Por mucho tiempo se ha creído que tener pasatiempos y ponerlos en práctica o tomar tiempo de ocio son distracciones innecesarias en la vida de una persona. Particularmente, ante el ritmo acelerado que se vive en estos tiempos. Sin embargo, a nivel cerebral, físico y emocional los pasatiempos promueven la autodisciplina, los hábitos y la constancia, y son muy esenciales en una rutina cotidiana.
Los pasatiempos suelen percibirse como ‘algo que se hace si sobra tiempo’, pero la realidad es que representan mucho más; compromiso, disciplina y se hacen porque se disfrutan, no por obligación.
En la práctica clínica se ha visto, por ejemplo, que individuos, sin darse cuenta, dejan de hacer lo que disfrutan. Siendo el trabajo, el hogar y la rutina diaria responsables de que esto ocurra.
¿Por qué incorporar pasatiempos a la vida diaria?
Una teoría, nombrada broaden-and-build en el estudio The relationship between leisure activities and mental health: The impact of resilience and COVID‐19, sugiere que las actividades de ocio desempeñan un papel fundamental en mantener una buena salud mental, ya que ayudan a reducir efectos negativos de experiencias estresantes. Esto se evaluó, especialmente, tras la llegada de la pandemia por COVID-19, que cambió significativamente los estilos de vida, incluyendo actividades de ocio.
Según la doctora Ivalmie Díaz Montañez, psicóloga clínica, cualquier pasatiempo que requiere práctica constante puede ayudar a desarrollar autodisciplina, siempre y cuando sea algo que la persona disfrute.
“Cuando alguna actividad se disfruta, el cerebro lo asocia con bienestar y aumenta la probabilidad de repetirlo. Además, se facilita la constancia y eventualmente la creación del hábito. Por el contrario, si no se disfruta, se abandona rápido”, sostuvo.
Si en el camino aparece la disposición, perseverancia y planificación el pasatiempo puede llegar a transformarse en un hábito. Pero, es necesario que se invierta tiempo y se entienda que los resultados pueden tardar en llegar.
“Aquí la perseverancia es clave. La literatura nos muestra que las personas más perseverantes tienen mayor probabilidad de alcanzar metas a largo plazo”, agregó.
Por su parte, la consejera psicológica Karina Tomassini Reyes recordó que los pasatiempos pueden convertirse en espacios personales de crecimiento, conexión y autocuidado cuando se practican con intención.
Mencionó, además, que existen muchos pasatiempos que requieren el desarrollo de disciplina para crear constancia, como lo es el baile, tocar instrumentos, practicar actividades como yoga, ejercicios, el cuidado de plantas o lectura y escritura de poemas.
Los ejemplos mencionados, señaló Tomassini Reyes, no solo brindan placer, sino que también enseñan a ser pacientes con el proceso propio. “Para que estas actividades se sostengan a largo plazo y generen resultados, es necesario la disciplina. Es importante resaltar que la disciplina no debe ser vista con rigidez sino desde una perspectiva de autocuidado y compromiso con uno mismo”, dijo.
Por otro lado, reconoció que la autodisciplina es una habilidad que no surge de la nada, más bien se construye a lo largo del tiempo.
Desde la psicología, por ejemplo, se entiende como un conjunto de procesos que se desarrollan mediante la repetición, el aprendizaje social, la práctica consciente y la experiencia. Su desarrollo ocurre gracias a la maduración de las funciones ejecutivas del cerebro, especialmente aquellas relacionadas con la planificación, el control de impulsos y la regulación emocional. Estas funciones dependen en gran parte de la corteza prefrontal, un área que se fortalece con la experiencia y la práctica, describió la consejera.
“A través de la repetición de conductas y la toma de decisiones conscientes, el cerebro crea nuevas conexiones neuronales, un proceso conocido como neuroplasticidad. Por eso, la autodisciplina no es innata: se entrena y se construye con el tiempo”, afirmó.
Pero la cultura de la inmediatez está socavando en el desarrollo de la autodisciplina, por tratarse de una que se empeña en “lo quiero todo ahora”, explicó el trabajador social clínico Pedro J. Molina Figueroa.
“[Esta cultura] afecta negativamente la autodisciplina, porque los hábitos requieren tiempo y proceso. Al no ver resultados inmediatos, tendemos a abandonar”, comentó.
“La autodisciplina es una habilidad que se aprende, no nacemos con ella. Se desarolla a través del compromiso diario, aunque sea con pequeños esfuerzos. Es decir: ‘Hoy voy a practicar, aunque sea un poco’. La constancia es clave, entendiendo que todo proceso es paso a paso y no inmediato”, opinó también.
Finalmente, la doctora Díaz Montañez dijo que invertir tiempo en sí mismo es casi un acto de resistencia ante una cultura que valora únicamente la productividad y el trabajo, y que genera culpas si se piensa en descanso. Ir en contra de esta narrativa se convierte, enfatizó, en un acto de autocuidado y resistencia.
“No se trata de ‘perder el tiempo’, sino de vivir de manera más plena, reconociendo que también merecemos espacios de descanso, disfrute y desconexión con nosotros mismos”, finalizó.
Por su parte, Tomassini Reyes dijo que el patrón de consumo (que fomenta la cultura de la inmediatez) genera gratificación instantánea y, por consiguiente, hay implicaciones en la salud mental de las personas, ya que la exposición continua a recompensas instantáneas refuerza conductas de búsqueda de placer inmediato, reduciendo la tolerancia al esfuerzo sostenido.
“En este contexto, practicar un pasatiempo se puede volver un desafío, porque entra en conflicto con la inmediatez; los resultados tardan en verse, requieren tiempo, repetición y compromiso”, describió.
Para fortalecer la autodisciplina a través de los pasatiempos, recomendó seleccionar actividades que generen placer y disfrute, y no se perciban como actividades obligatorias. Asimismo, comenzar con metas pequeñas y sobre todo realistas, que puedan permitir experimentar logros.
“Es necesario darnos cuenta de que nos hemos desligado de actividades que nos cuidaban emocionalmente, hay que sacar tiempo para reconectar con ellas”, concluyó, por su parte, Molina Figueroa.




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