El uso de anticonceptivos hormonales no solo influye en el ciclo menstrual, sino que también puede tener efectos en el cerebro y el estado de ánimo.
Así lo detalló la neuropsicóloga Cristina Sadurní, quien destacó que, aunque no todas las mujeres presentan cambios, algunas reportan variaciones emocionales y cognitivas tras iniciar estos métodos.
“Algunas mujeres pueden experimentar depresión, ansiedad, irritabilidad, cambios en el apetito o el sueño, y en algunos casos, alteraciones leves en funciones cognitivas”, señaló Sadurní.
Estos efectos pueden incluir un enlentecimiento en la rapidez de procesamiento, dificultades para regular la atención y cambios en la memoria de trabajo, especialmente cuando hay un trasfondo emocional complicado.
La especialista puntualizó que los anticonceptivos hormonales, al aportar estrógenos y/o progestágenos sintéticos, alteran el equilibrio hormonal natural del cerebro. Esto, a su vez, influye en la actividad de neurotransmisores, como la serotonina y la dopamina, claves en la regulación del ánimo y las emociones. Sin embargo, repitió que no todas las mujeres se ven afectadas de la misma manera.
“Las diferencias individuales en genética, sensibilidad hormonal, antecedentes de salud mental y factores ambientales pueden explicar por qué algunas presentan síntomas y otras no”, afirmó.
Por su parte, la psiquiatra Karen Martínez González, directora del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Puerto Rico, subrayó que el impacto depende en gran medida de la biología y antecedentes de salud mental de cada mujer. Las personas con órganos reproductivos femeninos son particularmente susceptibles a los cambios hormonales, recordó Martínez. Por eso, no es raro que ciertas condiciones psiquiátricas se exacerben en momentos como la perimenopausia, el posparto o justo antes de la menstruación.
Según Sadurní, factores como la edad y la etapa reproductiva también influyen en la respuesta psicológica a los anticonceptivos, así como el tipo de método utilizado.
“Cada anticonceptivo tiene distintas dosis y tipos de hormonas, y su forma de liberación varía. Esto provoca fluctuaciones hormonales diferentes, que pueden impactar en el estado de ánimo. Los métodos solo con progesterona, como implantes o inyecciones, se han asociado a un mayor riesgo de síntomas depresivos en algunas mujeres”, explicó Sadurní.
Un meta-análisis, publicado en JAMA Psychiatry, encontró que el uso de anticonceptivos hormonales está asociado con un aumento moderado del riesgo de depresión, especialmente durante el primer año y en adolescentes. Sus hallazgos resaltan que tanto los métodos combinados como los solo con progestágeno pueden afectar la salud mental, reforzando la necesidad de un seguimiento cuidadoso, especialmente en mujeres con antecedentes de trastornos del ánimo.
Martínez explicó que el cerebro cuenta con numerosos receptores para hormonas, como el estrógeno y la progesterona. Las fluctuaciones en sus niveles, ya sea por procesos naturales como la fase lútea del ciclo menstrual, el embarazo o la menopausia, o por el uso de anticonceptivos, pueden afectar la regulación emocional y cognitiva, sostuvo Martínez.
“La bajada de estrógeno se asocia con ansiedad, síntomas depresivos e incluso problemas de atención y concentración”, insistió.
Mientras, sobre el uso prolongado, la neuropsicóloga aclaró que la evidencia no indica cambios permanentes.
No todos los efectos de los anticonceptivos son adversos
“La mayoría de los efectos son reversibles al suspender el método, aunque la investigación sobre posibles consecuencias a largo plazo sigue en curso”, puntualizó.
No todo son efectos adversos, añadió Sadurní. Destacó que algunas mujeres experimentan beneficios neurológicos y emocionales, como la mejora del estado de ánimo, la reducción de síntomas premenstruales o una mayor estabilidad emocional.
Asimismo, Martínez dijo que, en algunos casos, estos medicamentos forman parte del tratamiento psiquiátrico.
“Hay personas cuya depresión o ansiedad empeoran en la fase lútea. Los anticonceptivos, al estabilizar las hormonas, pueden ayudar a mejorar los síntomas”, explicó la especialista.
Sin embargo, la psiquiatra sostuvo que no siempre el efecto es positivo. En mujeres con historial de depresión, trastorno bipolar u otras condiciones severas de salud mental, la recomendación es que el manejo se realice en conjunto entre ginecólogo y psiquiatra, evaluando de forma continua el balance entre beneficios y efectos adversos.
Ese equilibrio hormonal no depende solo de la medicación, continuó Martínez. Factores como la dieta, el ejercicio regular, el descanso adecuado y, especialmente, el manejo del estrés, desempeñan un papel esencial.
“Vivimos en un mundo con muchas demandas y presiones. Mantener un cuerpo y una mente en balance ayuda también a mantener las hormonas en equilibrio”, consideró.
A su vez, Sadurní alertó que hay señales que requieren atención inmediata.
“Cambios bruscos de ánimo, depresión grave, pensamientos suicidas, ansiedad intensa, confusión o problemas cognitivos persistentes son motivos para consultar de inmediato con un profesional”, ejemplificó.
Además, opinó que la genética, los antecedentes de salud mental, el estrés, la falta de sueño y hábitos poco saludables pueden aumentar el riesgo de experimentar efectos emocionales adversos.
Más allá de los posibles efectos secundarios, es importante reconocer que los anticonceptivos pueden ser una herramienta valiosa no solo para el control reproductivo, sino también, en algunos casos, para mejorar la salud mental, opinó Martínez.
La clave está en la personalización del tratamiento y en un seguimiento médico que tome en cuenta tanto la salud física como la emocional, aseguró la psiquiatra.
“Cada mujer reacciona de manera diferente. Por eso es importante un seguimiento personalizado y tomar decisiones informadas junto al médico”, concluyó Sadurní.




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