen presentar mayores niveles de intimidad emocional y satisfacción sexual, dijo.

La masturbación, lejos de destruir relaciones, puede convertirse en una herramienta para fortalecerlas cuando existe comunicación madura y ausencia de tabúes, hizo hincapié.

Para el doctor Juan Carlos Malavé Rexach, rector y sexólogo forense en el Instituto Sexológico Educativo y Psicológico de Puerto Rico, este tema exige ser abordado más allá de la simple dicotomía entre lo que es normal o problemático. Su aportación científica probablemente partiría de comprender la masturbación dentro de un modelo biopsicosocial, sexopedagógico y relacional, en donde la conducta sexual no pueda analizarse aislada de los procesos emocionales, culturales, educativos y vinculares que la rodean.

“Uno de los principales conflictos contemporáneos relacionados con la masturbación no radica necesariamente en la práctica misma, sino en la pobre alfabetización sexual que poseen muchas parejas respecto al funcionamiento de la respuesta sexual humana. Desde esta mirada, el problema no es el autoerotismo, sino la ausencia de educación sexual que permita comprender que la sexualidad individual y la sexualidad compartida no son dimensiones opuestas, sino complementarias”, afirmó el también coordinador del Comité Promoción de la Salud Sexual de la Asociación de Psicología de Puerto Rico.

Explicó que diversas investigaciones han encontrado que las personas en relaciones estables también se masturban con frecuencia. Así que esto no significa necesariamente insatisfacción. “En muchos casos, responde a diferencias naturales en deseo sexual, regulación emocional, exploración corporal o simplemente necesidades individuales de intimidad consigo mismos”, sostuvo.

Por lo tanto, confundir masturbación con infidelidad emocional puede provocar dinámicas innecesarias de culpa, vigilancia y confrontación. Aunque tampoco debe minimizarse el sufrimiento de quienes experimentan dolor emocional ante esta situación. 

La conversación sobre la masturbación necesita abandonar el juicio moral y entrar finalmente en el terreno de la educación sexual basada en evidencia. Hablar de masturbación no destruye relaciones, pero el silencio, la culpa y la desinformación sí pueden hacerlo, recordó el doctor Malavé Rexach.

Muchas dinámicas de conflicto asociadas a la masturbación esconden procesos más profundos relacionados con inseguridad afectiva, distorsiones cognitivas sobre el deseo sexual, modelos rígidos de masculinidad y feminidad, continuó.

También heridas vinculares, problemas de comunicación íntima y expectativas irreales construidas culturalmente sobre lo que “debe” ser una relación sexual saludable. 

La masturbación puede convertirse en un síntoma relacional más que en el problema central, de acuerdo con el doctor.

El autoconocimiento corporal permite desarrollar conciencia erótica, identificar preferencias, comprender límites y fortalecer la autonomía sexual, coinciden. 

“Una relación sexualmente sana no se define por la ausencia de masturbación, sino por la capacidad de dos personas de hablar del deseo sin miedo, del placer sin culpa y de la intimidad sin silencios”, finalizó.