El kratom, una planta originaria de Asia que se comercializa por internet y en gasolineras, ha ganado popularidad en Puerto Rico pese a los riesgos de dependencia y a la falta de regulación, advirtió el psiquiatra Ángel Luis Vega Ramos, especializado en sustancias y adicciones.
“Realmente, el kratom es un agonista parcial de opioide”, explicó Vega Ramos. Sus efectos varían según la dosis: en cantidades bajas puede actuar como estimulante, mientras que en dosis más altas produce efectos anestésicos y sedantes. “Como que te da energía, euforia”, dijo sobre sus efectos estimulantes. La sustancia se consume de distintas formas, entre ellas fumada o en té, y también se mezcla con otros productos.
Aunque el kratom se conoce en Puerto Rico desde hace tiempo, su popularidad ha aumentado durante el último año, aseguró el psiquiatra. Originalmente, algunas personas lo utilizaban como una alternativa natural para tratar la dependencia de opioides, bajo la creencia de que no generaba adicción. Sin embargo, Vega Ramos sostuvo que su uso habitual expone a las personas a desarrollar una dependencia.
“Eso es una mala concepción que tiene la gente”, afirmó al desmentir la idea de que por ser natural es necesariamente seguro. Tanto los productos naturales como los medicamentos convencionales tienen riesgos y efectos secundarios, por lo que insistió en la importancia de informarse antes de consumirlos, recordó.
Los riesgos del kratom
La comercialización de kratom y otros productos estimulantes en gasolineras facilita el acceso a sustancias cuyos efectos pueden ir más allá de proporcionar energía. La nutricionista Ana Bonano Torrens coincidió con el experto en sustancias y adicción al señalar la falta de información precisa acerca de su composición, las dosis y las posibles consecuencias del consumo para la salud.
A diferencia de la cafeína, cuyos efectos se asocian principalmente con el estado de alerta, el kratom puede producir efectos distintos según la cantidad consumida. En dosis bajas actúa como estimulante, mientras que en cantidades mayores puede generar efectos sedantes y analgésicos similares a los de los opioides. La evidencia científica identifica compuestos con potencial analgésico, aunque persisten interrogantes sobre su seguridad y sus efectos en el organismo, mantuvo la licenciada en nutrición.
Bonano Torrens explicó que el consumo diario puede generar tolerancia y dependencia. Entre los efectos adversos que pueden aparecer figuran las náuseas, los vómitos, el estreñimiento, los mareos, el aumento de la frecuencia cardíaca y la confusión. También, advirtió sobre los riesgos de mezclar estos productos con otras sustancias, una práctica que puede aumentar las complicaciones y provocar daños hepáticos o convulsiones.
Sin regulación, el consumidor desconoce la potencia, la composición y el procesamiento del producto. Vega Ramos advirtió sobre el riesgo de sobredosis, adulteración e interacciones con medicamentos, alcohol o cannabis, que pueden intensificar la sedación y provocar complicaciones. “Cada vez necesitas una dosis más alta”, señaló. Al interrumpir el consumo, pueden aparecer síntomas de abstinencia como diarrea, vómitos y dolor corporal, similares a los asociados con otros opioides.
Las consecuencias no se limitan a la salud física. Vega Ramos explicó que la dependencia puede aumentar la ansiedad, desencadenar síntomas depresivos y generar una búsqueda compulsiva de la sustancia. Además, puede agravar problemas de salud mental preexistentes o activar trastornos en personas con predisposición.
Incluso, el consumo puede tener consecuencias nutricionales. Bonano Torrens señaló que algunas personas pasan hasta ocho horas sin comer y consumen únicamente agua, lo que puede favorecer la pérdida de peso y alterar sus hábitos alimentarios.
La preocupación se extiende a las bebidas energizantes convencionales. Según los datos que ofreció, una taza de ocho onzas de café contiene entre 62 y 96 miligramos de cafeína, mientras que una bebida energizante puede aportar entre 80 y 200 miligramos. Estas bebidas también pueden contener entre 27 y 64 gramos de azúcar, equivalentes a unas siete a 16 cucharaditas, dijo Bonano Torrens.
En este marco, la composición de los productos comercializados como kratom puede variar considerablemente. Además de las hojas y los preparados tradicionales, existen extractos concentrados y productos enriquecidos con alcaloides como la 7-hidroximitraginina, que presentan efectos opioides más potentes. Una revisión clínica publicada en 2026 advirtió que esta diversidad dificulta evaluar los riesgos sin conocer qué contiene cada producto. Por ello, los efectos observados con un preparado no necesariamente pueden extrapolarse a todos los productos vendidos bajo el nombre de kratom.
El perfil de consumo comprende principalmente a personas de entre 25 y 50 años que buscan energía para estudiar o trabajar, mejorar el ánimo, aliviar dolores o afrontar procesos de desintoxicación por dependencia de narcóticos, sostuvo la nutricionista.
Bonano Torrens reclamó información clara sobre la composición, las dosis, las indicaciones y las contraindicaciones de estos productos. “Es fundamental que exista información clara y precisa, etiqueta adecuada con la información del contenido y dosis”, sostuvo. Desde su experiencia en la elaboración y revisión de etiquetas nutricionales, defendió la transparencia como una herramienta para proteger al consumidor y facilitar decisiones informadas antes de ingerir sustancias que pueden afectar el sistema nervioso y la salud mental.
Sin embargo, advirtió que restringir la venta no resuelve por sí solo el problema, porque las sustancias también se consiguen por internet. Por eso, defendió combinar la regulación con educación sobre drogas, prevención y acceso a tratamiento y servicios de salud mental.
En Puerto Rico, Bonano Torrens señaló que no existen estadísticas epidemiológicas sobre el consumo de kratom. También, mencionó el Proyecto del Senado 108, relacionado con la protección frente a su consumo y comercialización en smoke shops y por internet.
El kratom forma parte de un mercado más amplio de sustancias que se venden en gasolineras, junto con cannabinoides sintéticos y semisintéticos, óxido nitroso y poppers. Para Vega Ramos, estos establecimientos necesitan regulación ante los riesgos del uso indebido.




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