Mientras algunos ven el fenómeno de la moda rápida —o fast fashion, en inglés— como una alternativa de bajo costo y gran accesibilidad, detrás de la promesa de “moda asequible” se esconde una potente combinación neurobiológica y psicológica, que activa los centros de recompensa del cerebro y la gratificación instantánea; convirtiendo a las personas en consumidoras compulsivas y, además, cómplices de explotación laboral de niños y adultos y el impacto ambiental. 

En una era dominada por la inmediatez y las compras con un solo clic, la moda rápida ha llegado para prometer gratificación instantánea. Ropa barata, tendencias efímeras y envíos que casi se hacen al momento. Sin embargo, lo que muchos desconocen —o prefieren ignorar— es que esta práctica va mucho más allá de otra compra ocasional, pues está profundamente conectada con cómo una persona gestiona y/o evita sus emociones. 

De acuerdo con la doctora Nilka Rosado Román, psicóloga, la moda rápida opera como un mecanismo de gratificación instantánea y regulación emocional superficial, cuya dinámica puede proporcionar satisfacción inmediata. Sin embargo, a largo plazo puede derivar en desequilibro emocional y consumismo impulsivo, siendo, en ocasiones, una válvula de escape para emociones no reconocidas.

“La gente compra sin pensar. ¿Por qué? Porque no sabe cómo se siente. No sabe identificar si está triste, enojada, aburrida. Estas compras a veces se dan cuando una persona está pasando por algo”, explicó a Es Mental.

Y es que la dopamina, la hormona que se vincula al placer, se activa incluso antes de hacer una compra, de hecho, solo con hacer clic. Al menos así lo detalla la  investigación Individualized prediction of online shopping addiction from whole-brain functional connectivity. 

Por tanto, ver un producto que gusta, activa la “zona del placer”, correlacionándose con el nivel de deseo que se experimenta, confirma Dopamine and Endorphins: A Study of Speed in Fashion as a Mechanism of Desire.  Además, precios bajos (como, por ejemplo, que un traje de 30 dólares sea rebajado a 15 dólares) activan también el componente de “transaccionalidad”, generando gratificación instantánea. 

“La gratificación instantánea está relacionada con la liberación de dopamina, que se libera cuando deseamos algo y cuando tomamos acción dirigido a lo deseado o alcanzar una meta. En el caso de fast fashion, cuando una persona compra un artículo de ropa o accesorio, sobre todo si lo hace impulsivamente o con solo un clic, experimenta una sensación inmediata de satisfacción. Es decir, se libera el neurotransmisor tras alcanzar su meta”, describió, por su parte, el licenciado Christian A. Aponte Peralta, psicólogo. 

Esta dinámica puede fungir como “refuerzo positivo” e incluso volverse adictiva, especialmente cuando se asocia a estados de ánimos fluctuantes (estrés, baja autoestima, entre otras), mencionó también.

En el contexto de la moda rápida, también influye al imaginarse cómo se verá o cómo será percibido o percibida socialmente, dando paso al ciclo de consumo, pues no solo responde a necesidades emocionales internas, también se alimenta del entorno social.

TikTok, Instagram, Facebook, todas estas redes sociales podrían impulsar una cultura de consumo constante, reiteró la doctora Rosado Román.

“La presión es fuerte. No solo son los anuncios. Es esa amiga que sube la foto con el outfit de moda. Ese influencer que dice que compró en Shein por cuatro dólares. Uno, que está vulnerable, siente que necesita pertenecer”, describió. 

No obstante, esa necesidad de pertenecer muchas veces esconde una baja autoestima, mencionó la doctora.

“Cuando no estoy segura de mí misma, uso la ropa como una máscara. No porque me represente, sino porque me hace sentir válida frente a otros. Me escondo detrás del ‘lo tengo’. Pero no me conozco”, sostuvo.

El miedo a ser juzgado o quedar fuera por no estar a la moda —el famoso FOMO— se activa con la presión de tendencias rápidas . Así, la moda deja de ser expresión y se convierte en vestimenta para encajar, muchas veces sacrificando la autenticidad por una afiliación inconsciente.

Moda rápida: las compras y la regulación emocional 

Otra situación detrás de la moda rápida es el hecho de que las compras se convierten en una manera rápida de aliviar emociones incómodas. 

De acuerdo con Aponte Peralta, aparenta garantizar una solución pasajera y rápida, pero como es momentáneo, no atiende a las emociones desde la raíz del problema. 

“La conciencia humana o prestar atención detenidamente es esencial, porque nos permite detenernos y mirar el impacto de nuestras decisiones. No se trata solo de culpar al consumidor, sino de invitarlo a reflexionar desde la compasión y empatía”, recordó el psicólogo.

“¿Por qué estoy comprando esto? ¿Qué estoy intentando satisfacer? ¿Qué pasaría si lo hiciera de forma distinta? ¿Esto resuena con lo que valoro y creo para mí? Desde la psicología, promovemos el desarrollo de la flexibilidad psicológica; tomar decisiones más alineadas a nuestros valores, incluso cuando las emociones o impulsos nos empujan a lo contrario”, agregó.

Aconsejó a los individuos a empezar a visibilizar el patrón o las dinámicas que surgen relacionadas a este tipo de compras, identificar y describir la emoción en el momento, explorar otras formas de gratificación emocional (arte, movimiento, conexión) y practicar el consumo con propósito, poniendo como prioridad el comprar menos, pero con mayor significado.

Asimismo, cuestionar el mensaje que promocionan estas compañías, como “date un gustito”, “te lo mereces” y otras.

Coincidiendo con esto, la doctora recomendó hacer pausas y darse la oportunidad de caminar, meditar y hasta respirar, ya que quizá lo que se necesita no es un paquete, sino el conectar consigo mismo. 

De igual forma, prácticas como el yoga, el mindfulness o simplemente estar presente con lo que se siente.

“No es mágico ni perfecto, pero sí transformador. Y te devuelve el poder. Porque ya no eres una reacción automática, eres una persona consciente que actúa desde su centro” finalizó.