“Soy el clásico ejemplo de una persona que tuvo el apoyo emocional de un perro”, plantea el periodista Pepo García en “Un ángel llamado Paco”, el primer libro de su autoría, donde comparte fragmentos de cómo el destino lo unió al Golden Retriever que llegó justo cuando ambos más se necesitaban.
Un nutrido grupo de allegados y otros curiosos atraídos por las historias que García comparte con frecuencia a través de sus redes sociales asistieron esta semana a la presentación del libro que el reconocido comunicador escribió entre septiembre y diciembre del año pasado, luego de haber elaborado previamente unas dificultades personales que casi lo llevaron al abismo antes de conocer a su adorado Paco.
“No había manera de escribir este libro sin entrar a mirar ese pasado y abrir esas puertas, pero a la misma vez fue liberador. Me ayudó a sanar y comprender mejor ciertos eventos clave de mi vida”, confesó en la obra.
En este primero de cuatro libros que proyecta escribir en los próximos años, García relata que hay encuentros que parecen casualidad, pero terminan convirtiéndose en salvación. Esta obra, advirtió, nace precisamente de uno de ellos: la conexión inesperada entre un ser humano herido por las circunstancias de la vida y un perro que llegó en el momento exacto en que ambos necesitaban compañía, propósito y esperanza.
“Y pensar que hace poco más de dos décadas los perros estaban amarrados con una cadena fuera de la casa y, en el mejor de los casos, tenían una casita. Ahora, al mirar hacia atrás y ver a Paco como el centro de mi vida, me doy cuenta de cuánto hemos cambiado: nuestros compañeros de cuatro patas ya no son solo guardianes, sino familia. Integrar a Paco en mi día a día, abrirle la puerta del hogar y del corazón, transformó mi manera de ver la compañía y el afecto. Me enseñó que la verdadera convivencia se construye en los pequeños gestos”, escribió García en su “sencillo pero muy profundo libro”, según fue descrito durante su presentación por el psiquiatra José Franceschini Carlo, amigo de García y quien estuvo a cargo del prólogo de la obra.
Este libro relata “la historia de dos seres que se necesitaban, se encontraron y ahora comparten sus vidas”, dijo, por su parte, el periodista Elwood Cruz, quien moderó la presentación del libro que culminó celebrando los 15 años que Paco alcanzó en marzo.
A través del escrito, el autor comparte fragmentos de su historia: pérdidas, incertidumbres, momentos de cansancio emocional y silencios difíciles de explicar. Sin embargo, advierte como en medio de esas vicisitudes apareció un compañero de cuatro patas cuya presencia transformó su rutina en refugio y sus días pesados en una carga más llevadera. Sin decir una sola palabra, este animal le enseñó a García lecciones profundas sobre lealtad, amor incondicional, resiliencia y la importancia de seguir adelante, aun cuando el camino parece incierto.
Más allá de un diagnóstico y tratamiento, las personas también necesitan darles significado a sus vidas, sentir afecto, amor y esperanza, advirtió el doctor Franceschini Carlo, quien durante la presentación del libro felicitó a García por la obra ya que, según destacó, exponer las emociones en papel requiere valentía. El psiquiatra resaltó, además, que, aunque no sustituyen la terapia, los libros también pueden sanar.
García adoptó a Paco en septiembre de 2018, luego de recibir una llamada de su hija menor, Natalia, quien le comentó que estaban regalando al perro. Paco vivía en la marquesina de una urbanización cercana, donde no podía permanecer, ya que alguien de esa familia padecía de alergias aparentemente provocadas por el pelo de los perros. La prueba de fuego para saber si Paco podía vivir en casa de García era la receptividad de Apia, la gata que ya vivía en su hogar. Y, según García relata en la obra, al conocerse no hubo dilema alguno, al contrario, Apia asustó a Paco, quien desde ese día forma parte de la familia García.
Según recordó, Paco llegó después del Huracán María, justo cuando atravesaba varias pérdidas y dificultades en su vida, como la muerte de su padre y de una joven muy querida en su familia. La depresión iba y venía después de otras vivencias que atravesaba, incluyendo un divorcio, entre otras dificultades previas.
“Para mí Paco es todo, el mejor regalo que me han hecho en mi vida. Es un ángel que apareció”, dijo García, quien describió al animal como su “equilibrio emocional”.
Desde que se conocieron, el dúo recorre centros comerciales, parques, playas y otros lugares, atrayendo la atención y el cariño de niños y adultos, resaltó García, quien también dedica gran parte de su tiempo pendiente al cuidado de su adorada madre, paciente de Alzheimer.
Por sus vivencias con Paco, el periodista resaltó que la relación que puede desarrollarse entre los seres humanos y las mascotas que se convierten en familia ayuda a romper con el ruido diario, noticias negativas y otras vivencias, incluyendo el acaparamiento de las redes sociales, la tecnología y la inteligencia artificial.
“Es aprender a retomar esos valores humanos que hemos perdido o se han ido apagando. Incluso, cómo la natalidad ha bajado y hay más jóvenes con perros y gatos, en vez de hijos. Y no los juzgo, porque estamos viviendo en unos desórdenes mundiales que cualquiera se asusta por la ansiedad. Por todo eso, ellos han ido ocupando unos espacios más grandes en la vida de los seres humanos”, sostuvo.
Por la relación que ha desarrollado con su adorado Paco, además de otro Golden Retriever llamado Milo que también adoptó recientemente, García resaltó la importancia de “mantener la esencia de la condición humana” y nunca olvidar “que la vida se trata de propósito y felicidad”.
De acuerdo con Mental Health America, además de calmar el sistema nervioso y crear sentimientos de seguridad y conexión, “los animales pueden ayudarnos a sentirnos más conectados con nosotros mismos y con los demás”.
En otro artículo sobre cómo los perros pueden ayudar a combatir la depresión, el National Alliance on Mental Illness (NAMI) plantea que las personas que tienen perros presentan una presión arterial más baja y son menos propensas a desarrollar enfermedades cardíacas. Además, advierte que se ha demostrado que simplemente jugar con perros eleva los niveles de oxitocina y dopamina, lo que genera sentimientos positivos y un vínculo afectivo tanto para la persona como para su mascota.


![Lo que heredamos sin saberlo: la importancia de explorar la historia familiar en terapia [Columna] historia](https://www.esmental.com/wp-content/uploads/2026/10/shutterstock_2756549853-218x150.jpg)


