Apatía, pérdida de interés en actividades que antes eran de disfrute, incapacidad para sentir placer y disminución de la concentración y el desempeño social, académico o laboral. Así podría manifestarse el síndrome amotivacional, un patrón de comportamiento que se caracteriza por la falta de iniciativa y/o motivación, según la Asociación Americana de Psicología.

Además, el síndrome amotivacional tiene un vínculo directo con el uso de sustancias psicoactivas. De acuerdo con la psicóloga Emily Tapia Romano, la literatura asocia este síndrome directamente con el consumo de sustancias, ya que las personas que, por ejemplo, abusan de cannabis, tienden a presentar los síntomas.

Esto sucede porque a nivel cerebral el sistema de recompensa experimenta niveles elevados de dopamina que, una vez disminuyen, provocan que una persona comience a sentirse desinteresado, apático, con procrastinación extrema e incluso que abandone sus responsabilidades cotidianas.

El síndrome amotivacional fue mencionado por primera vez en el 1968, para diferenciarlo del trastorno depresivo persistente o también llamado distimia, pues aunque comparten rasgos similares, no tratan de lo mismo, reitera la psiquiatra española Marián Rojas Estapé en su libro Recupera tu mente, reconquista tu vida. 

Además, según la psiquiatra, aunque este síndrome no se detalla como tal en el Manual diagnóstico y estadísticos de los trastornos mentales (DSM-5), sí apunta a que las personas pueden llegar a experimentar la falta de motivación, que se asemeja a la distimia.

“Cuanta más dopamina, más tristeza, infelicidad e incapacidad de disfrutar. Las drogas ocultan y diluyen la conciencia, reduciendo la capacidad que tiene la mente de percibir su estado de adicción y malestar. Cuando se encuentra en ese estado, el inconsciente vuelve una y otra vez al consumo. Es más fácil abandonarse a las drogas que lidiar con la vida”, menciona Rojas Estapé.

“El cerebro libera mucha dopamina, por eso tu sistema de recompensa lo interpreta como ‘esto es muy bueno’, por eso necesitas más y más. Cuando tu cuerpo no recibe esa misma cantidad de dopamina, experimenta la apatía y todos esos síntomas del síndrome”, dijo Tapia Romano.

Causas y manejo del síndrome amotivacional

El síndrome amotivacional puede aparecer por el uso de medicamentos, otras condiciones de salud mental y ciertos trastornos neurodegenerativos, señaló la psicóloga Odalys Vázquez.

“El síndrome amotivacional debe ser bien explorado en términos de los síntomas, porque podría ser indicativo de la presencia o desarrollo de una condición de salud mental”, sostuvo.

Explicó que, desde la mirada profesional, se presta particular atención a pacientes con historial del uso de cannabis u otras sustancias psicoativas, pero, además, a aquellas que manifiestan cambios en el sueño y pensamientos suicidas. 

“Es bien importante que identifiquemos la duración, amplitud del impacto y la frecuencia de los episodios en términos de síntomas. Además, exploramos cómo estos síntomas afectan la funcionalidad del día a día de la persona. Un ser humano puede presentar un día o varios días en los que su motivación sea una muy baja, pero en este síndrome se ve una falta de motivación persistente, generalizada y que afecta de manera directa su vida”, recordó la psicóloga.

Estudios puntualizan que en algunos casos los síntomas pueden desaparecer luego de dejar de consumir la sustancia. Pero, en otras personas se han visto prolongarse hasta 24 meses después de haber detenido la utilización.

La psiquiatra española asegura que la curación comienza cuando cesa el consumo, y que la psicoterapia cognitiva es el mejor tratamiento para que una persona pueda tomar conciencia de sus conductas, cumpla sus objetivos y sobre todo se vuelva a ilusionar con la vida.

“El consumo de marihuana y su interacción con el síndrome amotivacional sigue siendo motivo de debate al no conocerse bien la neurofisiología que subyace”, dice.

Por su parte, Tapia Romano recalcó que este síndrome no es similar a un trastorno depresivo persistente y que usualmente son los familiares y personas cercanas quienes alertan sobre los cambios en el comportamiento. 

Además, rara vez el paciente llega a terapia buscando introspección por su consumo, más bien, manifiesta su apatía y pérdida de interés. El profesional de la salud mental debe indagar para conocer la raíz detrás de los síntomas.

Este síndrome afecta la cotidianidad del individuo, incluyendo sus relaciones sociales y profesionales.

“Si estamos viendo una disminución en nuestras interacciones sociales es una señal que debemos tomar en cuenta”, sostuvo la psicóloga Romano.

“Hay que hablar y visibilizar todos los temas de salud, si conoce algún familiar que necesite ayuda, búsquela sin miedo o vergüenza”, puntualizó.

Finalmente, Vázquez dijo que este síndrome debe trabajarse de forma holística y que, si es necesario, puedan hacerse referidos a otros profesionales de la salud, como lo son los psiquiatras.

“La prevención es clave. Priorizar el autocuidado. Crear rutinas para la higiene del sueño. Hábitos de alimentación y actividad física. Integrar la práctica de la atención plena. El apoyo de la familia es fundamental”, concluyó la psicóloga.