La directora de Planificación Familiar en el Departamento de Obstetricia y Ginecología del Recinto de Ciencias Médicas (RCM), Yari Vale Moreno, aseguró que no hay suficiente evidencia empírica ni estudios científicos como para relacionar de manera concreta a los anticonceptivos con trastornos de salud mental. 

Afirmó que muchas mujeres deciden abandonar los anticonceptivos porque éstos les provocan cambios en el estado de ánimo. Sin embargo, según su experiencia en la práctica privada, no ha visto conexión directa entre anticonceptivos y trastornos de salud mental, con excepción a la depoprovera.

Indicó que hay estudios que evidencian que por las inyecciones de progesterona, las personas se deprimen más. Aseguró que hay cambios en el estado de ánimo, ya que, igual que sucede días antes del ciclo menstrual normal por la reducción de progesterona, pueden sentir “no poder controlar sus emociones”. 

Asimismo, destacó que las pastillas orales, conocidas como las píldoras, al tener una farmacocinética de un ciclo de 24 horas, el vaivén de las hormonas provocan cambios de estados de ánimo. Es decir, no necesariamente al punto de llegar a una depresión, pero sí probablemente capaces de empeorar los síntomas de un trastorno emocional ya existente. 

“En este caso, yo recomendaría algo más estable como el parche o anillo, pues, aunque son hormonales, mantienen una estabilidad y no depende de un ciclo de 24 horas”, sugirió Vale Moreno. 

Compartió que incluso hay una asociación entre el implante y el cambio de estados anímicos, pero no la depresión. Sin embargo, insistió en que sí hay evidencia de que muchas personas dejan los anticonceptivos por cambios emocionales y luego ven mejoría. 

Asimismo, pueden bajar la libido, cosa que muchas veces no se menciona por el hecho de que se trata mayormente de personas jóvenes con alto libido. “No se hace hincapié en este hecho al tratarse de personas jóvenes, a menos de que la persona se haya quejado anteriormente sobre bajo libido”, especificó. 

En este marco, un estudio reciente publicado en Epidemiology and Psychiatric Sciences encontró que las mujeres que usan píldoras anticonceptivas pueden tener hasta un 130% más de riesgo de depresión, particularmente en los dos primeros años de uso de anticonceptivos orales.

Al contrario, otra investigación sueca en la que se analizaron mujeres de 15 a 25 años, sin antecedentes psiquiátricos ni tratamiento de depresión, que usaban anticonceptivos hormonales con otras del mismo perfil que no, encontró que las mujeres que usan productos solamente de progesterona no tenían un riesgo de depresión elevado. Sin embargo, las adolescentes que usan contracepción, como el anillo, el parcho, los implantes y lenovo (DIU), sí están asociados a riesgos.

Por su parte, Vale Moreno explicó que es difícil establecer una causa y efecto. Si la paciente tiene dolor en las menstruaciones y su vida se vuelve poco activa por este motivo, puede provocar síntomas de este trastorno o un cambio en el estado de ánimo, ejemplificó. La mayor cantidad de quejas, aseguró, es por las pastillas, fármaco que queda englobado como método contraceptivo porque son hormonales. 

No obstante, las personas no toman en consideración que hay distintos tipos de proveedores y niveles de progesterona u hormonas. Por ende, no se pueden agrupar dentro del mismo grupo a todas las pastillas. “Es difícil convencer a una persona que tuvo una mala experiencia con pastillas a continuar tomándolas, aunque sean distinta marca o dosis”, opinó.

Por su parte, la estudiante de doctorado en psicología clínica, Jayleen Babilonia Babilonia, coincidió con Vale Moreno al establecer que existe relación y una asociación entre usar anticonceptivos y el impacto que puede tener en su salud mental. No obstante, enfatizó en que cuando se considera la evidencia empírica y la investigación científica no llega a conclusiones certeras o definitivas. Especificó que la falta de documentación se debe a que no se hacen muchas investigaciones relacionadas a anticonceptivos en las que se tome en consideración la salud mental de la mujer específicamente. 

Babilonia Babilonia afirmó que, tal como indicó Vale Moreno, el estrógeno y la progesterona se encargan de regular algunas de las sensaciones en el cerebro que tienen que ver con lo cognitivo y lo emocional. Por ende, a nivel químico se crean reacciones en el cerebro que efectivamente pueden desequilibrar cómo uno se siente y tener un impacto en el funcionamiento del cerebro. 

El uso de anticonceptivos está atado a una serie de asuntos contextuales relacionados al espacio en el que se encuentra esa persona, que también incide en la manera en la que manejan y trabajan los procesos de anticoncepción, añadió Yarimar Rosa Rodríguez, psicóloga especializada en el área de derechos sexuales y reproductivos, e investigadora de ciencias sociales. No se puede hablar de causas directas, pero sí hay una relación entre los cambios de ánimo y los anticonceptivos, aseguró. 

La razón por la que la persona está tomando un método anticonceptivo y las circunstancias en la que se accede al mismo, también impactan, indicó Rosa Rodríguez, también coordinadora del colectivo feminista SiempreVivasMetro. 

Necesarios más estudios sobre la relación de los anticonceptivos y la salud mental

Asimismo, en consonancia con Babilonia Babilonia, Rosa Rodríguez insistió en que la mayor parte de las investigaciones sobre este tema no las hacen las mujeres y las participantes son europeas. La falta de acceso es un elemento que también afecta, pues supone estresores adicionales que impactan el funcionamiento adecuado del cuerpo. En este marco, en Europa los anticonceptivos son accesibles para toda persona y los ciclos menstruales, son distintos. 

“Hay muy pocas investigaciones que abarcan la parte biomédica y que en sus preguntas y objetivos enlacen lo que es el historial de las mujeres ante la experiencia del uso de anticonceptivos y el ciclo menstrual”, criticó. 

Hace falta estudiar y ejercer más investigaciones que trabajen de fondo el tema de cómo los anticonceptivos impactan la salud mental, indicaron las entrevistadas. No todos los productos en el mercado van a impactar de la misma manera, aseguraron.

Por su parte, Vale Moreno detalló algunas de las dificultades de encontrar esta correlación. Es necesario tener a más de 20 mil pacientes para probar conexiones, el hacer este tipo de investigaciones afectaría el mercado de estos anticonceptivos. 

Aseguró que cada uno de los tipos de anticonceptivos tienen que tener de 10 a 20% de personas quejándose por efectos secundarios, que no necesariamente se reflejan en estudios iniciales con poblaciones controladas. 

Probablemente, cuando estaban probando los anticonceptivos por primera vez tuvieron resultados más positivos que cuando lo intentan en la vida real. Puede ser por la emoción de probar algo nuevo. Inicialmente la meta principal de las pruebas iniciales es que no sea letal”, detalló Vale Moreno al enfatizar en que cuando el producto está a la venta y las personas lo adquieren, es que se encuentran realmente los efectos secundarios. 

En este marco, ambas profesionales establecieron que es importante que tanto los doctores pregunten por el historial de salud mental de las pacientes como que las pacientes adviertan sobre su condición de salud, de tenerla. Esta información muchas veces es omitida por estigma o por falta de consideración.