Aunque muchas veces parezca imposible de anticipar, el suicidio no suele ocurrir sin señales. Cambios de comportamiento, alteraciones en el estado de ánimo, aislamiento o expresiones de desesperanza pueden ser indicios de un sufrimiento emocional profundo que requiere atención.
Expertos en salud mental advierten, no obstante, que esas manifestaciones no siempre son evidentes y que los familiares y allegados de quienes mueren por suicidio no deben asumir la culpa por no haberlas identificado previamente. En ocasiones, pueden ser sutiles, aparecer de forma intermitente o pasar desapercibidas, incluso para quienes están cerca de la persona.
“El suicidio sigue siendo un problema de salud pública, un fenómeno multicausal. No sale de un solo evento o factor, sino de una serie de riesgos, como un trastorno de salud mental, intentos previos de suicidio, conflictos y experiencias traumáticas, (entre otros)”, manifestó la doctora Rocío Zayas, psicóloga clínica.
La Comisión para la Prevención del Suicidio lo define como un acto destructivo, autoinfligido y fatal, realizado con la intención implícita o explícita de causar la propia muerte. Advierte es un fenómeno complejo compuesto por una serie de comportamientos que se desarrollan a lo largo de un continuo: desde la ideación suicida, que incluye pensamientos de muerte o deseos de morir; pasando por los intentos, amenazas o gestos relacionados; hasta llegar al acto consumado, que resulta en una muerte por suicidio. Además, reconoce que factores biológicos, sociales y psicológicos inciden, por lo cual no puede considerarse como “una simple respuesta al malestar emocional”.
“El mayor riesgo no necesariamente es lo que vemos, sino lo que pasa desapercibido. Por ejemplo, un joven con una sonrisa constante, pero con un agotamiento emocional. Detrás de esa sonrisa normal, (es difícil) tratar de identificar señales. Por ejemplo, (considerar) que está en proceso de crecimiento, con ciertas metas. (Pero) cuando dejan de hablar de esos sueños y cosas que quería lograr, como un trabajo que (quería, pero) ya no menciona (preocupa)”, dijo Zayas.
En muchas ocasiones, se aíslan y pasan gran parte del tiempo en sus celulares, pero como es una conducta típica de muchos jóvenes, no necesariamente llama la atención, sostuvo la psicóloga clínica. Muchos, comentó, pueden estar enfrentando conflictos que no saben manejar. Cambios en el rendimiento escolar, ausencias y tardanzas fuera de lo normal son algunas señales, así como alteraciones en el patrón de sueño (dormir más o menos que antes) o de alimentación.
Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), “tener ocasionalmente pensamientos suicidas no es anormal. Estos son parte de un proceso normal de desarrollo en la infancia y adolescencia al tratar de elucidar los problemas existenciales cuando se trata de comprender el sentido de la vida y la muerte. Las encuestas realizadas muestran que más de la mitad de los jóvenes que cursan estudios superiores secundarios, informan que tuvieron pensamientos suicidas”.
Otro informe de la Unicef sobre cómo comunicar correctamente sobre este tema advierte, además, que “la mayoría de las personas que intenta suicidarse es ambivalente y no busca exclusivamente la muerte” y “que el suicida no quiere fallecer, sino que desea dejar de sufrir”.
“Es importante que una sola señal no significa un riesgo de suicidio, sino varios cambios en su comportamiento. (Cuando ocurre), merece una conversación abierta, preguntarles qué está pasando y decirles que estoy aquí para escuchar y ayudar”, indicó Zayas.
Según la OMS, cada 40 segundos ocurre una muerte por suicidio, lo que asciende a unas 720,000 al año. Además, a nivel mundial, es la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años, mientras se estima que por cada suicidio ocurren al menos 20 otros intentos.
Zayas advirtió que en la etapa de la adolescencia y adultez temprana ocurren unos cambios significativos, transiciones importantes. En esas edades, sostuvo, el cerebro aún está en desarrollo, por lo cual muchos carecen de la capacidad para manejar situaciones complejas o aún no cuentan con las destrezas para abordar ciertos asuntos. Por eso, resaltó, urge trabajar con las relaciones más cercanas para que las vean como un círculo de apoyo, que sientan la confianza de recurrir a estos cuando enfrenten alguna dificultad o problema que los abrume. Incluso, la psicóloga comentó que en una conversación franca se le puede preguntar a la persona si ha pensado en quitarse la vida.
“Esa pregunta puede salvar una vida. Decirle, “vamos a trabajarlo juntos”, es importante. Y no es solo los padres o tutores, es la escuela, los vecinos, los amigos”, dijo.
Agregó que tampoco se debe minimizar lo que la persona esté pasando, sino validarlo y ser empático, ya que evidentemente la persona no tiene las herramientas para trabajar situaciones que puede estar visualizando más grandes y difíciles de lo que realmente son.
“Es conversar con empatía, escucharlos. Continuar promoviendo la cultura de pedir ayuda. Hablar de la salud mental, lo que me afecta, lo que le duele a mi alma, lo que no me deja descansar”, comentó.
Preocupan todos los casos
La cruda realidad del suicidio quedó nuevamente expuesta el pasado mes con al menos dos muertes de este tipo entre jóvenes en sus veintes: una mujer y un hombre. Sus muertes reabren interrogantes sobre los factores que pueden llevar a personas de tan cortas edades a enfrentar niveles extremos de angustia, desesperación o tristeza, además de la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención desde edades tempranas.
Aunque los hombres, particularmente los mayores de 50 años, continúan representando uno de los grupos con mayor incidencia en Puerto Rico, los expertos insisten en que el suicidio puede afectar a personas de cualquier edad, incluso niños y adolescentes. Cada caso refleja una compleja combinación de factores y advierten la importancia de reconocer a tiempo las señales de alerta.
“Cuando son muertes por suicidio en jóvenes toca una fibra que nos lleva a cuestionarnos qué razón tuvo para quitarse la vida”, dijo la doctora Nayda Román, directora de la Comisión para la Prevención del Suicidio.
La psicóloga clínica coincidió en que hay señales de riesgo que no se perciben, pero otras son más evidentes, como cuando la persona verbaliza que se quiere matar. Advirtió, además, que hay conductas -como cambios del estado de ánimo, desinterés en cosas que antes la persona apreciaba mucho, depresión o ansiedad- que no necesariamente reflejan que la persona se va a suicidar. En todo caso, sostuvo, amerita tener un acercamiento empático para preguntarle directamente si está pensando en el suicidio.
“Cuando uno hace esa pregunta da espacio a que la persona exprese algo que le angustia y le es difícil decir. Es importante hablar, pero debe haber alguien que escuche con empatía, sin negatividad, con respecto. Eso puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte”, enfatizó.
Según los datos más recientes de la Comisión, hasta abril de este año en Puerto Rico se habían reportado 62 suicidios en este 2026, mientras el año pasado cerró con 231 y el año previo (2024), con 237. El promedio anual de suicidios en la isla es de 287, por lo cual se ha estado notando una tendencia a la reducción desde el 2014, con un pico en el 2017, el año del huracán María, cuando se registraron 300.
“La tendencia a la disminución (de suicidios) se ha sostenido”, reiteró Román, quien comentó que se estima que en Puerto Rico ocurre un suicidio aproximadamente cada 33 horas.
Mientras, entre los cambios observados, señaló que el uso de armas de fuego sigue siendo el segundo de mayor riesgo entre los varones que han muerto por suicidio, pero ahora representa la tercera modalidad entre las mujeres, en lugar de las caídas.
Como medida de prevención, dijo, urge que los hogares sean lugares seguros, especialmente en momentos de crisis. Explicó que esto incluye el guardar los medicamentos fuera de un fácil alcance, así como remover objetos punzantes. Asimismo, sostuvo que las armas de fuego deben almacenarse descargadas y bajo medidas de seguridad, ya sea en armerías o cajas fuertes, bajo llave. Estas acciones urgen particularmente cuando hay menores o pacientes de salud mental en el hogar, así como en disputas domésticas o cuando la persona se va de viaje, dijo.
“A pesar de que las muertes por suicidio han bajado, ha aumentado el uso de armas de fuego (en suicidios)”, lamentó la psicóloga clínica.
Al respecto, Román deploró que no haya prosperado el Proyecto del Senado 711, que buscaba enmendar la Ley de Armas (2020) para establecer las solicitudes de órdenes de protección por riesgo extremo y prohibir temporalmente que una persona compre, posea o porte armas de fuego y municiones cuando sea un peligro significativo para sí mismo u otros. Esta medida recibió un veto expreso de la gobernadora Jenniffer González en abril de este año.
En cuanto a patrones observados, la doctora Román señaló que el área rural tiene las tasas más altas de suicidio en Puerto Rico, particularmente los siguientes municipios: Vieques, Culebra, Aibonito, Naranjito y Barranquitas.
“Nos hemos comunicado con esos municipios y los hemos visitado y reunido con sus líderes comunitarios para identificar sus necesidades y cómo la Comisión puede ayudar a nivel de la comunidad”, dijo.
Entre los factores protectores de conductas de riesgo, la psicóloga clínica mencionó: crear entornos comunitarios, hacer voluntariado, desarrollar el factor social y que los entornos en los hogares sean seguros, especialmente en crisis. También, escuchar con empatía y fomentar el uso de la Línea Pas (1-800-981-0023) en los casos que sea necesario.
“El suicidio se puede prevenir. Hay lugares donde buscar ayuda. Hay recursos”, insistió Román.
Agregó que del 10 de agosto al 10 de septiembre se celebrará el Mes para la Prevención del Suicidio bajo el lema “Elige Vivir” con una serie de talleres virtuales y actividades presenciales.
Urge la prevención del suicidio
La psicóloga Adalisse Borges advirtió que urge la prevención, ya que en los casos donde la persona esté ambivalente, una intervención oportuna y a tiempo puede salvar vidas. Entre las conductas de riesgo mencionó casos de salud mental sin tratar, uso de sustancias y alcohol, intentos previos de suicidio, autoagresión y aislamiento. En cuanto a los factores protectores, mencionó, sobre todo, el mantener la conexión con los demás.
“Ya no es el tabú de que no se puede mencionar (el tema del suicidio). Hay que hablarlo, preguntarlo directamente, si la persona ha pensado en esto (suicidarse)”, expresó.
Además de señalar la Línea Pas, Borges resaltó la importancia de talleres de capacitación. Reconoció, mientras tanto, que aún abunda el estigma, por lo cual hay que continuar los esfuerzos de educación y prevención.




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