Alguna vez te has preguntado, ¿por qué a las mujeres se las ha llamado brujas por siglos? Si le pides a un niño que dibuje a una, probablemente ilustre una mujer fea, narizona y montada sobre una escoba. Pero, la historia detrás del término bruja es una compleja, llena de estigma, injusticias y genocidio de mujeres, algo muy lejos de las brujas que vemos en las caricaturas. 

Las brujas nacen del miedo, del control y de una corriente misógina donde los hombres de la Edad Media y Moderna deciden luchar por el control del poder masculino, persiguiendo, torturando y  asesinando mujeres con conocimientos. Toda mujer que mostrara indicios de independencia era predispuesta a ser considerada bruja. Mujeres con conocimientos en ciencias, curanderas, comadronas, herbologas, solteras, extranjeras, viudas, pobres, en fin, toda mujer que se saliera del margen de los roles femeninos. 

Los hombres de estas épocas creían que toda mujer que quedara fuera del control masculino eran mujeres depravadas y perturbadoras, brujas que solo habían llegado a la Tierra para hacer el mal. Pero, detrás de estos inquisidores que, según ellos, lo hacían porque estas mujeres tenían un pacto con el diablo, había un deseo enorme de institucionalización y profesionalización de la medicina. La cacería de brujas dio comienzo con el inicio de las universidades y las primeras mujeres en ser asesinadas eran las comadronas y curanderas que amenazaban con el puesto de médico en las comunidades. Y es que, muchas de estas mujeres cargaban con conocimientos ancestrales de medicina popular que se pasaba de madre a hija. De hecho, gracias a estas mujeres es que se tiene registro del uso de hierbas medicinales que utilizaban para preparar analgésicos que trataban dolores de parto o crónicos. Todo este conocimiento supuso una amenaza para los hombres que decidieron utilizar como excusa su fe cristiana para asesinar a mujeres que veían como posible competencia. 

Siendo la medicina una de las primeras disciplinas de la iglesia, los hombres de esta época utilizaron su poder para prohibir la práctica de medicina a todo aquel que no tuviera título universitario. Ahora las mujeres sanadoras ya no podían ejercer la labor que llevaban haciendo todas sus vidas y tampoco tenían acceso a las universidades. Pero, para que esta prohibición tuviera el efecto deseado, decidieron destrozar la imagen de estas mujeres de la manera más vil y así estas no podrían cuestionar sus capacidades como médicos graduados. 

La ‘diabolización’ de la bruja fue lo que disparó la persecución de mujeres. Según los inquisidores, el poder y la sabiduría de las llamadas brujas no podía ser propio, era un tipo de magia que éstas adquirían al tener sexo con el diablo. Fue aquí donde utilizaron la imprenta para esparcir por toda Europa textos que detallaban de forma depravada y explícita el acto sexual de una bruja con el diablo. Uno de ellos y el más importante en los tiempo de la inquisición fue “Malleus Maleficarum”, libro escrito por dos monjes dominicos que se utilizó como manual por sacerdotes, protestantes y jueces en la lucha contra la brujería. 

El miedo ayudó a que miles de ciudadanos se unieran a la iglesia y salieran a la calle para acusar a toda aquella que mostrará señal de ser una mujer independiente, inteligente y desafiante, una bruja. Lo peor de todo es que a cada acusada se le pedía otro nombre y fue aquí donde se desató una cadena de masacres que inició en Alemania y llegó hasta Francia.Hoy día no se tiene claro el número final de asesinadas. 

Sin embargo, así como pasó en Europa, la historia de las mujeres en Puerto Rico no se aleja de lo ocurrido allá.  Antes de la llegada de Cristóbal Colón, las taínas desempeñaban una importante función en su sociedad. Estas normalmente ocupaban un puesto de poder y eran las encargadas de educar a la población acerca de la cultura. Los taínos convivían donde no existía en concepto de sexualidad, ni de pertenencia, una donde la mujer taína poseía los mismos derechos que el hombre. No fue hasta la llegada de los europeos al archipiélago que se comenzó el cambio de la era matriarcal a la patriarcal.  

 Onelia Pérez Rivera, antropóloga y defensora de los derechos de la mujer, señaló que hoy día, cuando se habla del término bruja lo vemos como una conceptualización de la sociedad eurocentrista, pero en varias sociedades indígenas la misma historia ocurrió. Cuando los europeos llegaron no pudieron manejar el concepto de masculino y femenino en las islas, ¿y qué hicieron? Comenzaron a esparcir el miedo, adueñarse del cuerpo de la mujer y crear el concepto de propiedad privada. Fue con sus ideales que comenzaron los pensamientos machistas y patriarcales que implementaron en las sociedades latinoamericanas. 

 “Los seres humanos antes se veían como igual, pero luego todo cambió. Todo lo que el europeo no comprendía era martirio, no podían lidiar ver una mujer desnuda, en pata rabo y  ser líder de su comunidad”, expresó a Es Mental. 

Las Brujas del Siglo 21 

Cuando Hillary Clinton anunció su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos una de las primeras cosas de las que se la acusó fue de satánica. Esto nos deja saber que quizás la caza de brujas se acabó, pero las mujeres del siglo actual tampoco se libran de ser llamadas así de manera despectiva. 

Para Ana Irma Rivera Lassén, abogada, activista feminista y defensoras de los derechos humanos, este hecho no le sorprende. “Bastantes veces me han dicho, bruja”, relató. Desde los inicios de su carrera, Ana Irma ha sido llamada “bruja” por ser portavoz en temas de los derechos de la mujer, discrimen por orientación sexual y la lucha contra el racismo. No obstante esto no parece molestarle, es más, da las gracias al ser llamada así. Ser bruja para ella es sinónimo de conocimiento e independencia. 

 “En la época que estamos no nos importa que nos llamen brujas porque somos nuestras dueñas. Somos mujeres rebeldes, que reclamamos cuerpo, sexualidad, mujeres que cuestionan, que tenemos derecho a decidir”. 

La actual ola feminista no se aleja de lo que las antiguas brujas proclamaban: libertad, derecho y justicia. Por eso, el nuevo clamor “somos las nietas de las brujas que no pudiste quemar” ha tomado fuerza en varios países, como Chile y Argentina, donde la lucha contra la violencia de género, feminicidio y los derechos en la toma de decisiones sobre nuestro cuerpo sigue vigente. Las luchas colectivas han creado una hermandad que busca educar acerca de las mujeres que fueron, son y serán.