Los trastornos de ansiedad son las condiciones de salud mental más comunes en todo el mundo, teniendo consecuencias significativamente sobre la calidad de vida de una persona desde diferentes ámbitos, como el familiar, académico y profesional, siendo este último de gran preocupación para los profesionales, pues cada vez son más las personas que buscan ayuda por síntomas exacerbados a raíz de lo que viven en sus empleos.

Estos trastornos afectan a más de 300 millones de personas a nivel mundial y, según la Asociación Americana de Psiquiatría, en el 2024, un 43 por ciento de los adultos reportó que se sentían más ansiosos que el año anterior. En Puerto Rico, de las personas que reciben algún tratamiento de salud mental, 10 por ciento padece de algún trastorno de ansiedad, explicó la psiquiatra Lizanell Irizarry.

“En mi experiencia, llevo viendo un aumento de pacientes que en su mayoría reportan síntomas de ataques de pánico, que no toleran estar en grupos de personas en público, insomnio y preocupación constante sobre el futuro. Entre los estresores más comunes que reportan son tensión laboral, problemas económicos, eventos traumáticos y pobre apoyo social”, describió la doctora.

La especialista hizo énfasis que la ansiedad tiene implicaciones directas en el funcionamiento diario de una persona, “a tal punto que comienzan a tener disfunción en el trabajo, en el ámbito académico, con sus relaciones interpersonales y descuidan su salud física”, sostuvo.

Las manifestaciones físicas más comunes son las palpitaciones, falta de aire, temblores, sudoración, dolor en el pecho; dolores en el cuerpo, mareos, náuseas y vómitos, diarrea, visión borrosa, describió la doctora.

En casos severos, inclusive, podrían verse efectos sobre la piel, como sarpullidos o rash.

“Casi nadie se imagina que condiciones de salud mental, como la ansiedad, puedan causar síntomas físicos y muchas veces acuden a médicos primarios pensando que el problema principal es alguna condición física, pero cuando se indaga más a fondo, muchas veces esos síntomas físicos son precedidos por algún estresor emocional”, aseguró Irizarry.

Mientras que los síntomas emocionales se presentan a través del insomnio, irritabilidad, pobre concentración, pensamientos catastróficos; inseguridad y sensación fuerte de miedo. Algunos de estos muy presentes en la llamada ansiedad laboral.

“Últimamente he estado viendo un aumento de pacientes que reportan ansiedad en el trabajo, debido a que hay poco personal y, por ende, los que se quedan trabajando tienen más carga laboral. Esto ha ocurrido con más frecuencia luego de la pandemia por Covid-19”, comentó.

¿Cómo se diferencia la ansiedad laboral del estrés laboral?

De acuerdo con la psicóloga organizacional, Ruth Marín Martínez, es importante reconocer la diferencia entre la ansiedad laboral y el estrés laboral, que no son lo mismo. El estrés laboral se caracteriza, especialmente, por una preocupación de corto tiempo, que se desaparece una vez se cumple una tarea. Sin embargo, la ansiedad laboral suele permanecer y no tiene una causa específica. Se podría terminar la tarea y experimentar un miedo a futuro, de que algo puede ocurrir, detalló.

Esto, provoca, que el desempeño de un empleo vaya deteriorándose, con una baja en la productividad, en el compromiso, con ausencias y, también, lo que la licenciada consideró como ‘neblina mental’, que hace referencia a una disfunción en el razonamiento, la concentración y otras capacidades cognitivas.

“Uno de los primeros red flags que se ve es tu salud emocional deteriorada, que ni siquiera puedas disfrutar una salida familiar, porque no puedes dejar de pensar en lo que pasó en el trabajo o lo que va a pasar el lunes. Ahí es que vemos esa bandera roja”, dijo.

Habló, además, del llamado sunday blues o tristeza de domingo, en el cual, a la vez que se acerca el domingo, un individuo comienza a tener sensaciones de tristeza, preocupación e irritabilidad luego de pensar en que al otro día se regresa a la jornada laboral.

Por su parte, la doctora Manuela González Dávila, psicóloga y especialista en ansiedad, confirmó que muchos pacientes que hoy día llegan a consulta lo hacen a raíz de lo que viven en su entorno de trabajo y múltiples son los elementos que detonan los síntomas, como las exigencias laborales (que, en ocasiones, no son razonables), la falta de seguridad sobre el empleo (que no hay ingresos fijos), la carencia de expectativas sobre lo que se espera de la persona en este empleo, problemas con compañeros de trabajo y/o ambientes tóxicos.

Aseguró que un trabajo puede desequilibrar la salud mental de una persona, por lo que, si este se da en un escenario negativo, de tensión, de demandas que van más allá de la capacidad de la persona, se convierte en un estresor significativo.

“La idea de llegar a ese escenario laboral puede ser bien desgastante para esa persona”, indicó González Dávila.

Los conflictos familiares pueden hacerse más frecuentes, porque la persona empieza a estar retraída, se olvida de planes, de conversaciones y deja de involucrarse en las actividades, agregó la psicóloga.

Como la ansiedad se presenta con panoramas catastróficos, se pierde la capacidad de análisis y alternativas. Por lo que algunos individuos, pese a lo que está viviendo, no ven la posibilidad de buscar otro empleo.

“Eso tiene mucho que ver con la cultura en la que nos movemos, un sistema socioeconómico en el que la persona se valora en lo que tiene económicamente, y eso conlleva en que la persona incurra en deudas. Pero también tiene que ver con la crianza y la enseñanza de que una persona tiene que sacrificarse en exceso para ser valorada”, recalcó.

Reflexiones sobre la salud mental en el ámbito laboral

Las psicólogas licenciadas Joabdelitza Mahmud Báez y Emillie M. Rodríguez Trinidad coincidieron en que, en el Mes de la Salud Mental, se reflexione este tema, ya que abarca un fenómeno complejo, que no se puede comprender únicamente desde la perspectiva de un individuo.

Mahmud Báez explicó que, desde un enfoque sistémico, es crucial reconocer cómo los eventos sociales influyen en los estresores que afrontan las personas, debido a que la realidad socioeconómica de Puerto Rico incide de manera directa en la salud mental de los trabajadores y trabajadoras.

“La exigencia de cumplir con las expectativas laborales y la incertidumbre del entorno pueden generar estresores que, en algunos casos, se agravan y derivan en trastornos psicológicos como la ansiedad”, sostuvo.

No puede desvincularse tampoco del contexto de género, planteó la psicóloga. En Puerto Rico, por ejemplo, las mujeres enfrentan desafíos significativos relacionados con el asunto de género. Numerosas trabajadoras asumen la mayor parte de las responsabilidades del hogar y el cuidado de los hijos, lo que las fuerza injustamente a elegir entre sus carreras profesionales y las tareas domésticas.

Esta dualidad de roles añade una demanda adicional que puede exacerbar el estrés y la ansiedad, precisó.

Pero también los hombres enfrentan desafíos relacionados con el género a raíz expectativas que se les impone, como proveedores principales. Lo que puede influir negativamente en su salud emocional al no cumplir con las responsabilidades económicas.

“A su vez, la comunidad transgénero y no binaria es una de las más vulnerables, debido a que enfrenta diversos desafíos relacionados con su identidad de género. Estos incluyen la búsqueda de empleo, la discriminación laboral, la falta de reconocimiento de su identidad y el temor de trabajar en un entorno hostil caracterizado por prejuicios y discriminación. Estos desafíos psicosociales destacan la necesidad apremiante de crear ambientes laborales seguros y respetuosos que promuevan la diversidad y la inclusión, implementando estrategias preventivas para reducir las repercusiones emocionales”, hizo hincapié Mahmud Báez.

Por su parte, Rodríguez Trinidad habló de que en la Isla el desempleo es un problema persistente que impacta la calidad de vida de las personas, exacerbando el estrés y la ansiedad en la población.

Puerto Rico ha enfrentado altas tasas de desempleo, especialmente tras la crisis económica de la última década y los desastres naturales, como el huracán María. “Esta situación se agrava aún más por los bajos salarios y el incremento en el costo de vida, lo que dificulta que las personas suplan sus necesidades básicas. La falta de oportunidades laborales y condiciones favorables pueden derivar en sentimientos de desesperanza e incrementar los niveles de estrés”, reiteró.

“Durante el proceso psicoterapéutico, el terapeuta facilita la identificación de los patrones de pensamiento y los comportamientos que contribuyen a la ansiedad. Lo antes mencionado promueve que la persona pueda obtener una perspectiva más precisa sobre su situación de estrés laboral. Además, es fundamental reconocer el rol de los profesionales en psicología industrial organizacional, quienes son fundamentales en los entornos laborales para trabajar en la prevención de síntomas de estrés relacionados al trabajo”, recomendó Rodríguez Trinidad.

Compartió algunas recomendaciones para gestionar las emociones desde el ámbito laboral.

  1. Establecer Límites: Establece límites claros en tus horarios de trabajo y asegúrate de desconectarte fuera de estos para preservar tu tiempo personal y prevenir el agotamiento.
  2. Identifica un pasatiempo: Incorpora actividades recreativas para tu disfrute.
  3. Priorizar tareas:  Realiza una lista de tareas y establece prioridades acordes a tus roles en el escenario de trabajo. 
  4. Busca Apoyo: Habla con tus colegas o amigos sobre cómo te sientes. Considera buscar ayuda profesional de ser necesario.
  5. Mantener un estilo de vida saludable: Cuida tu alimentación, haz ejercicio regularmente y asegúrate de dormir lo suficiente para mejorar tu bienestar general y manejar el estrés eficazmente.

En concordancia, ambas profesionales consideraron que la prevención de la ansiedad y el estrés no se limita únicamente a la intervención psicológica, puesto que es esencial abordar cuestiones de justicia salarial y mejorar las oportunidades laborales, aspectos que deben ser abordados desde la política pública.