Se trata de un patrón frecuente: mujeres que asumen la gestión emocional de sus parejas como si se tratara de un hijo más. A este fenómeno se le conoce como mankeeping, un trabajo invisible que, según explicó la psicóloga Zayana Figueroa Montero, consiste en sostener el bienestar emocional de los hombres, tomar decisiones por ellos y hasta administrar su vida social.

El costo psicológico de esta dinámica es alto, remarcó la también catedrática auxiliar del programa Consejería Psicológica de la Universidad Ana G. Méndez, en Cupey.

“Las mujeres que cargan con esta responsabilidad experimentan fatiga emocional y mental, resentimiento hacia la pareja y un riesgo elevado de burnout. Muchas veces se sienten ansiosas, deprimidas y con la sensación de que todo depende de ellas”, señaló.

Es más que una dinámica de pareja, añadió Vivián Rodríguez del Toro, psicóloga y catedrática retirada de la Universidad Interamericana de Puerto Rico.

“Es la tendencia cultural de que las mujeres se sientan responsables de los hombres a su alrededor: hermanos, padres, esposos e incluso hijos adultos”, aclaró.

Aunque Rodríguez del Toro reconoció que ha habido avances en la distribución de roles de género y que muchos hombres jóvenes están asumiendo roles más equitativos en la crianza y en la pareja, muchos de estos cambios dependen de la clase social y el nivel educativo.

“En los sectores más profesionales y educados vemos una evolución. Sin embargo, en la clase trabajadora y más pobre, muchas mujeres siguen asumiendo casi toda la responsabilidad de su familia inmediata: esposo, hijos y padres mayores, especialmente de los varones”, opinó.

Culturalmente, esta carga se asocia a los roles tradicionales de género, sostuvo Figueroa Montero.

“Históricamente a las mujeres se nos ha visto como cuidadoras emocionales, responsables de mantener la armonía y los vínculos sociales. Eso se normaliza y se convierte en un trabajo no reconocido”, señaló.

En contraste, a los hombres se les desalienta a mostrar vulnerabilidad, lo que perpetúa la dependencia emocional en la pareja, puntualizó.

En este marco, Rodríguez del Toro subrayó el peso de la narrativa histórica y religiosa que ha moldeado este rol desigual.

“A la mujer se le ha definido como sacrificada y abnegada, siempre primero por los demás. Se le culpa si algo sale mal: si los hijos fallan, si la pareja comete errores. En cambio, los hombres reciben un trato mucho más permisivo”, mantuvo.

A raíz de normas de masculinidad que desalientan la vulnerabilidad, la soledad masculina ha intensificado esta dependencia unilateral, dejando a las mujeres como cuidadoras emocionales, organizadoras y confidentes únicas. En otras palabras y, según la literatura científica, el mankeeping es un trabajo emocional invisible que muchas mujeres asumen para compensar la falta de redes sociales en los hombres. Como concepto emergente en la psicología social, el mankeeping visibiliza cómo la reducción de vínculos masculinos termina trasladando una responsabilidad desproporcionada a las mujeres, revelando una forma sutil pero persistente de desigualdad emocional.

Una de las consecuencias más graves es la falta de reciprocidad, dijo Figueroa Montero.

“Ellas escuchan, consuelan y apoyan, pero no reciben lo mismo de vuelta. Eso genera frustración e invisibiliza sus propias necesidades emocionales”, advirtió.

Mientras, Rodríguez del Toro apuntó a la angustia, el cansancio y la ansiedad.

“Abandonan su salud, sus citas médicas y su bienestar personal porque la vida de los demás se convierte en prioridad. Eso trae depresión, agotamiento y frustración”, explicó.

Entre las banderas rojas del burnout que provoca esta dinámica, Rodríguez del Todo insistió en los síntomas de ansiedad, depresión, ataques de pánico y pérdida de motivación.

“Cuando toda la vida gira en torno a cubrir las necesidades ajenas, la relación de pareja también se resiente: hay distanciamiento, conflictos, e incluso rupturas porque ellas sienten que no pueden más mientras ellos no entienden qué pasó”, destacó.

Otras señales de alerta de estar ejerciendo mankeeping, según Figueroa Montero, son la desigualdad en la toma de decisiones, agotamiento constante, falta de apoyo emocional y la percepción de que la pareja actúa más como un hijo que como un compañero.

“Cuando la mujer organiza todo, desde citas médicas hasta reuniones familiares, y si ella no lo hace, nada ocurre, es claro que hay un desequilibrio”, enfatizó la psicóloga.

Cómo hacerle frente al mankeeping

Frente a este escenario, Figueroa Montero recomendó generar conciencia del rol asumido, establecer límites sin culpa y abrir conversaciones sobre las necesidades emocionales propias.

“Muchas mujeres cargan con todo, pero no expresan lo que necesitan. Hablarlo es el primer paso para redistribuir la carga emocional en la relación”, afirmó.

Para enfrentar el mankeeping, también sugirió practicar el “dejar de hacer”, permitiendo que la pareja asuma consecuencias si no organiza o gestiona, y fomentar la reciprocidad pidiendo explícitamente apoyo emocional o acompañamiento. Destacó la importancia del autocuidado, recordando que no es egoísmo, sino sostenibilidad emocional, y de revisar creencias de género que refuercen la idea de que una “buena mujer” debe sostenerlo todo. 

A su vez, Rodríguez del Toro propuso una estrategia doble: prevención y remediación.

“Necesitamos educación con perspectiva de género desde los primeros grados escolares. Hay que enseñar que las tareas no tienen sexo. Lo doméstico no es solo de la mujer, ni lo laboral solo del hombre”, sostuvo. 

Los medios de comunicación, las familias y las escuelas deben abandonar narrativas sexistas y promover equidad en la crianza, añadió Figueroa Montero.

“Los padres tienen que exigir lo mismo a hijos e hijas. Solo así se rompe el ciclo generacional”, exhortó.

Ambas expertas enfatizaron en la necesidad de buscar apoyo externo en terapia o en grupos de mujeres puede ser clave para abrir el diálogo y compartir estrategias.

Finalmente, Figueroa Montero concluyó en que el equilibrio es clave.

“En una relación debe haber reciprocidad y balance. No se trata de que una persona cargue al otro en todos los aspectos, sino de construir un espacio donde ambos puedan sostenerse emocionalmente”, cerró.