Los datos más recientes de la Administración de Servicios de Salud y Contra la Adicción (ASSMCA) muestran un incremento significativo en la cantidad de hombres que solicitan los servicios de la agencia.
Aunque la administradora de ASSMCA, la doctora Catherine Oliver Franco, sostuvo que la tendencia es alentadora y muestra de que los varones están reconociendo que necesitan ayuda, no son reflejo fiel de lo que ocurre con las búsqueda de servicios de salud mental en la población general en Puerto Rico.
Los servicios que ofrece ASSMCA están más dirigidos a problemas severos, y a temas de adicción a sustancias y alcohol, que son los servicios que más solicitan los varones; la mayoría de los pacientes de ASSMCA son hombres, mientras que en servicios psicológicos y psiquiátricos ofrecidos por proveedores privados la proporción es inversa. Sin embargo, en ambos servicios –públicos y privados– se está detectando una mayor apertura de los hombres en cuanto a la salud mental, coincidieron los entrevistados.
Oliver Franco, indicó que desde el 2022 se ha visto un incremento en el porcentaje de hombres buscando los servicios de la agencia. En 2022 se reportó un 61 por ciento, mientras que en el 2023 un 64 por ciento. Desde el 2024 hasta el año en curso representan entre el 66 a 70 por ciento de la población que acude a los diferentes programas.
«Estamos viendo que los varones están reconociendo que necesitan tener las destrezas y ayudas pertinentes para poder continuar. […] Queremos romper el estigma de que buscar ayuda es una debilidad. Crear masculinidades saludables es parte de nuestra misión», dijo Oliver Franco.
Con edades entre los 18 a 65 años, un 25 por ciento de estos tienen empleo y/o un trabajo a tiempo completo, mientras que un 35 por ciento no participa en la fuerza laboral.
Se desprende, además, que utilizan herramientas como la Línea PAS o el 9-8-8 con interés en programas como la Clínicas de Tratamiento Integral Asistido con Medicamentos, Centro de Tratamiento Ambulatorio (especialmente para trabajar el tema del trastorno por uso de alcohol) y Rehabilitación.
«Se necesita seguir reforzando espacios seguros como la Línea PAS, para acompañamiento dentro de cada proceso», enfatizó la administradora.
No obstante, la administradora recordó que no es motivo para bajar la guardia en cuanto a la prevención en temas de salud mental, como lo son las muertes por suicidio, pues las cifras siguen siendo encabezadas por estos.
Los informes mensuales de la Comisión para la Prevención en el Suicidio, hacen hincapié en que desde el año 2000 hasta enero de 2025 se han reportado un total de 7,148 suicidios en Puerto Rico, con un promedio anual de 289 suicidios.
Un 85 por ciento de los suicidios ocurren en hombres, con una tasa ajustada de 16.0 por cada 100,000 habitantes, en comparación con 2.4 en mujeres.
Diversos factores se asocian a ello, pero, particularmente, culturales y económicos, como lo son los roles de género y cómo deben actuar o comportarse frente a la sociedad (lo que incluye una pobre gestión de sus emociones) y la crisis económica.
Múltiples los retos de los hombres en el manejo de su salud mental
Según José Lázaro, educador y creador de Masculinidad 98, aunque en la Isla se está observando un cambio en cómo los hombres perciben la salud mental, esto sigue siendo lento y enfrenta múltiples obstáculos. Tales como la baja adherencia al tratamiento, dificultad para identificar y expresar emociones (alexitimia) y la resistencia impuesta por los estereotipos rígidos de género.
Y sí, cada día se cuestiona con mayor fuerza las ideologías tradicionales de la masculinidad, pero todavía persisten narrativas, patrones y creencias que limitan la disposición de los hombres a trabajar su bienestar emocional, comentó Lázaro.
Por lo que, no necesariamente se traduce en un mayor acceso a servicios de salud mental, pues el sistema todavía enfrenta limitaciones estructurales.
«Aún así, existen iniciativas que buscan atender estas necesidades, como la Administración Auxiliar de Prevención y Promoción de la Salud Mental de ASSMCA o las herramientas desarrolladas por la Comisión para la Prevención del Suicidio, entre ellas inventarios de servicios y protocolos para la prevención del suicidio», continuó.
«En mi experiencia facilitando talleres y grupos de apoyo en temas de salud mental y masculinidades, observó una gran disposición a trabajar el bienestar y apertura a la ayuda, lo que muestra un potencial real para cambiar conductas dañinas. No obstante, también identificó hombres que aún se encierran en pensamientos como “qué pensarán los demás” o “si hago esto, no soy un hombre fuerte”», describió.
De igual manera, están aquellos que no han llegado a los espacios de apoyo, quienes se niegan a reconocer sus necesidades emocionales o los que repiten conductas esperando resultados diferentes, sostuvo.
También se necesita una remuneración justa para los profesionales de salud, un enfoque preventivo comunitario y un cambio cultural hacia una visión menos patologizante y más empática y humanista de la salud mental.
«Aunque se observa una mayor apertura en hombres hacia la búsqueda de ayuda, las raíces del machismo siguen profundamente arraigadas en la psiquis puertorriqueña. […] Los mejores resultados que he visto no provienen del regaño, sino de mostrar a los hombres cómo el machismo los afecta, explicar el origen de esos procesos dañinos y ofrecer espacios grupales de aprendizaje horizontal, en las que las nuevas conductas prosociales se modelan entre pares», aconsejó el creador de Masculinidad 98.
Por su parte, el psicólogo Brayan N. Alvarado López, quien trabaja con personas con trastornos por uso de sustancias, aseguró que sí pueden verse más hombres buscando ayuda, porque, precisamente, es la demografía que sobresale por uso problemático.
Ahora mismo se observa en el archipiélago un consumo significativo de fentanilo, la xilacina y pastillas adulteradas con fentanilo, comentó el especialista.
Ha visto que hay más aceptación del tema, pero la barrera más notable es el estigma. Siendo responsable, en ocasiones, de que una persona se sienta señalada y juzgada si busca ayuda.
«Hay mucho estigma y se debe a que muchos profesionales de la salud tienden a no entender la situación como una condición de salud mental y crónica», opinó el psicólogo.
«Hace falta profesionales de la salud que atiendan esta problemática desde un aspecto más salubrista», puntualizó.
Finalmente, Lázaro mencionó que para muchos hombres, el alcohol y otras sustancias no solo forma parte de las dinámica de fiestas o salidas, sino funcionan como mecanismos para lidiar con emociones reprimidas. Expresiones como “ahogar las penas” son ejemplo de cómo se convierten en un mecanismo para lidiar con lo que sienten.
«En muchos casos, estas sustancias se convierten en un sustituto informal de los servicios de salud mental», precisó.
«A esto se le añade que los hombres suelen buscar ayuda formal únicamente cuando su condición alcanza un nivel mayor de gravedad. Todo ello responde a las exigencias de la masculinidad tradicional, que asocia la invulnerabilidad con fortaleza, pero que en la práctica aísla a los hombres de las verdaderas herramientas que promueven su bienestar», finalizó.




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